Deliración 92: Qué salame.-

Encontró, finalmente, el camino que buscaba, sólo para descubrir que no era capaz de andarlo. Sentóse a la vera, entonces, a lamentarse como de costumbre, a llorar su tragedia y a revolcarse en ese barro mugriento en el que arrastraba su sombra. Deprimido, pasó días, meses, años tirado en la grela; buscando excusas para no levantarse; meditando a deshoras, nostalgioso, en su pasado. Se arrepintió muchas veces y, otras tantas, descubrió que no valía la pena. Cansóse, nuevamente de su propia lástima y enfrentó su destino. Buscó una salida y encontró varias. Reincidió en el capricho y siguió una senda cómoda. Encontró, finalmente, el camino que buscaba, sólo para descubrir que no era capaz de andarlo. En el charco de sus lágrimas, su propio reflejo le daba la espalda.