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Deliración 145: Turno.-

El tipo llegó unos cinco minutos antes del turno que le habían dado y se quedó esperando, zapateando despacito y jugando con sus pulgares durante quince minutos hasta que se abrió la puerta del consultorio y salió una gorda que lo miró como con vergüenza de ser descubierta. La rubia flaca que quedó bajo el umbral le dijo que pasara y que tomara asiento. Cuando se sentaron, ella sacó un cuadernito con espiral y le preguntó los datos y porqué motivo había decidido comenzar terapia. El tipo comenzó a contar su historia que, en definitiva, giraba en torno al abandono del que había sido víctima por parte de su novia, o, mejor dicho, ex novia, como él mismo se corrigió. A la Licenciada Perrone le llevó unos veinte minutos atar los cabos de la historia y relacionarla, la historia me refiero, con la de una de sus pacientes a quien había convencido de abandonar a su novio por ser notablemente agresivo. Convengamos que el tipo había sido bastante obvio, de hecho, esa era su intención, por lo que cuando se dio cuenta de que se había dado cuenta, simplemente optó por cerrar la boca, mirarla fijo a los ojos y esbozar una sonrisa. La Licenciada Perrone se levantó y, ante la posibilidad de algún ataque de histeria e intento de fuga, el tipo la camiseteó del cuello y la arrastró por encima del escritorio. Le cubrió la boca, le arrancó la ropa y la violó y la golpeó durante diez minutos. Le hubiera gustado hacerla sufrir un poco más pero temía que gritase, por lo que se decidió a matarla ipso facto. Quebró sus miembros, y la dobló de manera tal que cupiese en la gavetita que la Licenciada tenía debajo del escritorio. Empujó un poquito las puertitas y cerró con llave para que el cuerpo quedase dentro. Se acomodó la ropa, respiró hondo y salió al pasillo. Una vieja con anteojos gruesos estaba sentada en el mismo lugar donde el tipo había estado sentado unos cuantos minutos antes. El tipo salió y la miró como con vergüenza de ser descubierto. La vieja lo siguió con la vista mientras bajaba por la escalerita y luego se volvió hacia la puerta del consultorio. La rubia flaca que quedó bajo el umbral le dijo que pasara y que tomara asiento.