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Deliración 458: El cliché - 4

Al principio me alquilé un departamentito en Nueva Córdoba, siguiendo la fantasía del que vuelve a ser soltero, pero (para ese entonces ya trabajaba en esa empresa que no voy a nombrar pero que queda en la ciudad empresarial) como perdía como 2 horas por día en el tránsito y la verdad es que mis compañeros de viaje mucho no me divertían. Después me mudé a Río Ceballos, así que estaba al toque del laburo, por autopista. La casa era linda, tenía un patio enorme y a Bruno le encataba. Pero con el tiempo también me aburrí. Era una abulia aglomerada por tanta costumbre y rutina.

En el trabajo realmente no hacía nada y ya hacía más de 15 años que venía sin hacer nada; era Project Manager de proyectos que se perdían en iteraciones infinitas de desarrollo, testing y feedback, y los pocos que salían al mercado resultaban obsoletos. Tanto había intentado separarme de las dependencias públicas en las que trabajaban el resto de mi familia (es curioso vivir en una casa cuyo ingresos dependen de una partida presupuestaria municipal) y, sin embargo, en ese ahora me encontraba haciendo lo mismo pero de manera privada, desperdiciando capitales extranjeros (cuando uno trabaja en una de esas empresas, uno siente que lo único que hace es esperar a que se funda o que los extranjeros se pudran y se lleven toda la plata de nuevo).

Estaba podrido, es eso.