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Deliración 482: El cliché 18

En Merlo estuve parando en una pensión/hostel, pero esta vez de inquilino. En temporada baja, el pueblo es muy barato. Caminaba por los cerros y mendigaba mate a los campistas. Me cansaba a propósito y comía mal; pero dormía mucho y en cuotas. Siestas de dos o tres horas en cualquier momento del día o de la noche. Abandoné el café, pero retomé el pucho después de más de veinte años. De a poquito me fui armando de valor y decidí seguir viajando hacia mi pasado: me largué de mochilero, eso hice…

Hace poco más de un año y medio que viajo a dedo y duermo dónde puedo… Bah, tampoco me voy a mandar tanto la parte; si bien duermo mucho en carpa, cada tanto me quedo un par de semanas en algún que otro hostal, parador o pensión. Me baño seguido, eso sí; casi todos los días. Donde encuentro un baño decente, hago caca y me pego una ducha. Chateo bastante con Brunito, y con mi ex también. Creo que ella lo toma como una aventura sin complicaciones; algo tabú que le ayuda en su matrimonio y no le genera problemas… incluso me propuso eso del cyber-sexo. No sé, la cosa es que me manda fotos de ella en bolas y yo las guardo, y las miro… la miro… Tiene 49 ahora, pero está bien; hace gimnasia, yoga, pilates y no sé qué mierda más… Yo le mando fotos de paisajes (aparte de las que aparecen en el blog) que, con la porquería ésta de Instangram, parecen hasta profesionales.

Bruno me dice que podría levantar viejas por Facebook; bah, minas de mi edad, supongo… Que me promueva como gigoló errante, cosa que las viejas me inviten a su casa y me alojen… No sé de dónde sacarían mi contacto, ni cómo me encontrarían; pero, según él, seguramente existe algún grupo de malcogidas y esposas insatisfechas, no sé… Bruno se ríe; me dice que sería un buen puto.