Deliración 240: Peralta & Muniagorri contra lo muerto vivo...

20.-
En la habitación de Mama Tota.
El rostro de Patricio, con la mirada perdida. Carece ya de nariz y parte del labio superior. Respiración neumática, burbujeo y gárgaras.
Domínguez le esta vendando el muñón a la altura de la rodilla. La Zulema y la Malenita duermen detrás de el. García e Iriarte, desparramados sobre sus sillas, roncan gravemente. Martincito acurrucado sobre el regazo de Mama Tota. Duermen. Matraca, apoyado sobre la mesa, sueña cosas agradables, ya que sonríe. Don Bernardo, sentado a un lado del fuego, observa todo con sus ojos ciegos. Sequeira, con la vista fija en el fuego. Silencio. Baja la vista, como si pudiera ver a través del suelo a Peralta y a Muniagorri. Alza una ceja. Pensativo. Entonces se pone de pie.
Domínguez lo sigue con la vista, pero continúa con lo suyo.
Sequeira sale de la habitación de Mama Tota, camina por el pasillo. Llega a la habitación principal. Permanece bajo el umbral de la puerta, buscando con la vista algo. Lo encuentra. Las cosas que había dentro del Rambler de Peralta. Comienza a hurguetear.
Una pistolita de morondanga. Unos casetes de Sandro. Unos cuantos tetrabricks de vino barato. Una revista gente. Boludeces.
La billetera de Peralta. Un par de billetes de cinco y de dos pesos. Sus documentos. Carnet de conductor. Papelitos con números de teléfonos y direcciones. Una foto con su mujer, inexpresiva, con el corazón en un tarro fuera del pecho, en un jardín florido. Peralta sonríe. Una foto de su hijo, inexpresivo, con un bonete. Una entrada para un recital de Sandro.
La billetera de Muniagorri. Un único billete de dos pesos. Sus documentos. Carnet de conductor vencido. Una tarjetita de un prostíbulo de Santa Fe.
Sequeira sigue revisando. Boludeces. Llega al paquete. Lo mira. El paquete, cuadrado, de un tamaño mediano, como el de una caja de masitas, forrado en papel madera, atado con una soguita. Sequeira deshace el nudo de la soguita y lentamente abre el paquete sin romper el papel.
Zumbido.
Mira en su interior. Una luz encegecedora ilumina el rostro de Sequeira. Sorprendido cae de espaldas.

SEQUEIRA
A la mierda!

El paquete permanece sobre la mesada. Zumbido. Su interior continúa irradiando aquella luz enceguecedora.
Sequeira la observa desde el suelo. Reacciona. Se vuelve hacia la puerta. Nadie. Se vuelve hacia el paquete. Se acerca. Lo observa. El paquete permanece sobre la mesada. Zumbido. Su interior continúa irradiando aquella luz enceguecedora. Sequeira lo cierra. La luz y el zumbido desaparecen. Ata la soguita.
Lo observa. Se rasca la barba a medio crecer. Se vuelve hacia el pasillo.
Camina hasta la habitación de Mama Tota.
Domínguez termino con el vendaje y se echo a dormir junto a la Zulema.
Patricio, ahora con el rostro vendado, continúa respirando dificultosamente, y con la vista perdida.
Junto al fuego don Bernardo observa todo con sus ojos ciegos.
Sequeira suspira. Don Bernardo se vuelve hacia el.
Sequeira lo mira, levanta una ceja. Entonces levanta su mano imitando un revolver. Apunta a don Bernardo. Don Bernardo lo observa con sus ojos ciegos. Sequeira baja el pulgar, como si hubiese disparado. Don Bernardo lo observa con sus ojos ciegos. Sequeira sonríe.