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Deliración 433: Aquí estuvo, sí...

Y esa voluntad acostumbrada a autografiar los espejos y vidrios de su vida con el vapor de su aliento; los de tantos autos y tantos baños, los de tantas, pero tantas casas y departamentos, y los de la universidad y el colegio; y de repente la memoria de su mano empapada en tempera certificando su existencia primaria y primitiva sobre las paredes prefabricadas de esa casita enana y perdida en el patio de un jardín de infantes. Había sellado su apartirdentonces con un azul brillante que jamás alcanzaría. Y olió el piso embarrado de moras y orina, y vio las hamacas y los caños de desagüe pintados a lunares, y más allá una huerta seca y el alambrado cercándolo todo, separándolo del mundo, alejándolo del resto. Una burbuja, pensó, y miró sus dedos gordos y los cerró en un puño hinchado, como un globo amatambrado; apretando, apretándolo para que se reviente.