Deliración 182: Vademécum de obsesiones pelotudas...

Cada vez que entro a un departamento nuevo -no "a estrenar", sino uno que no conocía previamente- siento la urgencia de mirar por la ventana, por más que el dueño y/o inquilino se empecine en darme un recorrido por los distintos ambientes y mostrarme sus instalaciones; yo necesito mirar por la ventana para apreciar, por más horrible que sea, la vista. No me sucede lo mismo con las casas -donde focalizo mi atención en las cocinas y los baños-, por lo que deduzco que debe tener alguna relación con la altura, el horizonte y, porqué no, la posibilidad de dar un saltito.