Deliración 371: 7 años y medio... más o menos...

La idea era impresionarla o, cuando menos, robar su atención del resto del mundo. Lo de enamorarla no era entonces un anhelo siquiera, aunque quién puede asegurar que no haya sido eso lo que en definitiva me hubo impulsado a entregarle ése, mi guión, que había escrito tanto tiempo antes. Ya de otros labios había esperado una sonrisa, pero desgraciadamente no se habían sentido lo suficientemente seducidos. Mi problema por aquellos días era la cuestión esa de la timidez (o por lo menos eso me gustaba creer) con la que presenciaba la vida que se manifestaba en torno a mi ego menospreciado por mis propios miedos y, algunos cuantos, ajenos. De mi diario no valer nada fui consciente con el tiempo, gracias a ésta, mi firme voluntad avocada a tal efecto. Volví a verla, sin embargo y al cabo de sólo un día, risueña y elogiando mi comedia melancólica que había leído de un tirón durante esa hora que dedicaba a volver del centro a su casa. En esa época, según recuerdo, no lograba comprender cómo podía pasar su vida arriba de tantos colectivos... Comenzamos a acompañarnos desde entonces y hoy, ya ven, nos decidimos por casarnos.