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Mostrando las entradas con la etiqueta Sereno

Deliración 519: Sereno 19

Manolo Dalma, el fiscal a cargo de la investigación, deja el informe sobre su escritorio. Pasa la mano sobre las gruesas carpetas que contienen todas las fotos y los reportes periciales. Kilos de papel, litros de tinta. Hace una mueca, suspira y alza la vista hacia Sergio Galván, el inspector adjunto.

_ Mire, Galván; todo bien con el taller de escritura que está haciendo, pero no le puedo mandar un informe confesional así al juez y usted lo sabe... Ya lo hablamos a esto...

Galván baja la vista un poco avergonzado y otro poco ofendido.

_ Bueno... es... es un borrador, digamos... El tipo ya firmó, pero...

Comienza a rumiar una disculpa, pero a medio camino se arrepiente y decide arriesgarse:

_ ¿Pero por lo menos le gustó?

Dalma resopla y mira para un costado, pedaleando con su pie derecho para calmar la ansiedad; aunque en realidad se trata de un gesto adquirido por la costumbre. Galván, de repente, anticipa una puteada; comienza a transpirar sus manos y se le seca la graganta. Sin embargo, Dalma lo sorprende con una sonrisa complice:

_ Sí, Galván..._ musita Dalma_ Me gustó mucho...

Deliración 518: Sereno 18

Luciana mentía. No estaba sola ni estudiando; sino que miraba televisión mientras Andrea lavaba los platos. Los gritos llamaron la atención de Mónica que estaba jugando un solitario en el comedor del 4to B. Se asustó y fue a buscar a Sabrina que estaba aislada por su auriculares editando un video. Despertaron a Lorena, quien a pesar de su resaca mandó a Mónica a llamar al sereno de turno. Por su parte, ella y Sabrina decidieron llamar a la puerta del 4to A.

Mónica no encontró sereno alguno en la planta baja, pero se cruzó con Augusto que volvía de básquet. Juntos volvieron al 4to. La puerta del ascensor se abrió y lo descubrieron desnudo y barnizado en sangre, pelos y cuágulos. Trataron de evitar que abriese la reja corrediza, pero la desencajó con el peso de su cuerpo. Mónica se zafó del bloqueo y saltó fuera de la cabina. Trató de seguirla, pero Augusto cerró la puerta corrediza y embretó sus manos. Mónica resbaló y cayó por las escaleras, pero pudo levantarse en el entrepiso y continuar su fuga.

Augusto trató de zafarse, pero el acusado le apuñaló con los pedazos de espejos que estallaron en el frenesí del forcejeo. Parte del cristal se partió dentro de la cavidad de su ojo y, al bajar la guardia, le abrió la garganta. Augusto cayó de rodillas y se arrastró hasta su departamento. Luciana estaba desnuda en el medio de la habitación, sus piernas abiertas y el interior de su cuerpo desparramado sobre sus pechos. Lorena, aún en pijamas, estaba acurrucada contra la pared contra la que le había machacado la cabeza. Sabrina lloraba cubriéndose el torso desnudo. Sus piernas estaban dobladas de manera poco natural y no podía moverse; sólo lloraba un llanto mudo y agudo. El cuerpo de Andrea, embutido en ropas y abatido sin mucha violencia, asomaba detrás de la mesa; sus manos aún sujetaban un cuchillo con el que no había logrado defenderse.

El acusado intentó seguir a Mónica, pero desistió y volvió al depto. Pateó el cuerpo de Augusto dentro y trabó la puerta a sus espaldas volcando una de las bibliotecas encima. Clavó su mirada en Sabrina, le bajó los pantalones a Augusto y lo penetró a gritos, bombeando la sangre del cuerpo que se surtía a chorros por el garguero. Entonces comenzó a llorar y lloró desconsoladamente. Se desacopló de Augusto y dejó ver su miembro flácido, inútil y mugriento. "No sirvo para nada", se confesó y se acercó a la chica pretendiendo una sonrisa. Le apartó las manos de sus senos y le acarició los pezones. "Arrancarlos... como pétalos...", murmuró. Le secó las lágrimas y metió el pulgar bajos sus labios para sentir sus dientes, presionando sólo apenas. "Puedo partirlos... y obligarte a que los tragues". Se sumó al llanto. La abrazó y buscó consolarla y consolarse, pero pronto se cansó del tierno rechazo de Sabrina.

Comenzaron a golpear la puerta y la barrera que había improvisado no soportaría demasiado. Se levantó, tomó el cuchillo de las manos de Andrea y se arrancó un testículo. Se volvió a Sabrina y se lo ofreció. Ella trató de escaparse, pero la parte inferior de su cuerpo seguía sin responderle. Él insistió entre lágrimas y presionó su criadilla contra sus labios.

Entonces abrieron la puerta.

Deliración 517: Sereno 17

Cuenta que el resto de la jornada se la pasó despierto, que no recuerda si volvió a su casa ni si durmió algo durante el día; sólo que, cuando llegó la noche, se descubrió sentado en el escritorio del edificio de Laprida y Cañada. No recuerda haber llegado ni haberse cruzado con nadie, pero supone que debe haber conversado con más de alguno porque tenía el termo cargado con agua caliente (gauchada que solicitaba a distintos inquilinos al azar).

Cuenta que habían pasado más de ocho meses desde la última cacería. Si bien no refiere detalles, esa última vez no la había pasado tan bien tampoco, pues que no había alcanzado el orgasmo. Ya no lo disfrutaba tanto; de hecho, se había aburrido.

Cuenta que sin saber muy bien qué hacer, revisó entonces su teléfono por pura costumbre. La primera publicación que se manifestó en Instangram fue la última de Luciana: la portada de un apunte fotocopiado que leía "Estática y Resistencia de Materiales" junto a un mate cebado y su mano con uñas pintadas de negro acariciando el título. Bajo la imagen, su descripción prometía "Estudiando sola en casa #finales !!!"

Cuenta que lo tomó como una invitación y subió al 4to piso.

Deliración 516: Sereno 16

Preguntado sobre la masacre del 4to piso, guarda silencio y de repente comienza a contar sobre una tal Melina, una chica de otro edificio. Cuenta que, si bien era atractiva, nunca le había llamado la atención; ni siquiera lo suficiente como para meterse en su departamento. Resulta que una noche la vio llegar llorando (cosa que no le resultaba muy extraña tampoco, pues que muchas llegaban en ese estado después de pelearse con novios, novias o amantes; manifestando algunas recurrentes signos de palizas) y por primera vez en su vida sintió una urgencia casi paternal de calmar esa pena. Una manifestación de súbita empatía, sin vestigio alguno de sexualidad ni violencia. Le preguntó qué pasaba y, sin que pudiese controlarlo, simplemente la rodeó con sus brazos... sin sujetarla, sino conteniéndola. Ella lloró sobre su pecho y luego le abrazó como pudo. Él sintió que su vacío se llenaba de angustia e, inesperadamente, se le acalambró la garganta. Desconcertado, no supo que hacer y se dejo llevar guiado por la mocosa. Se sentaron en los peldaños de la escalera y ella le contó su desgracia tan superficial y evitable que no pudo sentir otra cosa más que ternura.

Al cabo de una hora (o quizas dos, o tan sólo 30 minutos), ella se calló; ya había contado todo lo que tenía para contar. Le sujetaba las manos, jugeteando apenas con sus dedos tan finitos. Levanto la vista hasta sus ojos, expectante; acostumbrada a la manifestación sexual tras un acto de confesión. Él simplemente le sonrió serenamente, le besó la frente y la mandó a dormir. Ella devolvió la sonrisa sintiendose desahogada, reconfortada y agradecida. Se acomodó el pelo detrás de sus orejas, se puso de pie planchando su falda con una memoria muscular prolijamente inconsciente y corrió las rejas del ascensor. La despidió y se apoltronó ante su enclenque escritorio de aglomerado humedo y sarnoso.

Al cabo de una hora, decidió entrar en su departamento. Melina vivía sola y ya estaba durmiendo. Sobre la mesa de luz había un cubo de cristal que iluminaba la habitación refractando la luz que entraba por la ventana. "Recuerdo de Mar de Ajó", leía.

Entonces sonó el timbre. Melina despertó y lo descubrió de pie a su lado. Comenzó a gritar sin siquiera reconocerlo. Su instinto de supervivencia se activó, tomó el cubo y lo emprotró en la cráneo de la chica. Melina se sacudió y de repente sus extremidades dejaron de responder correctamente.

Sin saber muy bien qué hacer, se dirigió a la cocina y levantó el auricular del portero eléctrico sin decir palabra alguna. Del otro lado, el novio de Melina le pedía que le abriese la puerta, que quería hablar, que sabía que se había comportado como un boludo. Él presionó el botón y le dejó pasar. Lo acuchilló en silencio, le recortó el rostro y dejó los colgajos de piel sobre el pecho de Melina. Cuenta entonces que la desnudó encurioseado por la sangre y la cercanía de sus tetas; pero la descubrió demasiado plana e infantil, y sólo sintío vergüenza de sí mismo.

"Pobre chica", dice; "supongo que todavía no la encontraron".

Deliración 515: Sereno 15

Lorena tenía 23. Era de Ceres y estudiaba Asistencia Social. Mónica tenía 24, y era compañera de Lorena en la Facu. Ella era de Santa Rosa. El hermano de Lorena había estado viviendo con ellas hasta fines del año anterior, pero a partir de enero se fue a vivir con unos amigos a unas pocas cuadras de distancia. Entonces se incorporó Sabrina. Ella era prima de Lorena, pero era de Rafaela. Tenía 18 y estaba en el primer año de Publicidad.

Buenas minas, muy simpáticas y abiertas. Mantenían noviazgos con muchachos de sus ciudades de origen y un par de relaciones paralelas y no muy clandestinas en Córdoba y sus alrededores. Nada fuera de lo normal, digamos.

Lorena y Mónica participaban como voluntarias en varios programas municipales de asistencia social; principalmente, haciendo de "che, pibas" en los laberintos burocráticos de las distintas secretarías de la ciudad y sus correspondientes provinciales. Lorena tenía particular debilidad con los niños y Mónica con los ancianos.

El tío de Lorena había desaparecido en la dictadura y su figura siempre estuvo presente en su fantasía idealista: "el tío le daba de comer a los chicos en las villas", le decían y agregaban que "por eso lo mataron".

Mónica había crecido frente a un geriátrico. Cada noche escuchaba a los viejitos gritar y pedir ayuda. Supuestamente no les pegaban, pero tampoco los trataban muy bien; los mantenían hacinados y sucios, en condiciones bastante vergonzosas. A veces se los cruzaba en la vereda y le pedían de comer. Cada tanto se escapaban, pero los descubrían antes de llegar a la esquina. Sus padres denunciaron las condiciones del lugar a la policía y a la municipalidad, pero en ese entonces no había normas estrictas al respecto; y, por otro lado, los familiares jamás presentaron queja alguna.

Sabrina había empezado publicidad sin que le interesase mucho el tema, pero estaba persiguiendo a un chico que le gustaba desde hacía 3 años: el mejor amigo del novio. Todavía no había pasado nada entre ellos, pero ella explotaba todas las oportunidades que se le daban para acercarsele y hacer grupo con él. El chico se prendía en el histeriqueo, pero no concretaba ni amagaba mucho por temor a lastimar al amigo. Para su sorpresa, Sabrina resultó tener una facilidad innata para los remates y slogans publicitarios. De hecho, había sido apadrinada por una de las profesoras de la facu y la había invitado a sumarse como pasante en su estudio.

Mucha onda no tenían con las del 4to A, pero Luciana les caía bien; Andrea les resultaba insoportable, y Augusto... bueno, apenas lo registraban.

Deliración 514: Sereno 14

Andrea era más grande, tenía más de 40. Luciana, su hermana menor, unos 20 años menos. Andrea se había recibido de farmacéutica y trabajaba en la administración de los dispensarios municipales. Luciana todavía no era autosustentable y estudiaba Ingeniería Química. También tenían un hermano en el medio, Augusto, que estaba por terminar medicina (sin saber si iba a hacer residencia o si le gustaba la profesión siquiera).

Los padres también vivían en Córdoba, pero en barrio Jardín. Les habían regalado el departamento de Laprida y Cañada cuando Augusto había comenzado a estudiar. Era una familia que había sabido mantener y heredar su jerarquía en las dependencias públicas provinciales y municipales durante generaciones, sin importar el tinte político o militar oficial.

Andrea había estado a punto de casarse unos 7 años atrás, pero el tipo la dejo por insoportable. Desde entonces renunció a las relaciones formales y se dejó estar. Era pesada, mañosa y había encarado el personaje de vieja solterona.

Luciana fantaseaba con la idea de terminar la carrera e irse a España donde vivían unos primos. Al igual que su hermana, no mantenía ninguna relación formal ni estable; pero, a diferencia de Andrea, lo hacía porque consideraba que arriesgaba su proyecto de fuga.

Augusto era virgen y jugaba al básquet, a pesar de ser petiso y gordito.

De los tres, Luciana era la más agradable; pero eran un grupo muy cerrado y reservado. No mantenían mucha relación con las vecinas del 4to B; aunque Augusto le gustaba Lorena, pero no se animaba a hablarle.

Deliración 513: Sereno 13

Les llaman guardias, pero no son otra cosa más que serenos; aunque se caratulan como vigiladores. No cargan armas, ni tienen derecho a usarlas; sólo hacen acto de presencia y deambulan espantando curiosos, polizontes y malintencionados que se manifiestan con mayor o menor violencia en los espacios serenados.

El régimen laboral en Argentina está fuertemente reglado.

En ámbitos fabriles o institucionales (tanto públicos como privados), la jornada es de 8 horas por día, pagando el doble por hora entre las 7pm y las 7am. En los edificios residenciales, por su parte, las jornadas son de 12 horas (generalmente, de 8pm a 8am) y día de por medio; es decir, 12 horas laborales y 36 horas de descanso. Sin embargo, los serenos suelen negociar sus jornadas entre ellos mismos (sin que medie la empresa ni supervisor alguno). Así, por ejemplo, algunos deciden trabajar 4 días seguidos, para así gozar de 4 días seguidos de descanso.

Gozan de francos compensatorios por feriados (incluyendo el feriado especial por el día del Vigilador que cae el 27 de abril) y de un Fondo de Ayuda Solidaria para cobertura de seguros de vida y prestaciones asistenciales no médicas.

Permanecen en garitas aledañas al edificio, o en escritorios frente a la puerta de entrada. Chequean quiénes entran y quiénes salen; y sólo abandonan el puesto para ir al baño o hacer la ronda. Comienzan por la cochera y suben por las escaleras hasta el último piso, y luego bajan agotados por el ascensor.

Cabe destacar que la descripción laboral informalmente se extiende a moderar situaciones de conflicto entre vecinos, trasladar borrachos y hacer las veces de portero, plomero y/o electricista amateur.

Al final de cada jornada deben reportar los hechos extraordinarios.

Es un trabajo bastante aburrido y muy monótono; es cierto. Sin embargo, cada tanto se ven enfrentados a situaciones de riesgo extremo o, cuando menos, de estrés. Los robos armados se suceden con mayor frecuencia. Afortunadamente, las medidas de seguridad suelen actualizarse adecuadamente. Son comunes las rejas, y puertas y ventanas blindadas; por lo que, un edificio en Córdoba es (hoy en día) una jaula… una celda.

Deliración 512: Sereno 12

A partir de los 29 comenzó a aflojar y trocó cacería por fisgoneo.

A la hora de la siesta solía meterse en las casas de sus vecinos mientras ellos trabajaban; y, por las noches, mientras dormían. Disfrutaba sobremanera del vértigo que le generaba espiar a presas que podían despertarse en cualquier momento. Le divertía ese exceso de cautela para no hacer ruidos ni movimientos bruscos ni generar esa sensación de ser observado que podía llegar a despertar a una persona. Había perfeccionado la técnica ensayando durante meses deambulando por los pasillos y dependencias del Hospital Pediátrico mirando durante horas a los chicos internados, escuchado sus respiraciones hidráulicas y asistidas.

Cuando cumplió 30 empezó a trabajar de nuevo; esta vez como sereno o guardia de seguridad. Lo había recomendado un conocido del ferretero de la esquina de su casa. Su mundo, de repente, se amplió: tantos edificios, tantas puertas, tantos departamentos, tantas habitaciones y tantas chicas. Tantas chicas con sus computadoras y sus videos y sus fotos y sus cajones y sus cartas y sus diarios y sus ropas y sus bombachas y sus camas y sus perfumes y, por sobre todas las cosas, sus desodorantes a bolilla.

Por ese entonces descubrió también las redes sociales. El mismo "mono Verdú" le había comentado una tarde que vigilaba a los chicos de la parroquia por Facebook y Twitter. Empezó a seguir a chicas del club, ex compañeras del colegio, estudiantes que vivían en los edificios que cuidaba y amigas de amigas de amigas desesperadas por ser notadas por alguien siquiera. Su favorita era… es... Instangram.

Deliración 511: Sereno 11

Cuenta que el problema fue entonces qué hacer con los cuerpos. El tipo que le alquilaba el monoambiente de la cochera se había quejado varias veces del olor a podrido y él había argumentado que eran las cloacas. Lo habían denunciado entonces ante Aguas Cordobesas, pero no les dejó entrar cuando fueron a inspeccionar.

Compró entonces unos tuppers grandes, enormes, en Colombraro. Prometían una capacidad volumétrica de 20 litros, pero la mala calidad del plástico no soportaba mucho peso por lo que se desfondaron cuando intentó trasladarlos y los trozos de cuerpo se desparramaron por el suelo. Optó por lo más sencillo y embaló todo en bolsas de consorcio armando paquetes del tamaño de una caja de zapatos (más o menos). Le llevó alrededor de una semana deshacerse de los atados (los tiraba a lo largo del Suquía o en los baldíos de las vías), y cerca de dos ventilar la casa (especialmente el cuarto de la abuela).

Durante el proceso de desmembramiento descubrió cierto placer en despellejar las porciones y separar los menudos. Nunca comió víctima alguna; sólo disfrutaba desarmándolas, como si fuesen electrodomésticos viejos o juguetes.

Deliración 510: Sereno 10

El títular de La Voz del Interior leía "¿Dónde están las chicas del Cerutti?" y resumía las desapariciones de 7 jóvenes de sexo femenino oruindas de los barrios San Martín, Providencia, Cofico y Alta Córdoba.

El artículo detallaba las fechas de las desapariciones, datando la primera tres años antes y la última apenas el fin de semana anterior a la publicación del mismo. Refería también la deseperación de los padres y el insuficiente accionar policial, jactándose (el periodista) de ser el primero en relacionar estos hechos con el Polideportivo Municipal "Carlos Cerutti".

Si bien las chicas practicaban distintos deportes o disciplinas, era este centro el único nexo que las vinculaba entre sí. Proponía entonces la teoría de que el polideportivo resultaba un lugar ideal para el scoutting de víctimas de una presunta banda de tratantes de blancas, organización hipotética en la que incluía a miembros de distintos rangos de la policía con el beneplácito de los caudillos políticos locales.

Se postulaba también como un llamado de atención a la justicia y los propios dirigientes del establecimiento, exigiendo más investigación por parte de unos y colaboración absoluta por parte de los otros.

Hay que decir que la nota causó gran revuelo y mantuvo ocupada a la prensa local (de todos los medios, tantos gráficos como audiovisuales) durante una semana.

Deliración 509: Sereno 9

Le descubrieron poco después de reventarle la cabeza a otra chica. Había pasado menos de un mes desde la primera vez. No sentía urgencia alguna, sólo estaba envalentonado por el éxito anterior. Le persiguieron a los gritos por las vías paralelas a Los Andes y aprovechó la oscuridad de San Martín para esconderse... no lo atraparon.

Comprendió entonces que el exhibicionismo le jugaba en contra; de continuar haciéndolo en los parques, tarde o temprano, terminaría en cana o fusilado. Pensó entonces proseguir en casa, pero qué hacer con los gritos. Recordó la sala de ensayos de la capilla y decidió aislar acústicamente la pieza que había sido de su abuela. Una vez terminado, comprobó la eficiencia del tratamiento manteniendo el televisor a todo volumen durante varias madrugadas. Ni el inquilino de turno del monoambiente de la cochera ni los vecinos notaron nada en absoluto. Procedió luego a amueblarlo con la cama de su abuela y forró el colchón con plástico, para que sea más fácil lavarlo.

Tuvo que esperar más de tres semanas, ya que la presencia policial en las calles del barrio se había acentuado tras el atentado anterior. Rentó finalmente a una de las putas del barrio y la ahorcó disfrutando del forcejeo, los alaridos y las convulsiones de la asfixia. La desnudó, le dio un baño con una esponja y la acostó sobre la cama con sábanas limpias. Le abrió una muñeca con una cuchilla, usó la sangre como lubricante y tercerizó la paja con la mano de la muchacha. Le besó con dulzura, mirándose a sí mismo en esos ojos abrillantados y comenzó a penetrarla suavemente; presionando la muñeca cada tanto, hurgando con las yemas en el tajo, como buscando el clítoris entre las venas y los nervios… Entonces acarició la áspera firmeza del radio o el cúbito y buscó la gelatinosa unión de ambos y lamió jugueteando con la punta de la lengua…

Deliración 508: Sereno 8

“Siempre miró muchas películas, y siempre andaba con ideas raras”, habría dicho Liliana Choli, una vecina y conocida de la abuela del suspechoso; “Siempre complicaba todo. Muy vueltero... Pero muy sanito, eso sí; nunca se drogó ni tomaba alcohol… Su abuela se quejaba de lleno: todos los hombres son unos pajeros, al fin y al cabo”.

Deliración 507: Sereno 7

Según manifiesta, unos compañeros del club le “chupaban la pija” (textual) cuando tenía 15. A partir de los 16 empezó a mantener relaciones sexuales con mujeres, ya sea noviando formalmente o pagándoles a las putas del barrio (unas trabajaban in-house en un departamentito en plena Castro Barros y otras, con delivery, eran regentadas por un grandote desagradable que también tenía un casino clandestino al fondo de su videoclub). Sin embargo, a pesar de su urgencia e insistencia sexual, no podía alcanzar el orgasmo ni con unas ni con otros.

Años más tarde, a los 24 y en un boliche de la costanera, se levantó a una mina que conocía del Cerutti y la convenció para ir al parque Las Heras. Comenzaron a chapar y a manosearse. La chica fue comprensiva y, al ver que no se le paraba, le propuso dar una vuelta, charlar y esperar a que se le pasase un poco el pedo. Él se enojó. Comenzó a forcejear para quitarle la ropa y a golpearla para evitar que gritase mientras intentaba penetrarla con su miembro aún flácido. Percutió su cabeza contra el piso hasta que el cuerpo de la chica se apagó de repente al partirse la nuca contra una piedra que asomaba entre el césped. Entonces, la sangre inundando las manos, los ojos abiertos en esa expresión ausente y desesperada, y el cuerpo semidesnudo e inmóvil... Excitación, vértigo, erección… La penetró; la penetró una y otra vez, y acabó, y alcanzó el orgasmo, y se acostó junto a ella… En paz, sin miedo; dormir una siesta en esa madrugada de octubre, abrazándola, sabiéndola muerta… Sin coerción ni rechazo… Sin que lo apartase, sin quejarse; “como mamá”, dice. Y, de repente, otra erección... Y esta vez fue dulce y tierno, y la penetró de manera romántica, “haciendo cucharita”…

Se despertó al ratito; se limpió como pudo y se fue a su casa caminando, evitando a la gente. Estaba satisfecho... casi contento, digamos.

Deliración 506: Sereno 6

Manifiesta que, si bien se aburría en la escuela, le gustaba estudiar y enfrentar nuevos desafíos; y siempre fue un tipo muy curioso y dedicado... Muy observador e inteligente. Quizás por eso nunca dejó de asistir a los talleres de la iglesia. Además, siempre estaba predispuesto a ayudar en cuanta obra y trabajo hiciese falta. Así también empezó a hacer changas de todo tipo para comenzar a manejar su propia plata. Participó en la construcción de la sala de ensayos de la parroquia y, cuando tenía 17, se animó a construir completamente solo un monoambiente extendiendo la cochera de la casa de su abuela.

Cuando terminó la secundaria, comenzó a saltar de trabajo en trabajo y fue operario en fábricas, aprendiz de albañil y de plomero y de electricista y de gasista, cadete en empresas, delivery en pizzerías, lomiterías y/o videoclubes, choripanero y promotor. Trabajar no sólo lo mantenía ocupado, sino que el cansancio y el dinero que acumulaba le brindaban un tipo de satisfacción distinta; una suerte de placer vinculado al orgullo.

La abuela murió cuando él tenía cerca de 23 años y, de repente, descubrió que tenía dinero de sobra, ya que heredó la pensión de su abuela (por error) y de su padre (por derecho), y además alquilaba el monoambiente de la cochera y la casa de su padre en Juárez Celman. Decidió, entonces, renunciar al trabajo formal en relación de dependencia.

Deliración 505: Sereno 5

“Si hay algo que lo caracteriza”, habría dicho el padre Rafael Alejandro Verdú, titular de la parroquia a la que concurría el sospechoso, “es que no le cuesta aprender nada… Pero la cabeza le funciona mal. Es como un televisor viejo; cada tanto hay que pegarle un sopapo para que se reajuste la imagen...”

Deliración 504: Sereno 4

A partir de los 12 ya se lo podía considerar un pajero compulsivo.

Según dice, en la escuela y en el club se escondía en el baño de las chicas y las escuchaba hablar, mear o cagar en los gabinetes contiguos; y así descubrió el secreto de la menstruación. Comenzó a robarse los algodones, parches, toallas y tampones descartados en los basureros. El olor a sangre podrida y caca cuajada le excitaba; incluso se los llevaba a la boca para atragantarse y asfixiarse a arcadas.

En casa hacía lo mismo con las bombachas y las medias de la abuela, pero pensar en la vieja le daba bronca; sentía furia y asco.

En la iglesia (su abuela lo llevó primero a catequesis, luego a confirmación y siempre a misa) le llamaba la atención el detallismo dedicado a la sangre en esas coronas de espinas de cristo y otros santos, y relacionó la cera derramada a lo largo de los cirios con semen e intentó prender fuego su glande: el horror.

Desde entonces odia al fuego, lo odia.

Deliración 503: Sereno 3

Empezó a masturbarse a los 9 y tuvo su primera eyaculación a los 11. Se estaba manoseando el ganso a través de los bolsillos de la malla, mientras viajaba en colectivo. A su lado iba una muchacha de unos 25 que llevaba una bolsa cargada de ovillos de lana y agujas de tejer. La muchacha estaba buena y, aparentemente, no se daba cuenta (o hacia caso omiso) de la paja clandestina. La cosa es que el colectivo chocó contra un auto (bah, en realidad, el auto chocó al colectivo) y el impacto se dio cerca de sus asientos. El sacudón los hizo rebotar entre las butacas y los pasajeros que iban parados cayeron sobre ellos.

Cuenta que cuando abrió los ojos, pudo ver a la muchacha convulsionando epilécticamente sobre él. Le salía espuma por la boca (mezclada con sangre). Lo miraba; era una mirada desesperada, de ahogo, como suplicando ayuda. Descubrió que las agujas de tejer se habían clavado en su estómago (el del acusado) y que la mano de la muchacha le sujetaba la entrepierna de la malla y apretaba (exprimía) su pinchila (como para evitar caerse). Todo, todo estaba bañado en sangre, sus testículos estallaban y sentía como las agujas se enredaban con sus tripas. Entonces, simplemente, eyaculó.

Pasó dos semanas internado en una sala común del Hospital de Niños y sus heridas tardaron en curarse por su atentados masturbatorios. Por las noches de la segunda semana, recorría el instituto curioseando y espiando, en particular, a las chicas más grandes.

Deliración 502: Sereno 2

Preguntado por sus padres, manifiesta que es nacido en Juárez Celman; su padre era policía y su madre, maestra. Ella murió de cáncer cuando él tenía 3 años. Según recuerda, fue a dormir la siesta con ella y murió a su lado. Cuenta también que permaneció junto a ella hasta que volvió su padre del laburo. Dice que no sintió miedo, sino todo lo contrario; su madre de repente había dejado de rechazarlo. Había dejado de quejarse por los dolores que sentía en el cuerpo y finalmente pudieron dormir juntos y en paz.

El padre, entonces, no pudo hacerse cargo y lo mandó a Córdoba para vivir con su abuela (madre del padre, digo) en una casona de barrio Providencia. Se pegó un tiro un año más tarde (el padre, digo).

La abuela era muy grande y apenas pudo educarlo.

De chico preguntaba por su madre a menudo, pero la nona respondía que no la había conocido demasiado y que no tenía nada que contarle. Comenzó a canalizar su enojo maltratando animales y robando.

Deliración 501: Sereno 1

Tiene 34 años; alto, flaco, y de porte cansino. Ojos brillosos y mirada presente, analítica y curiosa; aunque no muy penetrante y, si se cruza con otra, baja la vista. Resfrío crónico, nariz destrozada por tanta fricción con pañuelos, boca permanentemente entreabierta y mal aliento (usa enjuague bucal, pero no ayuda mucho). Se viste bien, es limpio y prolijo. No tiene muchas pilchas; nada de marca, digamos. Es atractivo, pero no es una persona que llame mucho la atención. Es simpático y cae bien; aunque se trata de una de esas personas que no mucha gente recuerda al pasar lista de compañeros de primaria, secundaria o el club.

Trabaja como guardia en distintos edificios de Nueva Córdoba. Tras la masacre del 4to piso, se descubrió que también se metía en los departamentos cuando los inquilinos se iban de vacaciones o se volvían a sus pueblos/ciudades de origen. Los revisaba, se robaba boludeces y se sacaba selfies frente al espejo del baño o de la pieza. Después, subía las fotos a Instagram. Al parecer, nadie se había dado cuenta. También dejaba souvenires de sus otras víctimas escondidas en los departamentos que visitaba. Su carrera como violador y asesino serial se extendió durante 10 años, y en total reconoce haber terminado con la vida de 14 mujeres y 2 hombres.