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Deliración 134: Casi un cafrunístico.-

— Otra de sus grandes ideas. Realmente no sé cómo hace para convencerme.
— Yo no lo convenzo de nada. Usted es el que se empecina en seguirme donde sea que yo vaya. Aparte, ¿de qué se queja? ¿Por qué no disfruta un poco del paisaje?
— ¿Pero de qué paisaje me está hablando? Estamos perdidos en medio de la nada. Hace cinco horas que estamos esperando y no pasa nadie. De todas las rutas del país usted vino a elegir la menos transitada.
— La menos transitada no, yo diría más bien la más intransitada. Fíjese, ni un alma en kilómetros, sólo nosotros dos. La ruta está casi nueva, mire. Casi ni la usaron desde que la pavimentaron, y se ve que la pavimentaron hace mucho.
— No debe llevar a ningún lugar interesante.
— Sin embargo alguien pensó que valía la pena. Debo confesarle que me encantan las rutas. Ejercen sobre mí una fascinación única. Sobre todo si no sé hacia dónde me conducen.
— No me va a decir que usted cree en el destino, ¿o sí?
— Hay conceptos que no pueden ser concebidos como creíbles o no. A lo sumo pueden resultar atractivos, románticos, incluso placenteros como todo lo improbable. El destino, las coincidencias… nosotros dos, solos, lejos de todo ser vivo y esta cajita de forros extra lubricados.
— Ya mismo inflo la colchoneta.