Deliración 172: Las novias de sus amigos entre otras.-

Onanista patológico y cansado de no hacer nada, incurrió nuevamente en la internet tras un lapso de cuatro horas desde su última embestida. Pajero serial cuyo fetiche consistía en las mujeres cotidianamente conocidas; le excitaba la búsqueda de féminas parecidas y ya no tanto las verdaderas, o por lo menos eso se decía. Navegaba por los sitios pornográficos cuyos historiales borraba inmediatamente y no descargaba imagen alguna, sólo se detenía en aquellas que capturaran, a su modo de ver las cosas, un momento de éxtasis sincero entre aquellas tantas putas que se entregaban a sus clicks certeros. Sin prisa ni premura, una a una sus presas, semejantes a su manera, se manifestaban ante sus ojos y quedaban apartadas en pestañas selectas que repasaría una vez finalizada la cacería que sólo concluía al encontrar, finalmente, aquella que había montado en su cabeza: aquella pose y aquel momento, aquella mirada y aquel porte; y sus olores, sus sudoraciones, colonias y lubricantes; y la turgencia de sus carnes y la flacidez de sus pieles; y sus vellos púbicos, sus granos y sus lunares; y todos sus defectos tan perfectos; y sus gemidos y sus voluntades sometidas; y sus placeres y sus dolores y sus llantos y sus miedos y el orgasmo que lo encontraba a mitad camino entre la pieza y el baño. Procedía, con posterioridad y diligencia, a limpiar su alma desparramada, el fruto de sus deseos, con papel higiénico y se lavaba su miembro, avergonzado, sin siquiera animarse a mirarse en el espejo. Volvía entonces a su máquina, que lo esperaba salvaguardando ese catálogo de pestañas que, como se sabía, repasaba melancólico y desilusionado ya que, probablemente, no había sido, lo que había esperado.