Deliración 397: Las hormigas
Inundación y rituales 5

La pava del gordo José había sido silbadora durante los primeros dos meses de uso, pero hacía tiempo que el pico de plástico se había derretido y fundido con la grasa salpicada por los millares de milanesas fritas a su lado. El gordo ponía yerba hasta la mitad del porongo, y luego lo inclinaba para que el horizonte del mate quedase ladeado y en pendiente. Al fondo le echaba azúcar, una cucharada apenas y sólo antes de la primera cebada. El agua siempre se le hervía demasiado y la rebajaba con un poco de agua fría.

Pocas cosas me relajan tanto como ver a un amigo preparar el mate de manera tan mecánica y propia.