Ir al contenido principal

Entradas

Deliración 533: Emociones...

_ La idea es contar cómo nos sentimos. Por ejemplo: yo estoy muy contento porque hoy pude quedarme a jugar con vos, pero estoy triste porque a mami le duele mucho la cabeza... Ah, y antes me enojé porque Mali se quiso comer el pollo que estaba cocinando para mami.
_ Mi perrita?
_ Sí; Mali, tu perrita... a veces se porta mal y me hace enojar... Y vos? Cómo estás?
_ Yo estoy bien...
_ Pero cómo te sentís? Contenta, triste, enojada?
_ Contenta!
_ Por qué?
_ Porque Mali se quiso comer el pollo de mamá...

Deliración 532: Papi, no te vayas...

Llora manoteando el aire en el que se proyecta la voluptuosidad de mi culpa. No quiere quedarse sola en su nueva escuela; sola con sus nuevos maestros, maestras, compañeros y compañeras. Sola ante la novedad, indefensa ante ese gran desconocido y esa rutina monstruosa y apabullantemente aburrida (aunque esos son mis miedos, los reconozco). Sin embargo, nos asegura que le gusta... Pero mis terrores insisten: por las noches se revuelca en la cama y parece angustiada y habla y canta en su desconsuelo y nos llama y me llama... "Papi, no te vayas... Papi, estoy solita" y se duerme abrazada.

Deliración 531: De profundis...

A ver, gente, si se corren un poco del mundo que me molestan la vida... me interrumpen, interfieren; interferencia, eso: sólo son ruido... Ruido y espejitos de colores, y niebla... mucha niebla, niebla densa y espesa como un pedo podrido... Yo quiero hablar con mi hija, con mi esposa, con algunos de mi familia y con mis amigos; pero ustedes, siempre en el medio... Todos ustedes, tantos otros ustedes... Ven! Ya me distraen de nuevo! Corranse, callense; no jodan! Yo sólo quiero decir algo, decirles algo... A ellas, a mis ellas y a los míos, los que van conmigo: les amo, es eso; sólo eso... les quiero tanto... A mis ustedes particulares entre tanto resto general que no suma y sólo pesa... Lastre, eso; tanto lastre y tanta mugre... Tantos otros otros... Me desconcentran con sus pretensiones... No me contagien de sus sueños ni me entrometan en sus ambiciones... Desistan de reclamarme para sus soledades y sus vacíos, dejen de celarme y de desperdiciar nuestro tiempo y desviar la atención que prefiero hacia misotros... No me interesan ni somos afines... Sólo logran confundirme; y me confunden tanto que ya no sé con quiénes estoy hablando...

Deliración 530: Milonga del que siente lástima de sí mismo

La mía es una vida de penas triviales, ¿para qué voy a andar mintiendo? La mayoría fruto de medriocres conflictos de intereses (algunos propios, otros ajenos), pero sin muchas verdaderas tragedias, digamos; aunque no por eso menos lacerantes... Ninguna muerte temprana, ni enfermos, ni tullidos; sólo mucho inconformismo y dependencia. Cada cual duele a su modo y como puede. Yo soy de esos que se la rebuscan para afligirse, bastante gauchito pa'la queja.

Deliración 529: La peor de las noticias...

Ella se revolcaba contra la ventanilla, ovillada desesperadamente sobre el asiento del acompañante. Él trataba de consolarla, pero el cinturón de seguridad le impedía alcanzarla y sus dedos apenas rozaban sus mejillas. Ella gritaba varicosamente, estrangulando cuello, sienes y mejillas; desgarrando sus labios a latigazos mientras ensaunaba el auto con el hervor de las lágrimas. Él se atrofiaba ante tanta impotencia, asfixiándose en la vergüenza de no ser más que un hombre... sin siquiera poder ser el que ella esperaba y, mucho menos, el que ella necesitaba en ese ahora fulminante.

Estaban mal estacionados frente a la clínica del médico de familia, cruzados sobre las siluetas blancas y azules dibujadas contra el pavimento. Se ve que habían amagado a arrancar, pero la estampida del calvario arremetió contra su represión Calvinista en ese exabrupto silenciado por la aislación térmica del vehículo.

"La peor de las noticias", me dije mientras caminaba frente a ellos, despacito, hacia la bicicleta en la que había dejado una de las muñecas de mi hija. Traté, pero no pude dejar de mirarles y proyectar... y de repente presentir el vértigo ante un abismo inimaginable. Metí la cabeza dentro del cajón de madera, corrí los almohadones y las correas; y alcé la muñeca mugrienta de arena. Tanto dolor, tanta pena... y tanta suerte, la nuestra.

Deliración 528: Trompetita

Creo que se empecinó en ponerse de pie sólo para poder bailar a su manera, girando trompísticamente y quebrando la cadera en paréntesis tan extremos que parecen más bien signos de mayor y menor; cerrando los ojos y compenetrándose, asintiendo en trance y alzando los brazos: confiando en que la música la va a atajar.

Deliración 527: Gran promo, gran...

Cerré los ojos y de repente era tres, éramos tres, yo era tres; tres personas que no distinguía, que cambiaban, cambiaban constantemente; eran otros, éramos otros, yo era otros: unos otros en una transmutación constante... ¿versiones de mí? ¿de mi pasado, presente o futuro? Entonces, uno de barba, atlético y bien vestido se alzó entre el resto y mantuvo su identidad lo suficiente como para sonreirme, confiado y canchero; y, de repente, esa certidumbre aterradora: mi padre lo reconocería... a él, a ellos, a mí... si yo fuese otro (cualquiera de todos esos tantos otros, quiero decir), mi padre me reconocería...

Deliración 526: La infelicidad como estilo de vida

Algo que es cierto y comprobable, es que el 22 de agosto de 1979 nació en Rosario un tipo que eventualmente tipeó todos estos caracteres despreciando así cualquier otra posibilidad que se le hubo presentado en ese transcurso, definiendo así el destino de su vida por lo que restaba de la semana. A partir de entonces, como es costumbre, fue plausible de hacer cualquier otra cosa (o repetir lo mismo)... o quizás no. La incertidumbre ante tanto potencial es la que nos mantiene ansiosamente entusiasmados en esto de vivir con miedo a equivocarnos, desperdiciarnos y arrepentirnos.

Deliración 525: De vez en cuando

Fuimos un momento, una oportunidad; quizás una etapa, acaso toda una época. Imposible aprehender la vigencia de nuestro transcurso en tanto lapso ajeno. Sólo somos tiempo, así que aprovechemos la ocasión.

Deliración 524: Lastimero viejo y peludo

Supongo que querrían protegerle viéndole tan indefenso e insistiendo en etiquetarlo como distinto al resto, especial y raro, tan poco capaz de mezclarse y de adaptarse, convenciéndole de que su desinterés era sumisión, que su apatía era timidez y su vocación, capricho. Supongo que no tenían malas intenciones; sino, por el contrario, las mejores. Supongo que sólo estaban proyectando su propio desamparo ante tanta distancia del tótem. La cosa es que, con tanto miedo ajeno, creció con vergüenza y culpa, y el colapso de las estructuras fundamentales boicotearon sus pulsiones. Así fue que, para justificar su incompatibilidad, buscó extranjerizarse en otros pagos; sin embargo, todavía le cuesta administrar su placer y tasar su existencia. Ergo, aún no sabe si vale la pena.