Se había parado entre las góndolas de lácteos y galletitas dulces, con el changuito semivacío y la boca entreabierta, mirando fijo a la pelirroja de ojos celestes que sonreía en la primera fila de empleados que saludaban alegremente a la cámara en ese poster que conmemoraba el cumpleaños de la cadena de supermercados. Era una pelirroja de una belleza particular, única, casera y sencilla, de sonrisa contagiosa y ojos tristes y hermosos. No tenía pecas, o por lo menos no se le notaban, y tenía dos pocitos en los cachetes como dos comillas. Llevaba uniforme rojo a lunares y se perdía en la muchedumbre de los explotados. Sin embargo, él la había visto y la descubrió preciosa. Era un tipo de ignotas aventuras amorosas, muy pocos romances y ninguna novia. Tristón, melancólico y con tendencia a los imposibles. Otro como tantos. Anónimo incansable. Intrascendente e improductivo. Le encantaba caminar y hablar con sí mismo. Se empeñaba en frustrarse. No lloraba ni sabía cómo. Había pasado quién sabe cuántas veces por ese lugar y jamás la había visto, sin embargo, ese día, después de manotear unas Pepitos y mientras debatía si llevaba un paquete de esas o unas Óperas, en un desliz de su atención, posó sus ojos en esos otros celestes y se perdió. Se había enamorado. Podría continuar contando cómo hizo de su fantasía una cruzada, cómo recorrió todas las sucursales de la cadena buscándola, de su desesperación por encontrarla, cómo localizó a otros explotados fotografiados en ese cartel y los interrogó por ella, de cuando la vio por primera vez fuera del poster, de todo lo que hizo para llamar su atención y de lo que sucedió cuando lo logró, pero no vale la pena.
¿Primera vez por acá?
Máxima y lema del presente:
Si usted quería a alguien que se hiciera responsable de todo lo que dijese, se equivocó de persona... Orson Cafrune habla, y cuando habla dice, no dictamina... y sepa que decir por decir no tiene nada de malo, al contrario... ¿qué importa si lo que digo hoy contradice lo que dije ayer? Por falta de medios de validación uno se perdería de decir cosas tan extraordinarias... ya alguien se ocupará de fundamentarnos... la palabra no requiere justificación ni base empírica, la palabra necesita simplemente ser expresada y que cada cual la interprete a gusto y piacere... que otros opten por el silencio y la cautela... antes de atragantarme con una burrada prefiero toserla hasta escupirla al mundo completamente cubierta por la flema de mi ignorancia y de mi libre albedrío... si digo lo que digo, lo digo por una cuestión lírico genital, quiero decir que porque se me cantan la pelotas, y esa es razón suficiente para mí...
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Deliración 98: Historia de amor a lunares.-
28.5.06por Matías Brasca
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1 charlatanes...:
qué suerte que no era una modelo la del póster.
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