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Mostrando las entradas con la etiqueta Cafrunísticos...

Cafrunístico 7: Los Sueños

48 - El muerto que habla

- Me arruinó la vida, Cafrune; qué voy a hacer?
- No se cansa de dar lástima, Malvisto?
- Todos estos años, haciendo buena letra; llevando todo al día; todo lo que hice, todo lo que dejé de hacer... todo perdido por sus payasadas...
- Veo que finalmente se va calmando, en cualquier momento me animo y lo desato.
- Si me desata lo mato...
- Cuánta frialdad e ingratitud en sus palabras. Lo liberé, no se da cuenta? Utilice esa pasión para hacer algo de su vida, y no la malgaste odiándome. Qué pretende para su lápida? Un "aquí yace Martínez Malvisto, empleado"? Así quiere que lo recuerde su hija? Si es así, dígamelo y lo dejo seco ahora mismo, para qué prolongar la rutina?
- Quiero ver a mi familia, Cafrune... los extraño...
- Sólo pasaron 3 días, Malvisto; ya lo hablamos a esto... Ya los va a ver de vuelta, y ellos lo verán también; pero lo verán de verdad (a su verdadero usted, me refiero), por primera vez en sus vidas... Volverá y será ejemplo...
- Yo sólo soy ejemplo de mediocridad...
- Ni siquiera eso, Malvisto...
- Por qué no se va un poquito a la mierda, Cafrune?
- Cuénteme un poco de la rubia...
- Qué rubia?
- La de la oficina... Qué onda?
- Onda nada, nunca hablé con ella... no sé nada de su vida...
- Pero a mí qué me importa su vida? Es una rubia, qué vida va a tener? O qué esperaba descubrir al charlar con tan rubia entidad?
- No sé, nada... charlar...
- No me charle... usted le tenía ganas...
- Pero no, si estoy casado...
- Y qué tiene que ver? Si no se le acercó fue porque pretendía un objetivo ulterior, no me mienta... o mejor dicho: no se mienta! Lo que usted quería era encamarse, aunque sea en su cabeza... pero no se animó! Conocerla lo suficiente como para enriquecer su fantasía. Sus tics y mañas para bocetear sus histerias. Sus gestos y tonos de voz para perfilar sus gemidos. Sus deslices para adivinar sus perversiones. Exprimir el zumo sexual de su discurso cotidiano, eso quería!
- Pero no; charlar por charlar, nomás...
- Con la rubia?
- Con la rubia o con cualquier otra mina... bah, con cualquiera...
- Y si era charlar por charlar, por qué no se le acercó y le dijo algo?
- Siempre fui muy tímido, yo... no sé qué decir... Me trabo; por más que intente, no me sale...
- No se confunda, Malvisto; que a lo que usted se refiere con timidez no es otra cosa sino una reacción preventiva que lo protege del embole. Es un don, eso es lo que es; de qué timidez me está hablando? Entre las personas hay empatía (y es algo bilateral, sépalo) o no hay nada; uno puede elegir ignorar esa ausencia (cosa que requiere desinterés y dolo), pero afortunadamente usted está fisiológicamente imposibilitado de tan mentado sacrificio. Eso, que yo sepa, es señal de inteligencia (y si no lo es, no me importa) o cuando menos de cierta integridad cognitiva. Lo que usted siente, en todo caso, es culpa. Culpa producto de esa cultura judío-cristiana que lleva arraigada en su ADN; y eso, como toda herencia religiosa, es una contingencia apabullante. Cómo se va a sentir mal por no poder charlar por charlar? Acaso es estúpido? Qué gana? Qué pierde? Por qué se esfuerza tanto en hablar con quienes no tiene nada de qué hablar si no pretende nada más que eso?
- Pero porque simplemente quiero hablar con alguien, conocer gente; qué tiene de malo eso? Y no puedo, se da cuenta? No puedo iniciar conversasiones con nadie!
- Para el diálogo se requieren dos personas hablando a la par; no desperdicie más su tiempo y comience a monologuear a los gritos, y que escuche el que quiera. Aquel que le retruque con fundamentos que usted considere válidos será entonces con quien podría establecer una conversación decente. Eso es charlar... lo que usted busca es una novedad en su rutina. Conocer gente? Mire que le cuesta asumirlo, eh? Usted se hace el humanista, pero tiene que aceptar que la gente es en su mayoría es un bodrio.
- Cómo que me hago? Soy humanista! Que no practique es otra cosa...
- Frases como esa me motivan a desatarlo, Malvisto. Lo extrañaba, de verdad le digo. Cuesta encontrar gente con quién charlar, la verdad...
- A usted le pasa lo mismo, es eso?
- No he dicho nada que me contradiga... aunque no puedo asegurarlo (ya ni recuerdo sobre qué estábamos hablando). Para qué ser esclavo de un único hilo, si lo que importa es la trama; y ni siquiera eso (habiendo tantos colores y puntos de trenzado). Aparte (y siguiendo con las analogías generales), le paso el trapo a cualquier salame en lo que a enunciados se refiere... Mi genio me aísla,  es eso; he ahí mi tesis.
- Se siente solo...
- No sé si solo, Malvisto; pero sí aburrido, aburridísimo...
- Y por eso me ha raptado? Para que le haga compañía y lo entretenga?
- No se crea lo que no es, que para payasos tengo el mundo. Yo a usted lo necesito...
- No me va a sacar un mango, Cafrune!
- Pero si ya tengo el PIN de su tarjeta, qué se piensa? Yo no pierdo el tiempo, no se da cuenta? Aparte con lo que usted tiene ahorrado no me alcanza...
- Y para qué me quiere entonces?
- Lo quiero porque lo quiero, qué le voy a hacer? La amistad es así, por más que no lo respete ni me caiga del todo bien; pero bueno, esa es otra historia. Esta vez lo necesito para mi nuevo proyecto...
- No me meta en cosas raras, Cafrune; ya suficiente problemas tengo en mi vida...
- Cállese un rato y escúcheme bien, Malvisto: vamos a hacer una película...

Cafrunístico 6: Los sueños

07 - El revólver


- Pst, Malvisto...
- Ca... Cafrune! Qué... Qué hace acá?
- Qué hago yo? Qué hace usted acá, Malvisto?
- Trabajo, qué voy a estar haciendo? Cómo entró? Quién lo dejó pasar? Cómo me encontró?
- Pero quién le dijo que lo estaba buscando a usted? Por qué de repente se piensa que el mundo gira en torno a usted? Al universo le da lo mismo que usted desperdicie su vida detrás de este escritorio de fibrofacil de cuarta y chapa. Usted no importa, así que no exagere su relevancia cuando dedicó años a menospreciarla.
- A qué vino, Cafrune?
- Bueno, la verdad es que lo estaba buscando, Malvisto. No se ría, me debe plata!
- Yo no le debo nada; al contrario, usted me debe a mí.
- Bueno, si no me debe, al menos présteme un poco más... Estoy desesperado.
- Lo lamento, Cafrune; no tengo ni un mango partido al medio. Si tanto necesita plata, consigase un laburo.
- Un laburo? Y para qué, si tampoco me alcanzaría? Fijese usted, tantas horas acá adentro, esclavizado como un burro, y, sin embargo, aún se lo comen los piojos.
- A mí no me comen los piojos, pero la plata que tengo la tengo reservada para el resto del mes. Tengo una familia, Cafrune.
- Peor, entonces, garrapatas! No se da cuenta de que lo parasitan!
- Pero cómo va a decir eso de mi familia? Está loco? A mí el único que me parasita es usted, a mi familia la amo!
- Malvisto, lo que usted llama amor no es otra cosa sino una atrofia en sus estándares de dignidad. No se da cuenta? Venga! Renuncie! Renuncie a todo y venga conmigo!
- Pero qué dice? Cómo voy a renunciar, Cafrune?
- Fácil! Dimita! Peguele un puñetazo al escritorio, cantele las cuarenta al jefe y patee esa puerta para no volver más! Y pidale el teléfono a esa rubia que parte la tierra...
- Yo no pienso renunciar, está loco? Bastante me costó llegar adonde estoy...
- Bueno, pero por lo menos consigame el teléfono de la rubia...
- Vayase, Cafrune; y dejeme trabajar!
- Jamás! Usted se viene conmigo!
- Pero qué hace? Está loco? Guarde ese arma, Cafrune! Suelteme!
- Qué nadie se mueva o Malvisto es boleta!
- Qué hace? Dejese de joder! Suelteme!
- Malvisto, este secuestro es por su bien! No se resista! Todos al piso! Menos la rubia! Sí, usted; deme su teléfono ahora!

Cafrunístico 5: Olfato.-

_ Pronostico un futuro desalentador para todos aquellos filmes que traten sobre pasados épicos y grandes batallas. Mire. Hombres y mujeres, semidioses de turno semidesnudos y semisímiles, deambulan por las pantallas gestando escenas que se suponen sugerentes y provocativas, y que en realidad no promueven erotismo alguno sino histeria y narcisismo. ¿Y qué tiene de épico transformarse en flores o en gatas floras? No me mire con esa cara, usted sabe que tengo razón. Además con esto de pronosticar no me voy del tema que nos compete. Eso no me lo puede negar. El olfato es el sentido de la anticipación. Con un “esto me huele mal” uno se proyecta hacia el futuro, se anticipa a lo que va a pasar suponiendo que lo que puede llegar a pasar sea una macana, un papelón o una desgracia. Y es que la inminencia del despelote posee una fragancia particular, como así también la posee el embole. Y acá hay una baranda a embole terrible. ¿Qué quiere que le diga, Malvisto?
_ Nada, Cafrune, no quiero que me diga nada. Quiero que una vez, una sola aunque sea, guarde silencio en el cine.
_ Mi silencio lo guardo para después de muerto, Malvisto, endemientras hablo. Y además ¿para qué quiere que calle, si ahora hay un perro jugando al básquet?
_ Son los próximos estrenos, Cafrune, no es la película que vinimos a ver.
_ No me importa, ya estoy aburrido. Ahora, ese pichicho me acaba de dar una idea genial. Preste atención: “La imposibilidad de estimular olfativamente al espectador se ve evidenciada por la ausencia de perros en las salas de cine”. Afortunadamente, ¿no? De lo contrario tendríamos todas las butacas completamente meadas por generaciones caninas que buscaron marcar su territorio rociando uno ajeno. Nunca voy a entender esa actitud imperialista de los animales.
_ No, listo. Nos vamos. Ya empezó a decir pavadas. No puede con su genio, ¿verdad?
_ Sepa mi buen amigo que quien cataloga un mensaje como genialidad o gansada es el receptor y no el emisor. Si todo dependiese de los emisores viviríamos en un mundo de autoproclamados eruditos. ¿Quién se reconocería opa? La evolución de la raza humana no ha hecho otra cosa que parir este gran y único imbécil subdividido en millones de infelices con alardes de superioridad. Inconformistas en pantuflas, lo único que saben hacer es criticar, pero correr riesgos nunca. Anímese a decir una estupidez. ¿Qué importa? Si el que tiene al lado seguro que se acaba de acostar con su cuñada. No hay papelón ontológico mayor que quedarse con las ganas de decir algo. Como le dije antes, el silencio es para los muertos. Ahora, si me dan a elegir, yo, muerto, me hago polstergeist.
_ Ya logro lo que quería, Cafrune. Ya salimos del cine. Así que córtela.
_ Ahora Malvisto, no lo entiendo. ¿Para qué carajo me buscó para estas charlas si no le interesa lo que digo?
_ Es que a mi solo no se me ocurre qué decir. No tengo ideas, ¿sabe? Usted por lo menos dice estupideces, yo ni eso. ¿Sabe lo difícil que es querer decir cosas sin tener qué decir? ¿Lo duro que es? La frustración es terrible. Es el peor de los males. Me siento un inútil.
_ Y delire entonces...
_ Es que no puedo. No me sale. Tampoco quiero. ¿No me entiende? Quiero decir cosas interesantes. Cosas que valgan la pena ser expresadas.
_ Malvisto, todo mensaje emitido por una persona es interesante por el solo hecho de ser emitido por una persona. Por más trivial que sea, todo mensaje responde a un punto de vista particular, a una filosofía particular, a una estilo de vida particular. Todo enunciado es la tesis de un pensamiento. Hasta la pelotudez más grande merece ser expresado, de lo contrario ¿cómo sabríamos que es una pelotudez?
_ Es que... no sé... por ejemplo el tema de hoy: “olfato”. No se me ocurre nada que decir.
_ Ah, pero no se preocupe. Si hasta yo estoy en Babia con ese tema. ¿Qué se puede decir sobre la relación cine-olfato? Nada, creo yo, si en los cines de ahora, en virtud de la asepsia, fueron erradicados todos los benditos olores que nos hacían humanos; imponiendo, en cambio, el artificial aroma de un desodorante de ambientes que no importa que la etiqueta diga limon, lavanda o pino, siempre va a oler a pastillitas Yapa. ¿Promoción de la nostalgia o mero conductivismo? Al estimular a un espectador a ser niño no sólo se busca remitirlo a esa etapa caracterizada por la creatividad, la imaginación, la esquizofrenia y la fascinación por las boludeces, sino también estimular la propensión al consumismo irresponsable e imposible de satisfacer de todo infante. Hay un cine por acá en el que lo retrotraen olfativamente a la niñez a tal punto que inclusive comienzan a darle ordenes a uno. Huele a lavandina y a comida recién horneada. No venden pochoclos ni gaseosas, sino buñuelos, tortas fritas, panes con manteca y azúcar, y deliciosos jugos de granadina demasiados puros. Ajenos a marketing neoliberal alguno, las empleadas que allí trabajan no son muchachas post púberes de rasgos élficos, sino jerontes post menopausicas de canas plateadas, peinados impermeabilizados por décadas de fijador Roby y manchas multicolores en la piel pasa, que, con uniformes de amas de casa o de maestras de primaria, no dudan en tirarte un chancletazo certero si te pones a charlar en la sala o tirarte de las orejas si no te formas bien en la cola. No sé cómo, pero todas conocen tu nombre, por mas que no se los hayas mencionado nunca, y antes de que la función comience, te llaman frente a todo el publico y te dicen cosas como “Rómulo, andá a comprarle unas masitas con dulce de leche a esa chica, ¿querés?”, “ Remo, pedite una chocolatada grande ahora que después te da sed durante la película y no quiero que andes jodiendo a la gente”, o simplemente “se me van todos al kiosco y guay que vea a uno sin budín de pan, ¿eh? Yo no quiero amarretes conmigo, les voy a dar...”. Y uno acata, si no después es peor. Sin embargo, alguna que otra vez, cuando pasan una película triste, las descubrís llorando en plena sala, y nosotros, los espectadores presentes, no podemos hacer otra cosa sino ir a consolarlas, y nunca falta aquel que dice “no llores, mami”, y es maravilloso verlas sonreír de nuevo, y a veces nos quedamos todos abrazados a ellas mirando el final de la película, y a veces ellas se van por un momento para volver con torta marmolada y mate cocido o con algún que otro sangüichito y un “toma, que no se entere el gerente”, y nos acarician el pelo, y cuando termina la película nos acompañan a la salida y nos despiden con un beso... y entonces, ese perfume... jazmín... naftalina... y es tan triste cuando nos vamos... tan triste dejarlas... y cada tanto uno vuelve y se encuentra con que una ya no esta mas y te agarra esa cosa en la garganta, ¿no? Como que de golpe se te junta todo lo que le quisiste decir y nunca le dijiste, y ya nunca le vas a poder decir, y ella de pronto ya no es ella sino aquella otra, ¿no? Ella... “Ella sabía”, te dicen mientras te acarician el pelo, “Ella sabía”...
_ ¿Cafrune? ¿Se siente bien?
_ El olfato entonces, Malvisto, es el sentido de lo intangible, de lo inmaterial, de lo ausente, de lo que ya no esta, de los recuerdos.
_ ¿Ve, Cafrune? ¿Por qué no se me ocurren cosas así a mí, eh?
_ Porque elige callarse, Malvisto, y quien calla ¡¡¡NGH!!! ARGHHHHCAJ CAJ AJ CAJ!!!
_ Cafrune, ¿esta bien? ¿Qué le pasó?
_ Jjjj.. tup! Ahhh... nada, me trague un bicho. Una catanga, creo.
_ Venga, súbase que lo llevo a lo de Zubrigen.
_ ¿Para qué?
_ Y... así se anima un poco, y de paso se toma unos mates y se quita el mal sabor.
_ Le agradezco, Malvisto. No quiero que piense que no me gusta dar vueltas en su bicicleta, pero prefiero caminar. Además, no es el mal sabor lo que me molesta.
_ ¿Qué le molesta?
_ El bando. Pero uno se acostumbra.

Cafrunístico 4: Tacto.-

Originalmente publicado en la revista 5entidos nº: 4.-
Orson Cafrune creado por Matías Brasca y Mario Pozzo.-

_ Ehhh, señor...
_ ¿Si?
_ Le agradecería que no me tocase más.
_ Ay, y yo le agradecería todo lo contrario. Tóqueme, acarícieme, pellízqueme. ¡Chirlos, quiero chirlos!
_ Malvisto, si no va a cumplir las demandas del señor, le sugiero ceda su lugar a otro que esté más dispuesto. No sea angurriento, comparta.
_ Cafrune, ¿Dónde me trajo? Esto esta lleno de degenerados.
_ Este maravilloso despelote no es otra cosa sino la mitológica Pornópolis, Olimpo del Triple X, género que los griegos sabiamente habrían llamado Ji Ji Ji, según su alfabeto, trazando entonces un paralelo entre la risa y el porno como alimentos para el alma, cosa que resultaría bastante obvia si usted levantase la vista y mirara la pantalla.
_ Cafrune, estoy demasiado ocupado vigilando que nadie se me acerque como para poder mirar la pantalla.
_ Ah, el triple X… qué ecuación gloriosa. Fíjese como el porno basa su narrativa en la aplicación de leyes matemáticas; aquí la distributiva, allí la conmutativa. Mire Malvisto, ahora se están echando un teorema de Tales más o menos. ¡Qué espectáculo!
_ Cafrune, ¡esto es un asco!
_ ¿Un asco? ¡¿Un asco?! Mire esa pelirroja Malvisto, y dígame si es un asco. Qué elongación. Qué manejo de la masa muscular… de la propia y de la ajena… mire Malvisto, qué gracia… qué elegancia…
_ Dios mío…
_ Muy bien, Malvisto, ya se está aprendiendo los diálogos.
_ Cafrune, ¿para qué me trajo acá?
_ Malvisto uno no necesita excusa alguna para ver una buena porno con sus amigos. En ese sentido el porno aúna, ¿sabia usted? Compartiendo este tipo de cosas ya no queda lugar para la vergüenza, los tabúes, las represiones y la hipocresía. Uno entra mas en confianza y la amistad se fortalece. Y todo gracias al triple X y los comentarios que este suscita. Con el eso lo hice, aquello no, uno no sólo trata de mandarse la parte, sino que también se confiesa de manera encubierta. Fíjese que todo comentario de este tipo conlleva un pero, y el pero como nexo adversativo, al estar narrando una fantasía hecha realidad, implica una desilusión. Ahora, ¿toda realización de un sueño o de una fantasía implica una desilusión? Bueno, no importa, pero cuánta confianza requiere una confesión de este estilo, ¿eh? He aquí también el por qué del avance del psicoanálisis frente a la iglesia en este campo. Como toda macana tiene su origen en el sexo, resulta más divertido descubrir esa causa que arrepentirse. ¿Es entonces el porno reflejo de esa búsqueda de nuestros orígenes? ¿La razón del porno es tratar de plasmar la cruzada de aquel hombre que busca regresar por cualquier medio al vientre materno? ¿O de aquella mujer que le rinde pleitesía y sumisión al falo que la engendro y que jamás tuvo? O bueno, viceversa, usted sabe como es eso de la negación de los complejos, ¿no? Pero, ¿qué es el porno al fin y al cabo? ¿El medio de satisfacción de una fantasía vouyerista? ¿La representación audiovisual de una fantasía táctil? ¿Qué? ¿Y cuál es el sentido de sus tramas? Fíjese que el universo planteado es políticamente perfecto, si se quiere. Cualquier contingencia se resuelve mediante el dialogo y la acción. Con un a ver, ponete así, ahí ¿te gusta? se resuelve todo. Teoría y praxis orientadas hacia un mismo fin. ¿El porno es utopía?
_ Mire Cafrune, si le estaría prestando atención a usted y no a toda esta gentío con guantes de látex en penumbras le podría decir si lo que me está diciendo resulta interesante o si es una estupidez. Ahora, le dio vueltas y le dio vueltas al asunto para poder encontrarle siquiera una relación con el tacto, ¿eh?, pero no me joda, usted lo que quería era venir acá.
_ El porno es el más táctil de todos los cines, ¿de qué quiere que hablemos si no?
_ Y ¿qué se yo? De películas que provoquen escalofríos… del cine de terror, por ejemplo.
_ ¿Quiere saber qué es lo que me produce escalofríos a mí? Confundir al cine con el teatro. Ah…. es incurrir en un error terrible, fatal diría yo. Es lo que sentencio a muerte a nuestro cine nacional. ¿Por qué nadie mira películas argentinas? Pues porque el cine nacional tiene fama de ser más teatral que cinematográfico. Y lo peor de todo es que no se trata de un preconcepto del todo erróneo. En nuestra producción encontramos obras maravillosas, excelentes directores e impresionantes actores. Sin embargo seis de cada diez películas presentan un cuadro de teatralidad crónica. Y teniendo en cuenta que se estrenan, ¿qué sé yo?, 15 películas argentinas por año, debemos admitir que las estadísticas juegan en contra.
_ Sí, puede ser. Pero…
_ Para mí, al cine nacional le faltan silbidos y le sobran voces en off... ojo, no me malinterprete, no es que no me gusten las voces en off, me fascinan, pero se me pone la piel de gallina cada vez que escucho las voces en off en las películas argentinas... no me refiero al off resultante del fuera de campo de una conversación o cosas por el estilo, no, no... el off narrativo... es desastroso... No escucho a un tipo contándome una historia o describiéndome qué es lo que siente o qué es lo que piensa. No. Yo escucho un tipo leyéndome esas cosas. Y no sólo leyendo, sino que declamando. Pero claro, ¿qué culpa tiene el pobre actor? Le dan un guión para que lo aprenda, lo encierran en un cuartito con un micrófono y le dicen: “¡meta!”. Obviamente va a apelar a sus habilidades histriónicas. A ver si me entiende. Yo si voy al cine es para que me cuenten una historia. Para que me reciten algo lo tengo a Gagliardo. Al fin y al cabo somos argentinos y hay que valerse de recursos que nos son propios. Yo, director, te siento al actor en el estudio de grabación, busco a algún amigo en común, y entre mates y demás giladas, le pido que me cuente la historia una y otra vez. Al cine nacional le falta entrar en confianza con el espectador, pues que sin confianza no hay catarsis. Afortunadamente, ahora vemos directores que prefieren valerse actores que no son actores y de actores que buscan dejar de ser actores… algo así como un neorrealismo trivial argentino…
_ ¿Por qué no nos juntamos a charlar este tema en un bar, eh? Dígame la verdad, ¿no le da cosita estar acá con toda esta gente?
_ ¿Cosita? Malvisto, le voy a explicar algo y preste atención. En un cine porno, la utilización de diminutivos es una invitación al enzoquete. Esto es tierra de nadie, Malvisto... por favor no me tiente a las fieras.
_ Ay, pero si el que nos tienta acá es usted, mi gran oso erósofo frondoso… pellízqueme…
_ ¡Va de retro, Satán!
_ Ay, yo también se latín: ego te absorbo.
_ ¡A ver si hacemos un poquito de silencio, che!
_ ¡Bueno, empezá por callarte vos, salame! ¿Qué me venís a prepotear a mi?
_ ¡Uff!
_ Cafrune, clámese por favor...
_ ¡Me calmo si quiero, y vos abriboca, devolveme el botín, o te tiro el otro!
_ ¡Ay, a mí, a mí! Un chirlito aunque sea.
_ ¡Tomá!
_ Ay, sí...
_ ¡Sometan a los turros!
_ ¡Rajemos Cafrune!
_ Se armó, Malvisto. Apelemos a los toronjazos. ¡Fuego a discreción!
_ Estamos rodeados, perdidos... son demasiados, Cafrune… no importa donde vayamos, se arrastran por el piso y salen de debajo de las butacas... son como muertos vivos...
_ Sí, pero esta vez quieren enterrarnos a nosotros. Malvisto, bien dije que el porno aúna, sí, pero si se abusa de la confianza que uno brinda, el porno aúna venéreamente sin que exista siquiera previo consentimiento alguno.
_ ¡No consiento, no consiento!
_ ¡A mi la legión!
_ Malvisto mire… chirlitos, en un acto de arrojo y bizarría, se sacrificó por nosotros. Qué increíble, ¿no? No deja de sorprenderme la puntualidad del destino.
_ En mi vida vi espectáculo más desagradable…
_ Despreocúpese Malvisto, una jauría de pornoadictos en celo tiende a ser precoz. Sin embargo, estoy realmente emocionado. Este Cabral posmoderno merece pasar a la historia con alguito de gloria aunque sea… démosle sus 15 minutos de fama… incendiemos el lugar y llamemos a la tele…
_ ¿Qué hace, Cafrune?
_ Disimule, ¿quiere?
_ Esta loco. Apague eso…
_ Calma Malvisto, calma. No es la primera pira que la mitológica Pornópolis sufre, ni será la última.
_ Rajemos Cafrune…
_ Lo sigo Malvisto, lo sigo…
_ Realmente no lo entiendo Cafrune. ¿Qué busca con todo esto, eh? ¿Por qué hace las cosas que hace?
_ ¿Acaso importa? Simplemente existo, Malvisto. ¿Y qué existencia no acarrea consecuencias? Así que si vamos a existir, consecuemos a lo grande.¿No le parece? Parafraseando a Nervo, a lo menos exageremos...
_ ...quizás no sea en vano.
_ ¡Agarrámela con la mano!
_ Cafrune, realmente usted no deja de sorprenderme... le faltó un parrap tap tshhhh, o un sara sasasa... su remate fue malísimo...
_ mmm… sí... touché…

Cafrunístico 3: Gusto.-

Originalmente publicado en la revista 5entidos nº: 3.-
Orson Cafrune creado por Matías Brasca y Mario Pozzo.-


_ Malvisto, le presento al troglodita del séptimo arte. Entidad biológica que ha perdido todo rasgo de humanidad para convertirse en un mero nexo copulativo sin copula entre la pantalla y el sillón. Fíjese, si hasta parece mentira. A los veinticinco años solicitó una jubilación por invalidez y con la pensión comenzó a copiar y comprar películas. Hoy es el dueño del video club más grande del país y de una pizzería. Y mírelo nomás. Cuánto logro para semejante atrofia existencial. El troglodita ya no degusta, devora. Un angurriento del cine que vive por capricho del destino y gracias a un corazón que sigue latiendo por inercia. Espectador único de una matiné eterna se alejó de los hombres en busca de un nirvana cinematográfico, y, a menos que la base de toda iluminación sea una pelela y un televisor de 33 pulgadas, se perdió para siempre en un coma PAL-N del que no se conoce retorno.
_ ¿Qué envidia, no?
_ Qué envidia, por supuesto. Es inevitable. ¿qué crítica es objetiva, Malvisto? Ninguna, ni existe la buena intención, pues que toda crítica nace de la envidia y del resentimiento de lo que no se es y por lo que se es respectivamente. Mire, si hasta le regurgitan el pochoclo en la garganta.
_ Bueno, en realidad, si me dan a elegir, prefiero masticarlo yo mismo el pororó, Cafrune.
_ Es que usted no presta atención a los detalles, Malvisto. Por más exilio que nuestro troglodita busque, siempre necesitará de alguien que le regurgite si quiere pochoclo. Pues si tal es el sabor del cine, como muchos dicen, el pororó sólo se aprecia cuando se lo comparte con alguien. ¿O acaso cuando usted va solo al cine se compra una bolsa de pochoclo?
_ No, la verdad que no...
_ Ve, ahí tiene. ¿Acaso en algún cine porno venden pochoclo?
_ No sé, nunca fui a un cine porno, Cafrune.
_ ¿Nunca? Entonces tenemos que ir. Conozco uno que es bárbaro. Malvisto, debe ampliar sus horizontes cinematográficos. Vea porno. Minas en bolas, tipos garchando. Cuántas lecturas posibles. La búsqueda de la sutileza en la obviedad, una buena porno.
_ Me decía del pochoclo...
_ Ah, sí. El sabor del cine es ajeno al espectáculo en sí. Nada más triste que comer pochoclo solo. Ah, y que nostalgias entonces de sentir como una mano tímida se entierra en el pisingallo refrito. Aquella mano dulce y pegajosa que tantas veces nos rasco la nuca y nos tejió rastas de caramelo sin querer. Ah, las manos de Inés.
_ ¿Quién era Inés, Cafrune?
_ No, Inés nunca fue Cafrune, Malvisto. Inés fue Inés y nada más. Y fue todo. Inés fue mi chica del pochoclo, Malvisto. Ah, qué maravilloso despliegue celular. Qué puntería atómica. Qué buen gusto genético. Qué obra maestra de la ingeniería venérea. Qué pedazo de mujer. Qué belleza. Le pedí el teléfono y como no me lo quiso dar, le robé el celular. Lo vendí y con eso le compré un ramo de flores.
_ ¿Le robó el celular?
_ Sí, pero resultó que tampoco era suyo, ni sabía de quien era. Cosas del alzheimer, ¿vio? Eso sí, tenía cada ocurrencia. Todas las noches la ayudaba a escaparse del geriátrico y nos íbamos por ahí. Y como le encantaba el cine, nos colábamos. Relación difícil con Inés. Hoy decía una cosa, mañana otra y así. Con ese carácter no necesitaba a otra mujer pues que las tenía a todas juntas. Y un día la perdí, y al perderla a ella, las perdí a todas. Simplemente me olvidó.
_ ¿No lo quería?
_ ¿Quererme? Mire Malvisto, si alguna vez alguien se enamoró de mí fue porque me confundieron con otro. Pero supongo que siempre es así, ¿no? El amor no es otra cosa que un maravilloso malentendido, pero malentendido al fin. Y confundido uno está tan seguro. Las dudas comienzan después, cuando uno se da cuenta. Pero ¿cómo confundirme con una mujer cuando es todas? ¿Qué duda cabe?
_ ¿No hizo nada por recuperarla?
_ ¿Nada? Escribí la carta de amor definitiva. Ah, qué carta Malvisto, qué carta. Setecientas setenta y cuatro páginas dedicadas a una Inés que jamás llegó a leerla.
_ ¿Qué pasó?
_ Desviaron la carta a Cuba. Y era tal el poder de mi declaración, y tal la fidelidad de la descripción de Inés, que nadie que la leyera podía evitar enamorarse... y vio como son estos cubanos... si se enamora uno, se enamoran todos. Vino un grupo comando de la Habana y se la llevó. Nunca más la vi. ¿Buscarla? ¿Para qué? A veces es mejor no insistir. Sobre todo si la secuestró un grupo comando enamorado.
_ Claro.
_ No deje que su pochoclo sea monopolizado por una mujer solamente, Malvisto, y compártalo con todo el mundo, pues que si a su pochoclo le llega su Inés, el cine tendrá para usted, entonces, un sabor amargo... y sin embargo tan dulce... pero tan, tan triste. Y si no haga como yo, llévese al cine toronjas de la plaza. Son mas divertidas y si alguien molesta lo surte con las semillitas. Y si se arma la podrida, un toronjazo es mucho más contundente que una lluvia de pororoses.
_ Es que el que molesta en el cine cuando vamos es usted. Siempre nos echan.
_ Es que usted me lleva a ver cada bodrio. ¿Qué quiere? Sepa que yo no me resigno jamás frente al embole, antes apelo al quilombo.
_ ¡¡¡POCHOCLO!!!
_ El troglodita ha hablado, Malvisto, cosa que rara vez ocurre.
_ Cafrune, por favor, esto es un bodrio. Parece que hoy no vamos a hablar de nada interesante.
_ Hablamos de Inés...
_ Sí, de una Inés que ni siquiera existió.
_ ¿Acaso importa?
_ Sí que importa, usted se toma estas notas muy a la ligera, pero para mí son importantes. Si no tenía ganas de hacerlas, ¿para qué se comprometió?
_ Malvisto, amigo mío, usted está confundido. Que un tema lleve a otro y otro a otro no quiere decir que una charla se desvirtúe y pierda sentido. Cine, reclusión, soledad, porno, pochoclos, compañía, amor, pérdida, toronjas, quilombo. Que delire no quiere decir que lo que diga sea una estupidez. ¿Y si lo es? ¿Cuál es el problema? Al fin y al cabo, ¿no son las estupideces las que más afectan al alma? La humana es una raza de salames, y humanos somos, Malvisto. Ser conscientes de nuestra propia imbecilidad es el mal sabor que nos dejó el razocinio.
_ Bah, cállese que me va a poner nervioso. Mejor veamos una película y después seguimos, más tranquilos ya. Tome, ¿quiere pochoclos?
_ No, pochoclos nunca más...

Cafrunístico 2: Oído.-

Originalmente publicado en la revista 5entidos nº: 2.-
Orson Cafrune creado por Matías Brasca y Mario Pozzo.-


_ Cafrune, esto me huele mal...
_ Malvisto, eso sería olfato, y hoy no tratamos ese tema.
_ No se haga el pistola y dígame por qué me hace trepar el tapial para entrar en la casa.
_ Pero, ¿usted tiene que quejarse de todo? No encontré la llave. ¿Cómo quiere que lo haga entrar entonces? Piense que es más romántico así, ¿qué sé yo? Venga que le presento a los demás.
_ ¿Los demás?
_YaquílotenemosdevueltaaCafruneingresandoporlapuertitaquedaalpatioooo...

vienedelamanodeunextrañodesconocidoquenosmirasorprendidoooo...
_ Ay, sí. El muchacho está claramente sorprendido Mac. Claramente no esperaba encontrarse con nosotros, claro.
_ Malvisto, le presento a Emerson MacMickey y Coty Buengusto, el dúo estrella del relato deportivo local.
_EmersonMacMickeyalzasumanocomoquiensaludaconuncomolevaMalvisto

encantadodeconocerlomuchogustoooo...
_ Eh... Mucho gusto... Coty, ¿cómo le va?
_MalvistoamagaaestrecharsumanoperoCotyseadelanta

ylosaludaconunbesoenlamejillaaaa...
_ Una pura formalidad, claro.
_ Vea Malvisto, se me ocurrió una idea fantástica.
_ ¿A ver?
_ ¿Por qué no trasmitir una película muda por radio?
_ ¿Lo qué?
_ Si, vea, ya estuvimos practicando. Coty, la película.
_ ¿Usted piensa transmitir una película muda por radio valiéndose de dos relatores de fútbol?
_ No, si no me busque a dos giles, Malvisto. Estos están instruidos, va a ver.
_Chaplinbajaporlasescalerasdelamanodelachica

enelpatiolospolicíaslodescubrenyselevanalhumoooo...
chaplinsueltaalachicacorreescalerasarribaperseguidoporlacana
saltabarandaesquivayutabesachicaysalealpatioooo...
enelpatiodescubreotropolicíapegalavueltaysubeporlasescaleraaaaaas...
enelprimerpisoesperanpolicíaschaplinseagacha
eludealqueloperseguíaquepasadelargochocayalcarajolosuniformadoooooos...
escalerasabajobesaalachicasalealpatio
yfrenteasusnaricescaeuncanadesdeelprimerpiso
escaleraarribaentrahabitacionprimerpiso
surteauncanaysaltaporelbalcooooon...
en el patio lo espera otro cana. ¡Coty!
_ Fijate vos como la figura policial aparece en todos lados, claro.
_Chaplinesquivaalcanabesaalachicaagarraunapantallaysedisfrzadelampara...
_ ¡Basta, por favor!
_ ¿Qué le pasa, Malvisto?
_ ¿No se dan cuenta? Lo están arruinando... no tiene gracia.
_ ¡Ve! ¡Es de lo más interesante!
_ ¿Qué es de lo más interesante? ¡Es un bodrio!
_ Precisamente. Es un bodrio. ¿Y a qué se debe, eh? Siendo ambos espectáculos audiovisuales, ¿por qué el fútbol es susceptible de ser transmitido radialmente mientras que el cine no? ¿Será una cuestión de simultaneidad entre los factores del binomio relato - hecho relatado? ¿Funcionaría entonces el relato radial de un mega estreno de Holliwood en directo? ¿No? ¿Sería entonces el cine un arte privativamente visual? ¿Sería admisible afirmar que el mismo puede ser mudo mas nunca ciego? Una película que inunde la pantalla con oscuridad absoluta por dos, tres, cuatro horas, durante las cuales sólo podríamos oír mas no ver, ¿dejaría de ser película? ¿No podría desarrollarse sonoramente la historia? ¿No existen medios, trucos y técnicas para contarla tanto auditiva como visualmente? Y no hablo de radionovelas y cosas por el estilo. No, no. No se confunda. ¿Eh? ¿Qué me dice? ¿Sería cine entonces? Y si no, ¿qué sería?
_ Fascinante...
_ Y... cuando una va al cine, claramente una va a ver una película. Una no va a escuchar una película, claro.
_ Y sin embargo lo hace, Coty. De lo contrario explíqueme por qué la gente se muestra reacia a ver una película muda.
_ De hecho, desde los comienzos del cine, ya desde las primeras exhibiciones, los dueños de las salas se dieron cuenta de que el ruido provocado por el motor del proyector resultaba molesto, monótono y aburrido, e incomodaba al público. La solución que se les ocurrió para mantener a un tipo sentado por más de una hora mirando una pared fue la de poner a otro tipo que tocaba el piano durante la proyección y así resultaba más llevadero y ameno. ¿Quién sabe entonces a quién se le ocurrió empezar a tocar melodías acorde a lo que sucedía en la pantalla?
_ Dígame Malvisto si no es una ocurrencia genial. Un aporte tan inocente, y sin embargo fue el detonante que permitió entonces el estallido del relato, co-relato, para-relato y meta-relato en el cine.
_ No sólo eso, es sabido que mucho de los estudios sobre montaje cinematográfico se basaron en los conceptos de ritmo, armonía, punto, contrapunto, y demás elementos derivados del análisis de las melodías.
_ Es fantástico, Malvisto. Una narrativa visual basada en una lingüística melódica. ¿Diríamos entonces que el cine estaría más ligado a la música que a otras artes? A propósito, ¿tienen hambre?
_ Sí, la verdad.
_ Claramente me vendría bien un tentempié, claro.
_ Voy a ver que encuentro en la heladera.
_Cafrunelevantasutrastegordodelsillónyavanzadecididohacialacocinaaaaaa...

quizásmotivadoporelcomentariodeMacMickeymeneasuscachas
demaneratalquesinofuesegraciososeríarepulsivooooo...
_ Fenómeno. ¡Mortadela! ¿Alguien quiere un sánguche?
_ Y dele... ahora… linda casita Cafrune. Muy limpita, muy ordenadita… sin libros dando vueltas… muy de revista, ¿no? Se parece a la casa de mi abuela casi… la verdad es que no me lo imaginaba viviendo en un lugar así…
_ ¿Qué dice Malvisto? Si yo no vivo acá. Desde que me echaron de la pensión estoy parando en lo de Zubrigen.
_ ¿Ah sí? Y entonces, ¿de quién es esta casa?
_ De una viejita que le alquila un cuarto a una parejita de recién casados, creo…
_ ¿Qué?
_ Sí, me parece que se fueron a ver una película… lo que son las cosas, ¿no? Ellos en el cine y nosotros en su casa hablando de cine… ya deben estar por volver…
_ Pero ¿usted no los conoce?
_ No, ¿qué gracia tendría entonces?
_ ¿Qué gracia? Cafrune, nos pueden meter en cana!
_ Precisamente. ¿Le gustan los filmes de suspenso?
_ Sí, pero ¿qué tiene que ver?
_ Que le estoy dando la oportunidad de vivir uno. Sí, ¿no se dio cuenta? Una situación cotidiana de pronto cobra dramatismo por una revelación inesperada, ¿no? Y encima, la cosa cada vez se pone mejor… o peor, depende de cómo se la mire.
_ ¿Qué quiere decir?
_Ruidosenlasescaleraaaaas...pasos...chancletas...

¡¡¡laviejitaestabajandoporlasescaleraaaaas!!!
_ Dios mío Cafrune, nos va a descubrir…
_ Usted escóndase, mientras no nos vea, no va a pasar nada… la viejita es sorda.
_ Michi, michi, michi…
_ Rajemos Cafrune, ¡rajemos ya!
_ No podemos. Mientras la viejita esté ahí no podríamos salir sin que nos viera. Es fascinante Malvisto: la viejita sorda buscando al gato y los merodeadores escondidos detrás de ella.
_ No es fascinante, Cafrune, es terrible. ¿Se da cuenta de que en cualquier momento vuelve la parejita?
_ Y no sólo eso… el tipo es cana.
_ ¡¡¡¿Qué?!!!
_ ¡Agáchese Malvisto!
_ Michi, michi… a comer michi…
_ ¿El tipo es cana, Cafrune?
_ Sí, ¿no es genial?
_ No, es cana. Nos va a cagar a tiros.
_ Usted me dijo que nos íbamos a centrar en el sonido, ¿no? Bueno, yo lo traje acá para que experimente por primera vez en su vida el suspense que supone el ruido de una llave introduciéndose en una cerradura. ¿Entiende?
_Escondidosdeunapobreviejecitaquedeambulaporsucasabuscandoasugato

paradarledecomeryquecomonoescuchanadanopresientepeligroalgunoooo...
_ Pero usted sí la escucha, Malvisto. Y cada michi de ella le resulta insoportable. Y sabe que si ella sigue buscando talvez lo encuentre a usted. Y usted se pregunta: ¿dónde está ese gato? ¿Por qué no aparece? Si apareciese, la viejita le daría de comer y después se iría a dormir y usted podría escaparse.
_ Michi…
_Peroelgatonoapareceeeee...ylaviejasiguemichiquemichiquemichi. ¡Coty!
_ ¡¿Dónde mierda está ese gato, Mac?!
_ Y usted sabe que en cualquier momento puede volver la parejita. Y usted sabe que el tipo es cana. Y usted supone que esta armado. Y usted escucha pasos que vienen de la calle. Y usted esta aterrorizado por la idea de que esos pasos se detengan ante la puerta. Aterrorizado por la idea de escuchar el tintineo de las llaves. Aterrorizado por la idea de escuchar la llave en la cerradura. El track-track de la cerradura que se destraba. El clack del picaporte que gira. El ñiiiiiiick de la puerta que chilla al abrirse.
_ ¡¡¡Basta!!!
_ Usted no ve el peligro, se lo imagina. Y eso es lo que lo hace tan terrible, pues que al imaginar entran en juego los miedos más íntimos. Y todo por culpa de un ruidito… un ruidito que por lo general pasaría desapercibido… que casi ni se escucha… un ruidito que todavía no escucho, pero que supone inminente… lo único cierto es una viejita sorda que busca a un gato… consecuencias perceptivas que se desprenden de la combinación de lo visto y de lo oído, de lo visto y lo no-oído, de lo no-visto y lo oído, y de lo aun no-visto y lo aun no-oído. Tratase de un juego que salta una y otra vez del campo consciente al inconsciente, y viceversa. ¿Entiende?
_ Sí, Cafrune, entiendo. Pero por lo que más quiera, ¡¡¡rajemos!!!
_ Ah, Malvisto, usted se cree cualquier cosa. Venga que le presento a la madre de Coty.
_ ¿Qué?
_ Que usted es un iluso... capaz que por eso le gusta tanto ir al cine. Se hace la película enseguida. Lo único que tuve que hacer para convencerlo fue hacer que salte el tapial. Venga abuela, venga. Dígame si no es adorable. Cómo me seduce ese perfume mezcla de jazmín y naftalina. Pituca... Salude, Malvisto.
_MalvistoledirigeunamiradallenadesorpresaeincredulidadaCafruneeeee...

bajalavistamiradeaquíparaallá
ycuandovuelveaalzarlasuexpresiónhacambiadooooo...
parecequelovaaputear. ¡Coty!
_ Y claramente será una puteada formidable. Habrá que preparar el oído, claro.

Cafrunístico 1: Vista.-

Originalmente publicado en la revista 5entidos nº: 1.-
"Orson Cafrune" creado por Matías Brasca y Mario Pozzo.-

_ Ah ver, Cafrune... si le digo Cine, ¿usted qué me dice?
_ Que en mi vida fui al cine...
_ ¿Nunca?
_ Nunca...
_ Y entonces, ¿por qué acepto participar en estas charlas sobre Cine?
_ Necesitaba el dinero...
_ ¿Qué dinero? Si en esto no hay plata de por medio...
_ En realidad lo hice por la comida...
_ ¿Qué comida?
_ ¿Cómo? ¿No trajo facturas?
_ No.
_ Pero, ¿usted piensa que va a parasitarme intelectualmente a cambio de nada?
_ Y... sí.
_ Puta, me gano de mano...
_ ¿Entonces?
_ Venga, vamos de Zubrigen que debe estar mateando.
_ Y con las charlas de cine ¿qué hacemos?
_ Despreocúpese que Zubrigen es todo un cinéfilo.
_ ¿Ah sí?
_ Seh... ¿cómo le va Zubrigen?
_ Otra vez usted Cafrune, ¿qué quiere?
_ Zubrigen, éste es Malvisto, periodista...
_ ¿Periodista? ¿Qué paso? ¿Qué hizo ahora Cafrune?
_ No, nada, tranquilícese... venimos a charlar nomás...
_ La ultima vez que me dijeron eso termine en cana. ¿Quién carajo es usted?
_ Baje el cuchillo Zubrigen... y usted Malvisto preséntese, ¿quiere?
_ Martínez Malvisto, realizador frustrado... devine en cronista por razón de mi destino. Se me ha encargado la columna de Cine de una revista de generación espontánea y aparición esporádica, y como no se me ocurrió otra cosa, recurrí a Cafrune a fin de llevar a cabo una serie de diálogos que versaran sobre el tema.
_ ¿Que qué?
_ Que vamos a hablar de Cine...
_ ¿Qué cine?
_ Del Cine en general...
_ Ah, de los cines.
_ No, del cine como arte.
_ Y... ¿yo qué tengo que ver con todo esto?
_ ¿Malvisto?
_ Eh... Cafrune me dijo que a usted le gusta mucho el Cine.
_ ¿Qué cine?
_ Ningún cine, sino el Cine como arte...
_ ¿De qué carajo me están hablando?
_ De las películas, Zubrigen...
_ ¿Qué películas?
_ ¿A usted no le gusta ver películas?
_ Sí, ¿y?
_ Y bueno...
_ Y bueno ¿qué?
_ Permiso Zubrigen, le saco un biscochito, ¿no?
_ Si Cafrune, saque nomás... ¿y usted? ¿Qué me decía de las películas?
_ No, que vamos a hablar de las películas...
_ ¿Qué películas?
_ A ver... vamos por partes... ¿a usted le gusta ver películas?
_ Sí...
_ ¿Y qué películas le gusta ver?
_ ¿Qué sé yo? La que pasen por la tele...
_ ¿A usted le gusta ver cualquier película que pasen por televisión?
_ No, por lo general son un bodrio...
_ Entonces no le gusta ver películas...
_ Y no, la verdad que no...
_ Y entonces ¿por qué las mira?
_ ¿Y qué quiere que haga si no hay nada que hacer? ¿Quién es este tipo Cafrune?
_ A ver Malvisto, dígame... ¿qué es el Cine para usted? Porque es obvio que para nosotros no es más que un poco de luz sobre la pared o dos horas de tele, pero para usted... ¿por qué es tan importante? ¿Qué ve usted que nosotros no vemos?
_ ¿Qué veo?
_ ¿Un mate?
_ Eso Zubrigen, cebe mate...
_ ¿Qué veo? Veo todo, Cafrune, ¿entiende? el Alfa y el Omega... el Principio y el Fin... veo la nada inicial y que de repente estalla el Hágase la Luz a veinticuatro cuadros por segundo... y descubro universos ansiosos por mostrármelo todo... sus historias, sus tesoros, sus secretos... por mostrarme sus juguetes... y saben que tienen dos horas nomás para jugar conmigo... y me lo confían todo... y entonces mueren... y los veo morir... en mis brazos, ¿entiende? ¿Cómo no abrazarlos si te piden que no los olvides? Y entonces yo, confidente errante de tantos mundos que pudieron ser y ya no son, los sobrevivo... y me hacen eterno.... fíjese qué regalo... que oportunidad de curiosear otros sueños... que maravillosa tregua con la realidad...
_ ¿Mate?
_ Gracias...
_ Ahora... me pregunto, ¿no?
_ ¿Sí?
_ ¿Qué pasaría si...? ¿A ver? Imagínese que va al cine, ¿no? Que se acomoda en una butaca. Que se hace la oscuridad. Que se abre el telón. Y que se hace la luz. Pero que cuando la luz inunda la pantalla... un ojo, un único ojo, inmenso, gigantesco, lo mira fijamente y sigue cada uno de sus movimientos durante dos o tres horas... o mejor aún, que cuando se abra el telón, la luz se abra sobre la platea y que en lugar de pantalla haya un gran espejo... ¿qué pasaría?
_ No sé... no había pensado en eso...
_ ¿No destrozaría acaso el cristal de un pochoclazo desesperado?
_ Talvez... sí...
_ ¿Entonces?
_ Entonces ¿qué?
_ ¿Qué es lo que busca ver cuando va al cine?
_ Busco... busco ver lo que no soy...
_ Y talvez por eso le gusta tanto... una tregua con la realidad, una tregua con usted mismo...
_ No ser yo por dos horas...
_ Aprox...
_ Aprox, sí...
_ ¿Quedan más biscochitos Zubrigen?
_ No, pero me voy a fijar si queda alguna galletita dando vueltas por la casa, ahí vengo...
_ Vaya y vea...
_ Entonces... ¿la pasión por el cine vendría a ser la pasión por no ser uno mismo?
_ No se ponga así Malvisto... la animosidad por no ser lo que se es ni estar donde se está motiva toda manifestación artística, tanto por parte del espectador, como por parte del artista que busca mostrar lo que no es y trascender en otros como otro que no fue... buscar ser lo que no se es sin saber qué se es... como un chancho que mira a través del alambrado un jardín florido y suspira desde su chiquero por no ser abeja sin siquiera sospechar lo chancho que es... pero uno no es chancho por ser chancho sino por haberse hecho chancho... uno es la consecuencia de uno mismo... aunque no nos guste...
_ ¿Usted cree?
_ Y ¿qué sé yo?
_ Acá traje unas galletas viejas que encontré, manteca y mermelada...
_ Bárbaro Zubrigen...
_ ¿Sabe? Estuve pensando mientras hablaban y ¿sabe qué películas me gustaban?
_ ¿Cuáles?
_ Las de la Coca Sarli... me encantaban...
_ Ah, sí... yo me las vi todas en el cine...
_ Pero ¿cómo?
_ ¿Cómo qué?
_ ¿No me dijo que nunca había ido al cine?
_ ¿Dije eso?
_ Sí...
_ Y bueno, digo tantas cosas... no esperará que sea consciente de todo, ¿no? Si usted quería a alguien que se hiciera responsable de todo lo que dijese, se equivocó de persona... Orson Cafrune habla, y cuando habla dice, no dictamina... y sepa que decir por decir no tiene nada de malo, al contrario... ¿qué importa si lo que digo hoy contradice lo que dije ayer? Por falta de medios de validación uno se perdería de decir cosas tan extraordinarias... ya alguien se ocupará de fundamentarnos... la palabra no requiere justificación ni base empírica, la palabra necesita simplemente ser expresada y que cada cual la interprete a gusto y piacere... que otros opten por el silencio y la cautela... antes de atragantarme con una burrada prefiero toserla hasta escupirla al mundo completamente cubierta por la flema de mi ignorancia y de mi libre albedrío... si digo lo que digo, lo digo por una cuestión lírico genital, quiero decir que porque se me cantan la pelotas, y esa es razón suficiente para mi... ¿qué quiere? ¿Manteca?
_ Eh... no, mermelada...
_ ¿Mate?
_ Gracias...
_ Che... ¿Y al final?
_ Al final ¿Qué?
_ No... ¿Qué van a hacer con lo del cine?
_ ¿Qué cine?
_ Las películas...
_ ¿Qué películas?
_ Las charlas...
_ Ah... y no sé... veremos...