Ir al contenido principal

Entradas

Deliración 531: De profundis...

A ver, gente, si se corren un poco del mundo que me molestan la vida... me interrumpen, interfieren; interferencia, eso: sólo son ruido... Ruido y espejitos de colores, y niebla... mucha niebla, niebla densa y espesa como un pedo podrido... Yo quiero hablar con mi hija, con mi esposa, con algunos de mi familia y con mis amigos; pero ustedes, siempre en el medio... Todos ustedes, tantos otros ustedes... Ven! Ya me distraen de nuevo! Corranse, callense; no jodan! Yo sólo quiero decir algo, decirles algo... A ellas, a mis ellas y a los míos, los que van conmigo: les amo, es eso; sólo eso... les quiero tanto... A mis ustedes particulares entre tanto resto general que no suma y sólo pesa... Lastre, eso; tanto lastre y tanta mugre... Tantos otros otros... Me desconcentran con sus pretensiones... No me contagien de sus sueños ni me entrometan en sus ambiciones... Desistan de reclamarme para sus soledades y sus vacíos, dejen de celarme y de desperdiciar nuestro tiempo y desviar la atención que prefiero hacia misotros... No me interesan ni somos afines... Sólo logran confundirme; y me confunden tanto que ya no sé con quiénes estoy hablando...

Deliración 530: Milonga del que siente lástima de sí mismo

La mía es una vida de penas triviales, ¿para qué voy a andar mintiendo? La mayoría fruto de medriocres conflictos de intereses (algunos propios, otros ajenos), pero sin muchas verdaderas tragedias, digamos; aunque no por eso menos lacerantes... Ninguna muerte temprana, ni enfermos, ni tullidos; sólo mucho inconformismo y dependencia. Cada cual duele a su modo y como puede. Yo soy de esos que se la rebuscan para afligirse, bastante gauchito pa'la queja.

Deliración 529: La peor de las noticias...

Ella se revolcaba contra la ventanilla, ovillada desesperadamente sobre el asiento del acompañante. Él trataba de consolarla, pero el cinturón de seguridad le impedía alcanzarla y sus dedos apenas rozaban sus mejillas. Ella gritaba varicosamente, estrangulando cuello, sienes y mejillas; desgarrando sus labios a latigazos mientras ensaunaba el auto con el hervor de las lágrimas. Él se atrofiaba ante tanta impotencia, asfixiándose en la vergüenza de no ser más que un hombre... sin siquiera poder ser el que ella esperaba y, mucho menos, el que ella necesitaba en ese ahora fulminante.

Estaban mal estacionados frente a la clínica del médico de familia, cruzados sobre las siluetas blancas y azules dibujadas contra el pavimento. Se ve que habían amagado a arrancar, pero la estampida del calvario arremetió contra su represión Calvinista en ese exabrupto silenciado por la aislación térmica del vehículo.

"La peor de las noticias", me dije mientras caminaba frente a ellos, despacito, hacia la bicicleta en la que había dejado una de las muñecas de mi hija. Traté, pero no pude dejar de mirarles y proyectar... y de repente presentir el vértigo ante un abismo inimaginable. Metí la cabeza dentro del cajón de madera, corrí los almohadones y las correas; y alcé la muñeca mugrienta de arena. Tanto dolor, tanta pena... y tanta suerte, la nuestra.

Deliración 528: Trompetita

Creo que se empecinó en ponerse de pie sólo para poder bailar a su manera, girando trompísticamente y quebrando la cadera en paréntesis tan extremos que parecen más bien signos de mayor y menor; cerrando los ojos y compenetrándose, asintiendo en trance y alzando los brazos: confiando en que la música la va a atajar.

Deliración 527: Gran promo, gran...

Cerré los ojos y de repente era tres, éramos tres, yo era tres; tres personas que no distinguía, que cambiaban, cambiaban constantemente; eran otros, éramos otros, yo era otros: unos otros en una transmutación constante... ¿versiones de mí? ¿de mi pasado, presente o futuro? Entonces, uno de barba, atlético y bien vestido se alzó entre el resto y mantuvo su identidad lo suficiente como para sonreirme, confiado y canchero; y, de repente, esa certidumbre aterradora: mi padre lo reconocería... a él, a ellos, a mí... si yo fuese otro (cualquiera de todos esos tantos otros, quiero decir), mi padre me reconocería...

Deliración 526: La infelicidad como estilo de vida

Algo que es cierto y comprobable, es que el 22 de agosto de 1979 nació en Rosario un tipo que eventualmente tipeó todos estos caracteres despreciando así cualquier otra posibilidad que se le hubo presentado en ese transcurso, definiendo así el destino de su vida por lo que restaba de la semana. A partir de entonces, como es costumbre, fue plausible de hacer cualquier otra cosa (o repetir lo mismo)... o quizás no. La incertidumbre ante tanto potencial es la que nos mantiene ansiosamente entusiasmados en esto de vivir con miedo a equivocarnos, desperdiciarnos y arrepentirnos.

Deliración 525: De vez en cuando

Fuimos un momento, una oportunidad; quizás una etapa, acaso toda una época. Imposible aprehender la vigencia de nuestro transcurso en tanto lapso ajeno. Sólo somos tiempo, así que aprovechemos la ocasión.

Deliración 524: Lastimero viejo y peludo

Supongo que querrían protegerle viéndole tan indefenso e insistiendo en etiquetarlo como distinto al resto, especial y raro, tan poco capaz de mezclarse y de adaptarse, convenciéndole de que su desinterés era sumisión, que su apatía era timidez y su vocación, capricho. Supongo que no tenían malas intenciones; sino, por el contrario, las mejores. Supongo que sólo estaban proyectando su propio desamparo ante tanta distancia del tótem. La cosa es que, con tanto miedo ajeno, creció con vergüenza y culpa, y el colapso de las estructuras fundamentales boicotearon sus pulsiones. Así fue que, para justificar su incompatibilidad, buscó extranjerizarse en otros pagos; sin embargo, todavía le cuesta administrar su placer y tasar su existencia. Ergo, aún no sabe si vale la pena.

Deliración 523: Reclamos

Por un lado...

¿Por qué no me dedicaste mucho tiempo?
¿Fue algo que notaste en mí? ¿Algo que sobraba? ¿Algo que faltaba? ¿Algo que fallaba? ¿Acaso era tan aburrido?
¿Fue por culpa de alguien más? ¿Alguien que te reprimía? ¿Alguien que te alejaba? ¿Alguien que te requería? ¿Alguien que te cautivaba?
¿Fue por algun otro motivo? ¿Por trabajo? ¿Por necesidad? ¿Por instinto? ¿Por costumbre?
¿Por qué tanto de este sentir que no valgo la pena?

Por otro lado...

¿Por qué me dedicaste tanto tiempo?
¿Por qué no rehiciste tu vida? ¿Por qué no seguiste tu rumbo? ¿Por qué me tomaste como excusa? ¿Por qué hacerme responsable de tu estanque?
¿Por qué no fuiste mas egoista?
¿Por qué esa necesidad de sobreprotegerme? ¿De hacerme sentir indefenso? ?De burbujearme? ¿De asfixiarme?
¿Por qué tanto de este sentir que no puedo valerme por mi mismo?

Deliración 522: Hasta los huevos...

Inspector y compañero tomando café en vereda de bar. Gritos. Se vuelven sorprendidos. Vidriera de fiambrería contigua se esquirla. Cabeza de compañero estalla (ruido de sandía aplastada bajo rueda de auto). Inspector se escuda con mesa de plástico y desenfunda chumbo. Cuerpo de compañero cae a su lado. Se miran. No se escuchan disparos, pero gente se derrumba muerta o herida. Inspector coordina. Gente intenta acatar órdenes y busca esconderse como sea. En vereda de enfrente no hay herido alguno, sólo gente corriendo. Inspector alza vista, busca entre ventanas. Sospecha de tres. Descubre cañón de rifle asomándose entre cortinas de cuarto piso de edificio número 2124. Tirador dispara. Evita que gente escape. Pastorea. Cinco oficiales se acercan corriendo. Tirador dispara. Inspector coordina, cruza calle y entra a edificio junto con tres oficiales sobrevivientes. Oficial 1 sube por ascensor; inspector y resto, por escalera. Detienen sospechosa 1 que está bajando desde segundo piso. Oficial 2 se queda con ella, la somete y reduce. Llegan a cuarto, oficial 1 está esperando. Hay tres departamentos, uno con puerta abierta. Se meten, está vacío. Junto a ventana encuentran rifle. En piso, bomba estereotipo con reloj despertador y todo. Inmovilizados por pánico. Inspector... Inspector inconscientemente ecualiza su cognición y anula el ruido del mundo, sólo oye la respiración de los oficiales 1, 3 y 4 (a pesar de que éste permanece en el pasillo). Pero no le interesa... no oye la suya. Se concentra. Su respiración, su corazón... ¿dónde están? ¿por qué no los escucha? ¿Por qué no los siente? Escucha los otros, pero ¿dónde los suyos?  ¿Los suyos? Martita, los chicos... Los ve, los oye, los siente... Sus gritos, sus llantos, sus quejas, sus risas, sus voces... Ellos... Sus ellos y él... Su vida... Su legado... Su memoria... Ser sólo un recuerdo, nada más... Entonces oye su corazón contundente como una estampida y su respiración caliente... expirando... Inspector... Inspector reacciona. Levanta bomba y arroja por ventana. Oficiales se miran sorprendidos. Bomba estalla. Edificio se sacude y cimbronazo desparrama policías por piso. Lluvia de vidrios y escombros. Gritos, gritos desesperados. Alarmas. Inspector se levanta, mira a oficiales. Están bien, todos están bien.

Inspector coordina: "Vamos a tener que inventarnos algo rápido y ponernos de acuerdo", dice tratando de controlar temblor en rodillas, "porque estamos hasta los huevos, muchachos..."