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Deliración 475: BigBalaBoluda 2

El cuerpo estaba trozado y desparramado a la que me importa. Uno de los inspectores estaba numerando todos los pedazos con banderitas amarillas o naranjas. Catorce banderitas y todavía tenía otras cuantas en la mano. La primera lectura coincidía con el modus operandi de los otros siete casos anteriores: la puerta no estaba forzada y los indicios de lucha se manifestaban en el dormitorio, el desmembramiento había ocurrido en el baño y la bañera estaba destrozada a hachetazos. El arma estaba ahí (“impecable”), sobre la tapa del inodoro. La hoja de acero inoxidable (“pristina”, según la descripción del forense) reflejaba el techo salpicado. “Rompió la tortuguita de la luz”, musitó sorprendido ante la novedad de la evidencia y buscó los pedazos de vidrio entre el enchastre del piso (dientes, mechones y cascotes de loza). El olor fuerte del semen se percibía entre el dulzor de la sangre y el ácido de la orina (esta vez, nadie había vomitado).