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Deliración 518: Sereno 18

Luciana mentía. No estaba sola ni estudiando; sino que miraba televisión mientras Andrea lavaba los platos. Los gritos llamaron la atención de Mónica que estaba jugando un solitario en el comedor del 4to B. Se asustó y fue a buscar a Sabrina que estaba aislada por su auriculares editando un video. Despertaron a Lorena, quien a pesar de su resaca mandó a Mónica a llamar al sereno de turno. Por su parte, ella y Sabrina decidieron llamar a la puerta del 4to A.

Mónica no encontró sereno alguno en la planta baja, pero se cruzó con Augusto que volvía de básquet. Juntos volvieron al 4to. La puerta del ascensor se abrió y lo descubrieron desnudo y barnizado en sangre, pelos y cuágulos. Trataron de evitar que abriese la reja corrediza, pero la desencajó con el peso de su cuerpo. Mónica se zafó del bloqueo y saltó fuera de la cabina. Trató de seguirla, pero Augusto cerró la puerta corrediza y embretó sus manos. Mónica resbaló y cayó por las escaleras, pero pudo levantarse en el entrepiso y continuar su fuga.

Augusto trató de zafarse, pero el acusado le apuñaló con los pedazos de espejos que estallaron en el frenesí del forcejeo. Parte del cristal se partió dentro de la cavidad de su ojo y, al bajar la guardia, le abrió la garganta. Augusto cayó de rodillas y se arrastró hasta su departamento. Luciana estaba desnuda en el medio de la habitación, sus piernas abiertas y el interior de su cuerpo desparramado sobre sus pechos. Lorena, aún en pijamas, estaba acurrucada contra la pared contra la que le había machacado la cabeza. Sabrina lloraba cubriéndose el torso desnudo. Sus piernas estaban dobladas de manera poco natural y no podía moverse; sólo lloraba un llanto mudo y agudo. El cuerpo de Andrea, embutido en ropas y abatido sin mucha violencia, asomaba detrás de la mesa; sus manos aún sujetaban un cuchillo con el que no había logrado defenderse.

El acusado intentó seguir a Mónica, pero desistió y volvió al depto. Pateó el cuerpo de Augusto dentro y trabó la puerta a sus espaldas volcando una de las bibliotecas encima. Clavó su mirada en Sabrina, le bajó los pantalones a Augusto y lo penetró a gritos, bombeando la sangre del cuerpo que se surtía a chorros por el garguero. Entonces comenzó a llorar y lloró desconsoladamente. Se desacopló de Augusto y dejó ver su miembro flácido, inútil y mugriento. "No sirvo para nada", se confesó y se acercó a la chica pretendiendo una sonrisa. Le apartó las manos de sus senos y le acarició los pezones. "Arrancarlos... como pétalos...", murmuró. Le secó las lágrimas y metió el pulgar bajos sus labios para sentir sus dientes, presionando sólo apenas. "Puedo partirlos... y obligarte a que los tragues". Se sumó al llanto. La abrazó y buscó consolarla y consolarse, pero pronto se cansó del tierno rechazo de Sabrina.

Comenzaron a golpear la puerta y la barrera que había improvisado no soportaría demasiado. Se levantó, tomó el cuchillo de las manos de Andrea y se arrancó un testículo. Se volvió a Sabrina y se lo ofreció. Ella trató de escaparse, pero la parte inferior de su cuerpo seguía sin responderle. Él insistió entre lágrimas y presionó su criadilla contra sus labios.

Entonces abrieron la puerta.