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Deliración 305: Crónica de su apocalisis.-

Fue un miércoles, más o menos las nueve de la noche, cuando se cortó la luz. Era Noviembre y la humedad era insoportable. Creo que pertenezco a la generación que nunca conoció el mítico clima seco de Córdoba. Mi mujer estaba estudiando y yo estaba echado en la cama, mirando televisión. Como sólo estaba paseando por los canales, no me importo mucho; pero mi mujer puteó de lo lindo. Buscamos unas velas, hicimos de comer y charlamos un rato para pasar el tiempo. Nos acostamos temprano, a eso de las once. No había mucho por hacer. Ni siquiera lavamos los platos. Cogimos y nos quedamos dormidos.


Cuando nos despertamos, a las seis, ya habían cortado el agua corriente. Me cambié y salí para el trabajo. Los colectivos funcionaban normalmente con sus demoras habituales. La gente se quejaba. Llegué a la oficina y todos mis compañeros de trabajo estaban esperando en la vereda. Las cerraduras eléctricas no funcionaban y no había forma de entrar al edificio. Como no había llegado la gente de Recursos Humanos, nadie se animaba a voltear la puerta principal.


Volví a casa, pero mi mujer ya se había ido. Nuestros perros estaban enloquecidos. De alguna manera, ellos sabían lo que había sucedido. De alguna manera, yo supe también que ella había desaparecido.

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