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Deliración 26: La puteada definitiva.-

Había una vez un puteólogo, es decir, un lingüista filósofo teólogo antropólogo psicólogo sociólogo tantólogo que no era todólogo por un pelito y ese pelito era el objeto de sus investigaciones, aunque sus investigaciones no versaban sobre pelitos sino sobre puteadas pues que era un puteólogo y los puteólogos estudian las puteadas, su riqueza expresiva, su efecto intra e interpersonal, su función social, es decir, su razón de ser entre otras tantas variables sólo tenidas en cuentas por los puteólogos eruditos y doctos que estudian las puteadas y su valor como éste que no sólo estudiaba las puteadas en general sino una en particular tan particular que era única y tan única que todavía no era pues que no había sido pronunciada jamás pues que se trataba de una abstracción teórica de imposible verbalización pues que era la puteada definitiva, la puteada que terminaría con todas las puteadas pues que no tendría replica alguna pues que era definitiva y que como tal no podría ser articulada por mortal alguno sino por entidad divina omnipotente y predispuesta por lo que recurrió a dios, cualquiera éste fuera, y suplico lo puteara y dios, cualquiera éste fuera, accedió y lo puteo y todo se fue a la mierda.

Matsuo