Deliración 25: Un perro colorado.-

Un perro colorado, ladrando.
Un perro.
Colorado.
Ladrando.
Me senté y miré por la ventana. No podía escribir. No se me ocurría nada. Al otro lado de la calle estaba el perro. Ladrando.
¿A qué le estaría ladrando? Traté de imaginarme pero no pude.
Me levanté y salí al pasillo para hablar con el guardia. Le comenté lo del perro.
_ ¿A qué le estará ladrando?
El guardia bajó la vista al mate que estaba sorbiendo y alzó los hombros.
Salí del edificio.
El perro estaba ahí. Ladrando.
Miré a los costados. Nada.
Miré por encima de los tapiales. Nada.
Miré hacia los balcones. Nada.
Miré hacia el cielo. Tampoco. Nada.
Bajé mi vista y miré al perro.
_ ¿A qué le ladras, cabeza?
El perro me miró. Después miró a los costados, por encima de los tapiales, hacia los balcones, al cielo y por último, a mí otra vez. Después bajo la vista y se alejó cabizbajo.
Nunca más lo vi.
Para mí se tiró a la cañada.


Matsuo