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Deliración 503: Sereno 3

Empezó a masturbarse a los 9 y tuvo su primera eyaculación a los 11. Se estaba manoseando el ganso a través de los bolsillos de la malla, mientras viajaba en colectivo. A su lado iba una muchacha de unos 25 que llevaba una bolsa cargada de ovillos de lana y agujas de tejer. La muchacha estaba buena y, aparentemente, no se daba cuenta (o hacia caso omiso) de la paja clandestina. La cosa es que el colectivo chocó contra un auto (bah, en realidad, el auto chocó al colectivo) y el impacto se dio cerca de sus asientos. El sacudón los hizo rebotar entre las butacas y los pasajeros que iban parados cayeron sobre ellos.

Cuenta que cuando abrió los ojos, pudo ver a la muchacha convulsionando epilécticamente sobre él. Le salía espuma por la boca (mezclada con sangre). Lo miraba; era una mirada desesperada, de ahogo, como suplicando ayuda. Descubrió que las agujas de tejer se habían clavado en su estómago (el del acusado) y que la mano de la muchacha le sujetaba la entrepierna de la malla y apretaba (exprimía) su pinchila (como para evitar caerse). Todo, todo estaba bañado en sangre, sus testículos estallaban y sentía como las agujas se enredaban con sus tripas. Entonces, simplemente, eyaculó.

Pasó dos semanas internado en una sala común del Hospital de Niños y sus heridas tardaron en curarse por su atentados masturbatorios. Por las noches de la segunda semana, recorría el instituto curioseando y espiando, en particular, a las chicas más grandes.