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Deliración 449: Un nosotros más plural...

Mamá salió del baño llorando y levantando el plastiquito meado, alzándolo al mundo y presentándolo en sociedad, pero sólo ante mi sola presencia (ella estaba junto al espejo del placar y podía verla desde dos planos completamente distintos, y en ambas dimensiones sintiendo exactamente lo mismo); y era un totem, un ícono, el portaestandarte de nuestro futuro: una cruz atemperada que apenas si se distinguía ante mis ojos daltónicos. "Es positivo", me dijo; traduciendo de manera sintética lo que no se animaba a enunciar. Y fue entonces sentir esa alegría descontrolada que nos desbordó de terror, tartamudeando de felicidad, esbozándonos en un boceto que desvanecía nuestra realidad acotada y estallaba en una pluralidad tan hermosa y vertiginosa (y ya sin necesidad de espejos, ni otros trucos mecánicos). Tanta, pero tanta expectativa que hacía que los dedos se quebrasen de tanto temblar y reventasen los puños en ésta, nuestra humilde megalomanía; y los dientes se estallasen esquirlando las encías de tanto reír; y reír, reír mucho, a baldazos y en silencio. ¿Será posible? ¿Serás?

Pero, en casos así, la razón ha de someterse y la sangre ha de mandar (va de retro pulsión). Alzando la vista, le dije a mamá: "no digamos nada, prudencia"; y supe que me odió por reprimirla.

Nota (8 meses más tarde):
Te veníamos buscando desde hace tantos, tantos años; y vos solita supiste dónde encontrarnos.