Deliración 459: El cliché - 5

También tenía un perro, un cuzco que había aparecido en la puerta de casa unos 7 años antes, y se estaba muriendo. Le costaba respirar porque se le llenaban los pulmones de líquido y se los drenaba con diuréticos. La prescripción del veterinario era esperar y no dejar que se exijiese demasiado. El pobre Pirata quería salir a correr por ahí, como hacía antes, pero ya no se lo permitía. Cuando tenía uno de sus ataques era una cosa de sentir esa desesperación tangible, como compartiendo la asfixia y la prisa de no llegar a tiempo a la veterinaria.

Tiró como 5 meses así, y una mañana, directamente no se depertó; murió ahogado en sus sueños. Me quedó por mucho tiempo ese (llamemoslo) arrepentimiento de no haberlo dejado salir a correr como quería. Lo mantuve con vida, pero encerrado en casa hasta que se murió sin ningún espectáculo ni tragedia. Qué sé yo, esas cosas te pegan.

Lo enterré en el patio y me puse a buscar casas para mudarme.