Deliración 488: Yo que vos, me vuelvo 4

Simón había pasado los últimos dos años siendo el extranjero, el extraño, el otro, la sorpresa, el esposo de, el simpático, el tímido, el tierno, el pintorezco, el fetiche, la mascota... 'Te llamás igual que mi perro', le había dicho su esposa cuando se conocieron un año y medio antes; y, de hecho, todo el pueblo se empecinaba en llamarle de la misma manera: Simon (con acento en la 'i'). Ahora le miran de otra manera; aunque no puede asegurarlo, ya que tampoco se anima a mirarles. Ahora es otro, lo sabe. Siente vergüenza, siente que le reprochan todo (o por lo menos haber descubierto el cuerpo); aunque no puede asegurarlo, ya que ni siquiera le dirigen la palabra.