Deliración 362: Doble cero...

Tomé carrera y salté con ganas al casillero que me devolvía al principio del juego, mas ya estaba demasiado grande para sólo ser hijo. Mi mujer no era mi madre ni el cielo mi padre y no tenía porqué andar ocultando mi vicio tras las persianas cerradas. No necesitaba subsidio, sino monetizarme por mis propios medios, ser consciente de mi valor agregado y comercializarme lejos de las ferias de saldo. Tantos años esperando a ver qué decían los dados. Tanto tiempo. Hoy nadie me nombra, quizá signifique que aún no he fracasado.