Deliración 90: Sin salvas ni duelo.-

Incorruptible, insobornable y ya invertebrado, estaba tirado en esa cuneta viscosa de Ruta 19 camino a Montecristo, medio sumergido y convertido en dique, medio expuesto y podrido, rodeado de miasma y taladreado por miasis, el nómade ahora sedentario había rechazado hacía pocos días nomás un cohecho bienintencionado de rincón, almohada y balanceado a cambio de su autonomía sin posibilidad de manumisión alguna, rechazando gentilmente con una hora de juego y luego marchando con un trotecito alegre pero digno de mastín entrado en años, encarando para el lado de su destino, donde tenía cita con un convoy de Scanias, Mercedes e Ivecos que ni siquiera tocaron bocina para despedir al último idealista.