Cafrunístico 7: Los Sueños

48 - El muerto que habla

- Me arruinó la vida, Cafrune; qué voy a hacer?
- No se cansa de dar lástima, Malvisto?
- Todos estos años, haciendo buena letra; llevando todo al día; todo lo que hice, todo lo que dejé de hacer... todo perdido por sus payasadas...
- Veo que finalmente se va calmando, en cualquier momento me animo y lo desato.
- Si me desata lo mato...
- Cuánta frialdad e ingratitud en sus palabras. Lo liberé, no se da cuenta? Utilice esa pasión para hacer algo de su vida, y no la malgaste odiándome. Qué pretende para su lápida? Un "aquí yace Martínez Malvisto, empleado"? Así quiere que lo recuerde su hija? Si es así, dígamelo y lo dejo seco ahora mismo, para qué prolongar la rutina?
- Quiero ver a mi familia, Cafrune... los extraño...
- Sólo pasaron 3 días, Malvisto; ya lo hablamos a esto... Ya los va a ver de vuelta, y ellos lo verán también; pero lo verán de verdad (a su verdadero usted, me refiero), por primera vez en sus vidas... Volverá y será ejemplo...
- Yo sólo soy ejemplo de mediocridad...
- Ni siquiera eso, Malvisto...
- Por qué no se va un poquito a la mierda, Cafrune?
- Cuénteme un poco de la rubia...
- Qué rubia?
- La de la oficina... Qué onda?
- Onda nada, nunca hablé con ella... no sé nada de su vida...
- Pero a mí qué me importa su vida? Es una rubia, qué vida va a tener? O qué esperaba descubrir al charlar con tan rubia entidad?
- No sé, nada... charlar...
- No me charle... usted le tenía ganas...
- Pero no, si estoy casado...
- Y qué tiene que ver? Si no se le acercó fue porque pretendía un objetivo ulterior, no me mienta... o mejor dicho: no se mienta! Lo que usted quería era encamarse, aunque sea en su cabeza... pero no se animó! Conocerla lo suficiente como para enriquecer su fantasía. Sus tics y mañas para bocetear sus histerias. Sus gestos y tonos de voz para perfilar sus gemidos. Sus deslices para adivinar sus perversiones. Exprimir el zumo sexual de su discurso cotidiano, eso quería!
- Pero no; charlar por charlar, nomás...
- Con la rubia?
- Con la rubia o con cualquier otra mina... bah, con cualquiera...
- Y si era charlar por charlar, por qué no se le acercó y le dijo algo?
- Siempre fui muy tímido, yo... no sé qué decir... Me trabo; por más que intente, no me sale...
- No se confunda, Malvisto; que a lo que usted se refiere con timidez no es otra cosa sino una reacción preventiva que lo protege del embole. Es un don, eso es lo que es; de qué timidez me está hablando? Entre las personas hay empatía (y es algo bilateral, sépalo) o no hay nada; uno puede elegir ignorar esa ausencia (cosa que requiere desinterés y dolo), pero afortunadamente usted está fisiológicamente imposibilitado de tan mentado sacrificio. Eso, que yo sepa, es señal de inteligencia (y si no lo es, no me importa) o cuando menos de cierta integridad cognitiva. Lo que usted siente, en todo caso, es culpa. Culpa producto de esa cultura judío-cristiana que lleva arraigada en su ADN; y eso, como toda herencia religiosa, es una contingencia apabullante. Cómo se va a sentir mal por no poder charlar por charlar? Acaso es estúpido? Qué gana? Qué pierde? Por qué se esfuerza tanto en hablar con quienes no tiene nada de qué hablar si no pretende nada más que eso?
- Pero porque simplemente quiero hablar con alguien, conocer gente; qué tiene de malo eso? Y no puedo, se da cuenta? No puedo iniciar conversasiones con nadie!
- Para el diálogo se requieren dos personas hablando a la par; no desperdicie más su tiempo y comience a monologuear a los gritos, y que escuche el que quiera. Aquel que le retruque con fundamentos que usted considere válidos será entonces con quien podría establecer una conversación decente. Eso es charlar... lo que usted busca es una novedad en su rutina. Conocer gente? Mire que le cuesta asumirlo, eh? Usted se hace el humanista, pero tiene que aceptar que la gente es en su mayoría es un bodrio.
- Cómo que me hago? Soy humanista! Que no practique es otra cosa...
- Frases como esa me motivan a desatarlo, Malvisto. Lo extrañaba, de verdad le digo. Cuesta encontrar gente con quién charlar, la verdad...
- A usted le pasa lo mismo, es eso?
- No he dicho nada que me contradiga... aunque no puedo asegurarlo (ya ni recuerdo sobre qué estábamos hablando). Para qué ser esclavo de un único hilo, si lo que importa es la trama; y ni siquiera eso (habiendo tantos colores y puntos de trenzado). Aparte (y siguiendo con las analogías generales), le paso el trapo a cualquier salame en lo que a enunciados se refiere... Mi genio me aísla,  es eso; he ahí mi tesis.
- Se siente solo...
- No sé si solo, Malvisto; pero sí aburrido, aburridísimo...
- Y por eso me ha raptado? Para que le haga compañía y lo entretenga?
- No se crea lo que no es, que para payasos tengo el mundo. Yo a usted lo necesito...
- No me va a sacar un mango, Cafrune!
- Pero si ya tengo el PIN de su tarjeta, qué se piensa? Yo no pierdo el tiempo, no se da cuenta? Aparte con lo que usted tiene ahorrado no me alcanza...
- Y para qué me quiere entonces?
- Lo quiero porque lo quiero, qué le voy a hacer? La amistad es así, por más que no lo respete ni me caiga del todo bien; pero bueno, esa es otra historia. Esta vez lo necesito para mi nuevo proyecto...
- No me meta en cosas raras, Cafrune; ya suficiente problemas tengo en mi vida...
- Cállese un rato y escúcheme bien, Malvisto: vamos a hacer una película...