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Deliración 364: Irrelevantes y costosos...

Nada, el valor de todo, de uno: nada. Las duchas me ponen triste, eso no pasaba antes; caminar me cansa, la tele me aburre: sólo queda dormir, pero ya no sueño. Ni el sexo ni la comida; sólo la sed y el orinar. No puedo entender las convenciones ni los mecanismos. Hay puertas detrás de mis puertas, paredes más allá de las mías; todo está cercado y el aire que ya no alcanza. Vivo encerrado en esa pieza de hace veinte años atrás, escuchando los gritos mientras finjo que duermo. No somos más que un obstáculo; su fachada para el resto, pero una carga que vestir, alimentar y mantener. Somos libres de hacer lo que queramos, total no importamos. No valemos nada, sólo costamos y para eso, nosotros, la limosna, el vuelto; quizá, esperando el regreso. Aquí estamos, empero, sin siquiera saberlo, avergonzados de estar vivos y pidiendo permiso para ver apenas cómo los demás usan lo que es nuestro.