Deliración 53: El espejo del baño.-

Se echó Pervinox en la herida y le pegó un puñetazo a la pared. Ardía. La herida, la pared no. La pared era fría, de azulejos desparejos y celestes, unos más claros que otros, bordeados por caminitos de hongos negros y marrones. Una mugre. Bajó la vista. A sus pies los pedazos de espejo lo reflejaban incompleto. No eran sino trozos de sí mismo desparramados por el piso. Se descubrió miles y se pusieron a charlar.

Matsuo