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Deliración 498: Yo que vos, me vuelvo 14

Su esposa le comparte un link por whatsapp: el diario regional vincula la muerte de la nena con una serie de asesinatos que se vienen dando quinquenalmente en distintas provincias del país. Simón le pregunta si eso significa que ya no es sospechoso, pero su mujer no responde (aunque los tildes azules evidencian su lectura).
De repente, siente ganas de reír; pero sólo sonríe y mira hacia la rotonda desde su ventana (aunque en realidad fija la vista en su reflejo transparente: su cara casi invisible en el paisaje holandés). Relee la noticia (en ese idioma de mierda) y siente la necesidad de compartirla con su padre, pero no quiere despertarlo.
Simón decide sacar a pasear a Simon. Llegan a la escena del crimen. Las cintas de plástico se sacuden a latigazos naranjas por el viento. "Parecen guirnaldas", piensa. Cruza el límite, y llega donde estuvo el cadáver. Ya no queda nada, sólo banderines supliendo los trozos de niña. Simon olfatea desesperadamente. Mueve la cola y gime; es un llanto desesperado y ansioso. Para él, la niña todavía está ahí. Simón se acuclilla y acerca su mano al vacío en el pasto. Simon se vuelve y gruñe, no quiere que la toque; no quiere que nadie más la toque.