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Deliración 511: Sereno 11

Cuenta que el problema fue entonces qué hacer con los cuerpos. El tipo que le alquilaba el monoambiente de la cochera se había quejado varias veces del olor a podrido y él había argumentado que eran las cloacas. Lo habían denunciado entonces ante Aguas Cordobesas, pero no les dejó entrar cuando fueron a inspeccionar.

Compró entonces unos tuppers grandes, enormes, en Colombraro. Prometían una capacidad volumétrica de 20 litros, pero la mala calidad del plástico no soportaba mucho peso por lo que se desfondaron cuando intentó trasladarlos y los trozos de cuerpo se desparramaron por el suelo. Optó por lo más sencillo y embaló todo en bolsas de consorcio armando paquetes del tamaño de una caja de zapatos (más o menos). Le llevó alrededor de una semana deshacerse de los atados (los tiraba a lo largo del Suquía o en los baldíos de las vías), y cerca de dos ventilar la casa (especialmente el cuarto de la abuela).

Durante el proceso de desmembramiento descubrió cierto placer en despellejar las porciones y separar los menudos. Nunca comió víctima alguna; sólo disfrutaba desarmándolas, como si fuesen electrodomésticos viejos o juguetes.