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Deliración 319: Estaba tieso, pero con la barriga blanda.-

"Estos fueron los hijos de putas de los vecinos", se dijo sin siquiera planteárselo demasiado, sino como una reacción alérgica ante la presencia de ese gato muerto en el medio de su patio. Se acercó seguido por sus tres perros y revisó el cadáver para ver si lo habían mordido. El bicho estaba tieso y extendido -como dando un salto, pensó-, con el pelo enmechonado por la lluvia de la noche anterior y los ojos y la boca abiertos; mas completamente ileso, libre de mordizcos y gomerazos. "Estos fueron los hijos de putas de los vecinos que se les murió en su patio y me lo tiraron al mío, los muy malparidos", musitó y agregó a los gritos con su voz ronca y furiosa: "Hijos de puta y la puta madre que los remilparió, cornudos de mierda". Se volvió y les ladró un salgan de acá a sus perros que se escondieron donde pudieron. Se metió en la casa y buscó dos bolsas del supermercado. Una la uso de guante para levantar al cadaver por la cola y la otra se limitó a cumplir su rol de bolsa nomás, pero de manera ineficiente, ya que no pudiendo soportar el peso del bicho, se rasgó de manera tal que el tipo quedó con la manija en la mano y el resto en el piso, apenas envolviendo al gato, cuya cabeza asomaba entre el nylon. Fue en ese momento, y tras un sobrio puta madre, cuando el tipo decidió vengarse. Volvió a su casa buscó una bolsa de consorcio y otra de supermercado que hiciese las veces de guante nuevamente -no iba a usar dos veces la misma-, y completó la operación como originalmente la había planeado.

Y bueno, listo, eso fue todo, porque para qué contar sobre sus incursiones nocturnas por los techos junto con su rifle de aire comprimido, si al final no se animó a dispararlo.