"Bienvenido todo aquél que en calidad de tal permaneciere lejos; pues que de acercarse sería éste y no aquél, y como tal molestaría."
"Bienvenido todo aquél que en calidad de tal permaneciere lejos; pues que de acercarse sería éste y no aquél, y como tal molestaría."
"Lavala", dijo el comisario y Cantinflas se quedó solo con el cuerpito de la nena... tan chiquito...
Acopla la manguera a la canilla...
Busca una esponjita... de esas de lavar los platos...
Cantinflas abre el paso de agua girando la canilla y mira...
El agua se chorrea por el borde del mesa de latón, cae al piso y se encharca…
Busca un tarro de desinfectante para pisos, ensopa la esponjita y comienza a limpiarla... por fuera, por dentro...
Rubiecita... linda chica...
Entonces aparece la chiquita esa, muerta...
Once años, rubiecita... linda chica...
Los padres exigen justicia...
Marchan... lloran... gritan...
Noticieros locales... regionales... nacionales...
El comisario habla...
Los padres exigen justicia...La gente exige justicia...
Los medios exigen justicia...
Y el comisario promete justicia...
Fiestas patronales: baile, reina y Los Palmeras.
Cantinflas está contento.
Las pastas, el asado y el locro.
Gaseosas de vidrio, cerveza y vino en caja.
La noche, la penumbra y las parejas que se escapan del baile.
Hombres que buscan a sus mujeres. Mujeres que buscan a sus hombres.
Los gritos, las peleas y los petardos.
Los borrachos, el barro y los vómitos.
La mugre... el resto.
Cantinflas colabora: se queda a limpiar, ayuda. Nadie le agradece, nunca. Se descubre solo, barriendo la plaza del pueblo: globos, papel picado y forros.
Mediodía, todos los días: el boliche de los Zubriggen con el comisario y la fauna local. Gringos, transpiración, milanesas, pucheros, costeletas, vinos, aperitivos y cervezas; pocas ensaladas y mucho puré. Tablones sobre caballetes sobre tablas de madera sobre la tierra. Risas, historias, anécdotas, aventuras, minas, jodas, fiestas, chismes y secretos. Con quién, a qué edad, de qué edad, de qué manera y cuántos eran. Risas, cuernos y unas pocas peleas.
Comparten mujeres que comparten sus hombres.
Cantinflas escucha. No tiene historias que contar. Se ríe y acompaña.
“Sólo las feas se salvan”, dicen, y Cantinflas escucha...
No hay mucho para hacer en La Tarquesina, sólo tipear el parte diario, escuchar la radio y esperar.
El comisario aparece cada tanto. Trae facturas y algunos chismes. Quién con quién, cuál con cuál, cómo, dónde y cuándo. Chismes, mentiras y secretos. Cuando se acaban las facturas y los mates el comisario se va.
El parte diario y esperar; dejar que pase el día, todos los días, su vida.
La radio: Los Palmeras y la posibilidad de que se presenten en las fiestas patronales.
Solos en la comisaría, Cantinflas, un cuadro de San Martín y una foto de Perón.
Casado con atorranta, una de muchas, otra de tantas, sumiso, maltratado y resignado: cornudo, por sobre todas las cosas. Padre de nena: ocho años, preciosa, adorable y adorada. Cariño no correspondido, sin embargo. Tímido y torpe, poco demostrativo; teme abrazarla y lastimarla. Tan chiquita, tan frágil, tan preciosa.
La adora. Ella, por su parte, sólo siente vergüenza.
Tipo buenazo este Cantinflas, pero algo lento; siempre resfriado, siempre tragando mocos, siempre con sus sniff, sniff y demás onomatopeyas sinusitosas y flemáticas; lungo, flaco, muy flaco; tonto y descuidado; mirada perdida y melancólica; sonrisa acareada, gingivítica y sincera, pero triste, muy triste; tonadita agringada; hablar lento y entrecortado por sus sniff, sniff, su timidez y su sumisión ante todos; callado, por mera costumbre; nadie le presta atención ni lo tiene en cuenta; resignado y conforme; inocente y sencillo.
Un imbécil...
La enumeración comienza con llanura y sigue con campo, soja, girasol, vacas pastando, hectáreas acordonadas por alambres de púas oxidados y paraísos descuidados, caminos de tierra, maleza en las zanjas, cuices vagabundos y termina con un cartel que dice
Un dodge azul cachado, corroído y cubierto por tierra y mugre avanza por la calle principal sacudiendo al ayudante del comisario cada vez que cae en las huellas secas que dejó el camión de la leche o algún que otro tractor.
Su nombre es Mario Moreno: Cantinflas...