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Deliración 148: Me digo de mí.-

Poco puede decirse de un tipo que deja tanto que desear, salvo que nació en Rosario, fue criado en Rafaela y luego, cuando ya tuvo edad de merecer (por puro mérito cronológico nomás), comenzó un derrotero por distintas ciudades del país en las que llevó a cabo atentados académicos que jamás concretó; y fue conserje y fue traductor y fue intérprete y fue escritor y fue realizador y fue tanto y fue tan poco, hasta que un día se encontró frente a un monitor, teclado en mano, escribiendo de sí mismo en tercera persona y no pudo evitar alienarse en esa bipolaridad que le resultaba tan ajena. Hoy por hoy, está enamorado, tiene un perro y mantiene un régimen estricto de pochoclos y aceitunas.