Ir al contenido principal

Entradas

Deliración 285: Un tal Sutano - Parrafo 11.-

Los pibes retrocedieron unos metros nomás y volvieron a sentarse uno al lado del otro. Carcacha se descolgó la gomera y le dijo al otro, el petiso, que le suministrara cascotitos o lo que encontrase a mano. Frente a ellos, un hemipléjico con navaja y un gordo semiconsciente se trenzaban en una rosca perezosa y desanimada. La hoja del cuchillo iba y venía, acuchillando poco y cortando algunos dedos. Había mucha baba de por medio, por lo que las bestias no tardaron en quedar embarradas con ese barro rojizo del polvo de ladrillo. Carcacha por su parte cargaba, apuntaba y disparaba. Cada tanto pegaba y cada tanto erraba. El otro, el petiso, siguió revisando el bolso hasta que por fin encontró, en un falso fondo, una bolsa con chupetines. Sin saber muy bien qué hacer y actuando por puro instinto, partió el adorno egipcio en la sabiola de Carcacha que se lo quedó mirando sin entender muy bien lo que pasaba. Se frotó la cabeza con una mano y se sintió pegajoso y calentito. El otro, el petiso, sin comprender tampoco lo que había hecho, se quedó a su lado con la bolsa de chupetines abrazada a su pecho. Carcacha se largó a llorar de a poco y despacito, dejando escapar un i agudo y asmático que se fue perdiendo a medida que el rostro se replegaba sobre sí mismo contrayendo todo el cuerpo del pibe en una bolita de unos cuarenta centímetros de diámetro. El otro, el petiso, salió corriendo con su tesoro. A pocos metros, el gordo semiconsciente recuperaba la conciencia y el aliento apoyado contra un tacho de basura quemado con la mirada fija en el triste espectáculo que le ofrecía el hemipléjico que respiraba agitado tirando manotazos erráticos al aire tratando de agarrar el puñal que asomaba sobre su pecho. Murió Soletti desangrado, sin sentir nada, como si se hubiese quedado dormido. Brascovich, por su parte, se levantó minutos más tarde, no del todo recobrado por cierto, y avanzó hacia ese nudo de pies y brazos que era Carcacha. Estiró una mano enorme y lo alzó de los pelos.


Continúa en: http://untalsutano.blogspot.com

Deliración 284: Un tal Sutano - Parrafo 8.-

Soletti dobló por la avenida, salió al bulevar y se encontró con el embotellamiento. Tocó bocina y mientras bajaba el vidrio de la ventanita para putear, escuchó el rumor. Dejó el auto en marcha y salió corriendo. Se sucedieron entonces las primeras corridas bancarias y los negocios dejaron de trabajar con tarjetas de crédito, débito, tickets y demás formas de pago que no fueran efectivas y al contado. A los cuarenta y cinco minutos la radio levantó la noticia y automáticamente se saturaron las lineas telefónicas derritiendo los cables a latigazos sobre la gente que ya comenzaba a correr desesperada por las calles. A la hora y media cayó Internet a nivel mundial, los negocios comenzaron a bajar las persianas metálicas y a armar a los empleados. Los saqueos comenzaron medio hora después, es decir, pasadas dos horas y cuarto del rumor inicial, y la tele, enseguida, levantó la noticia en un boletín desesperado que concluyó drásticamente cuando se cortó la luz en todo el territorio nacional. Las estaciones de servicio estallaron y comenzaron los tiroteos. Soletti, por su parte y en su casa, cayó al piso de cabeza, víctima de un accidente cerebro vascular. Sin pestañear siquiera, pudo ver como su familia escapaba con los bolsos que él mismo había preparado dejándolo abandonado y a su suerte, y como sus vecinos saqueaban su departamentito y lo violaban un par de veces. Recién al cuarto día pudo mover uno de sus brazos, primero los dedos y después la mano, y al cabo de unas horas pudo arrastrarse lentamente hasta un rincón donde, como todo diabético, escondía unos alfajorcitos de dulce de leche. Rengo y baboso, ya para el onceavo día, se apareció, cuchillo en mano, en medio de la plaza, tirando guadañazos al primero que se le cruzara, mientras murmuraba algo que en cristiano bien podría haber sido un insulto hacia Sutano.


Continúa en: http://untalsutano.blogspot.com

Deliración 283: Un tal Sutano - Parrafo 5

Lloraban los niños sin juguetes en esa plaza sin arena ni hamacas en la que Brascovich reposaba sentado sobre las ruinas de lo que alguna vez fuera un banco de piedras y cemento mientras relojeaba a unos tipos que hablaban en voz baja y que, cada tanto, le echaban una miradita a la bolsa marinera que él, Brascovich, tenía a sus pies. Se levantó, afirmó la bolsa a su espalda, manoteó unos trozos de banco de tamaño considerable y se avalanzó sobre los tipos quienes, a su vez, sacaron de entre sus sacos italianos unos garrotes que en otrora habían sido tres de las seis patas de una mesa de roble del palacio municipal y se trenzaron los cuatro, Brascovich y los tres tipos, en una trifulca que contó con pocos golpes y mucha sangre. Testigos de la masacre, los niños aprovecharon que los dos sobrevivientes permanecían inmóviles y semiconscientes, y les robaron la bolsa marinera a uno, el saco italiano al otro y todo lo que llevaban puesto los dos muertos que no resulto ser mucho, sólo unas piezas de bronce y un folleto de una escuela de conductores.


Continúa en: http://untalsutano.blogspot.com

Deliración 282: Un tal Sutano - Párrafo 3.-

Benito "Salomé" Brascovich era un tipo duro, pelado y de poca barba. En otras palabras, se tataba de un tipo lampiño, calvo y recio. Olía mal, tomaba poco y chupaba chupetines. Era grandote y gordo. Nadie nunca supo muy bien cómo se ganaba la vida, sólo se supo que un día cayó a lo de Sutano para reclamarle una deuda. La casa estaba llena de acreedores peleándose por los bienes. Brascovich sabía que como andaban las cosas, no convenía tener nada material encima. Muy pronto, gracias a la falta de liquidez con que Sutano había dejado al país y a otras potencias, el estado expropiaría propiedades privadas para canjearlas al exterior por comida. Las reservas a nivel mundial se habían vaciado y sólo existía una suerte de trueque desparejo. La otra opción era el arrebato y la única forma de defenderse era con palos y cascotes, ya que ni balas habían quedado.


Continúa en: http://untalsutano.blogspot.com

Deliración 281: Peralta & Muniagorri contra lo muerto vivo...

59.-
Segundo ataque de los finaditos al rancho.

El rostro aterrorizado de Muniagorri cubierto por manos destrozadas que se afanan por arrancarle la piel.

PERALTA

Muniagorri!!!

El rostro aterrorizado de Peralta cubierto por manos destrozadas que se afanan por arrancarle la piel.
Plano cenital: Peralta y Muniagorri sumergidos en una mar de brazos semicarcomidos. Rápidamente desaparecen entre los cientos de muertos vivos que invaden la estancia.
Entonces se escucha el estallido de una escopeta. Luego otro. Finaditos volando en pedazos. Peralta y Muniagorri, cubiertos de sangre y con la ropa hecha jirones, comienzan a abrirse paso a los tiros y a los culatazos.
Muniagorri logra subirse a unos bultos.
Peralta se arrincona contra una pared cercana al fuego.
Muniagorri descubre que se quedo sin cartucho alguno, y comienza a buscar algo con que protegerse. Descubre una pala. Empieza a los palazos nomas.
Peralta, acorralado, tumba toda la estructura tipo parrillero con grill y Malenita al espiedo y el fuego se desparrama por todo el piso de la sala. Finaditos en llamas por doquier.
Muniagorri, entre palazo y palazo, descubre en una estantería unas cajas de municiones. Comienza a saltar entre bulto y bulto, entre mesa y mesa, para alcanzarlas.
Peralta trata de quitarse de encima a los finaditos en llamas pero son demasiados. Opta por meterse en la chimenea, todavía caliente por haber estado expuesta al fuego, y mientras se arrastra chimenea arriba se quema y tose y llora por el humo que lo ahoga.
Muniagorri pega un salto para alcanzar la estantería, pero los finaditos lo atajan en el aire. Sin embargo logra golpear la estantería haciendo volar a las cajas dispersando los cartuchos por el aire.
Peralta desesperado se arrastra chimenea arriba. Esta casi ahogado y el pasaje se hace cada vez mas estrecho. Entonces siente como un finadito en llamas se aferra a sus pies.
La puerta del sótano se abre y emerge Patricio, cubierto de sangre, y comienza a arrastrarse entre el quilombo de finaditos, mugre, sangre y las llamas.
Muniagorri, por su parte trata de zafarse de los finaditos a los palazos.
Entonces uno de los cartuchos estalla entre las llamas.
Estallido de finaditos.
EL finadito en llamas desgarra las piernas de peralta y le muerde los pies. Peralta chilla desesperado y trata de zafarse a las patadas, mientras trata de seguir arrastrándose por la chimenea.
Los cartuchos dispersos por el suelo estallan uno tras otro.
Finaditos y basura volando por doquier.
Muniagorri se afana por zafarse de unos finaditos y alcanzar un cartucho tirado a unos metros de distancia, en el fuego. Logra alcanzarlo. Sonríe con satisfacción. Entonces el cartucho explota en su mano. Muniagorri chilla del dolor y se mira desesperado y sorprendido lo que una vez fue su mano. Entonces un finadito se le cuelga a la espalda y le muerde el cuello. Desesperado, Muniagorri, lo golpea con su muñón. Un par de dedos todavía le cuelgan de la mano destrozada, y con cada golpe, el finadito trata de mordérselos, pero no llega.
Patricio lucha por arrastrarse entre el quilombo, tratando de esquivar los estallidos de los cartuchos y los pedazos de muertos vivos que tratan de atacarlo.
Peralta junta fuerzas y le da una patada con el talón en la cabeza del finadito en llamas. Este, por el golpe, pega el tarascón y le corta los dedos del pie que sujetaba. Peralta logra zafarse a los gritos y se escabulle chimenea arriba.
Muniagorri cae sobre unos bultos, y sobre una lona encuentra unos cartucho. Los agarra, carga desesperadamente la escopeta con una mano, se la apoya en el hombro, le mete el caño en la boca al finadito que le masticaba la oreja y dispara. La cabeza del finadito vuela por los aires. Muniagorri se vuelve, con el cuerpo del finadito como mochila y comienza a abrirse paso nuevamente a los escopetazos.
Peralta surge por el agujero de la chimenea tosiendo y llorando. Se echa agotado sobre el techo del rancho y trata de recuperar el aire.
Entonces una viga se parte.
Muniagorri levanta la vista y ve como el techo se le viene encima.
Peralta se levanta de un salto para evitar ser tragado por las llamas.
Muniagorri se vuelve hacia la ventana bloqueada y vuela los tablones de un disparo.
Peralta corre a toda velocidad tratando de no tropezar sobre el techo que se desmorona.
Muniagorri salta y cae fuera del rancho.
Peralta salta hacia un paraíso seco cercano. Se clava las ramas y se golpea contra el tronco. Cae al piso con un ruido seco “UFF”.
Muniagorri se levanta cansado y se vuelve, descubre entonces que todo el rancho esta en llamas y cayéndose a pedazos. Baja la vista y levanta una ceja sorprendido. Alza el brazo con la mano destrozada hasta tenerlo a la altura de los hombros. Una cabeza de un finadito esta masticando uno de sus dedos. Resignado la agarra de los pelos y pega el tirón. El finadito se queda con los dedos en la boca. Muniagorri ni se queja, sino que suelta la cabeza y cuando esta cayendo le pega una patada y la manda al medio del rancho.
Entonces escucha el grito de una voz humana a sus espaldas.

DOMINGUEZ
Zulema!!!!!!!

Domínguez corriendo desesperado directamente hacia el rancho.

DOMINGUEZ
Zulema!!!!!!!!!!!!!

Deja la caja de herramientas y su arma sobre el césped, y corre hacia el rancho en llamas, pasando al lado de Muniagorri sin notarlo casi.
Muniagorri descubre entonces, del otro lado, a Peralta bajo el paraiso. Avanza agotado y mutilado hacia el, todavía con el cuerpo del finadito como mochila.

DOMINGUEZ
Zulema!!!!!!! Zulema respóndame, Zulema!!!!!

Domínguez cae de rodillas llorando desesperado. Un par de finaditos emergen tambaleantes de las llamas.

MUNIAGORRI
Peralta?


PERALTA

Mmm.. Mu... niagorri?

Muniagorri levanta a Peralta y lo apoya contra el tronco del paraíso. Muniagorri se sienta a su lado. Se quedan mirando a Domínguez.

DOMINGUEZ
Hijos de puta!!!!!! Finaditos hijos de puta!!!!!

Domínguez agarra un tronco del piso y comienza a usarlo como garrote contra los finaditos. Estos caen, pero se vuelven a levantar. Son pocos y están destrozados y cubiertos de llamas.
Muniagorri le golpea el muslo a Peralta para llamarle la atención y señala con el muñón de su mano a Domínguez.

MUNIAGORRI

Este... este será... de los gringos, Peralta?


PERALTA

Sera...


MUNIAGORRI

Sera nomas...

Muniagorri levanta su escopeta y abre el caño. Vacio.
Baja la vista como cansado y resignado.
Entonces Peralta le golpea el muslo para llamarle la atención.
Muniagorri lo mira. Peralta mete la mano en el bolsillo y saca unos cartuchos. Se miran y empiezan a reírse.

DOMINGUEZ
Zulema!!

Domínguez a los palazos con los finaditos en llamas.

DOMINGUEZ
Zulema!!!!!!

Entonces uno de los finaditos estalla. Domínguez retrocede sorprendido.

PERALTA
Más... más para la izquierda Muniagorri...

Domínguez se vuelve y descubre a Peralta y a Muniagorri apuntándolo con la escopeta apoyada sobre las piernas.

MUNIAGORRI
Ahí, a ver?


DOMINGUEZ

No...

Las piernas de Domínguez estallan en pedazos. Domínguez cae de bruces chillando de dolor.
Peralta y Muniagorri se miran y se ríen satisfechos pero muertos de cansancio.
Los finaditos se abalanzan sobre el cuerpo de Domínguez y comienzan a desgarrarlo y a comérselo.
Peralta y Muniagorri, echados sobre el tronco del paraíso, miran el espectáculo satisfechos.
Entonces, una voz boba brota de la oscuridad.

MARTINCITO
Mama!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Peralta y Muniagorri se vuelven para descubrir a Martincito corriendo a toda velocidad hacia el rancho, cargando los bidones de nafta sobre un hombro y el machete en el otro.

DOMINGUEZ
Martin!!!!!!! Martin!!!!!!!!!!!!!!

Domínguez alza su mano carcomida hacia Martincito, implorando por ayuda. Martincito se choca a algunos de los finaditos, pero no detiene su carrera hacia el rancho.
Peralta y Muniagorri se apresuran a cargar otra vez la escopeta.

MARTINCITO
Mama!!!

DOMINGUEZ
Martin!!!


SEQUEIRA
Martin!!!

La voz de Sequeira retumba en la noche.
Martincito detiene su carrera y se vuelve.
Peralta y Muniagorri se paralizan y levantan su vista. Están pálidos y aterrados.
Sequeira se asoma al radio de luz que emana el rancho en llamas. En una mano, un bidón con nafta, en la otra, el paquete.

SEQUEIRA
Martin... vení para acá!!!


DOMINGUEZ

Sequeira!!! Sequeira ayúdeme!!!

Sequeira baja la vista hacia Domínguez.

PERALTA
(en voz baja)
Muniagorri... ahí esta Muniagorri...

Muniagorri esta completamente paralizado.

DOMINGUEZ
Sequeira!!! Por favor!!!


PERALTA

(en voz baja)
Ahí esta Muniagorri, dispárele... cargue y dispárele...

Muniagorri permanece inmóvil, mirando fijamente a Sequeira.
Sequeira levanta la vista de Domínguez desinteresado.

SEQUEIRA
Martin... vení...


MARTINCITO
Mama...


PERALTA

(en vos baja)
Aproveche que no nos vio, Muniagorri... dispárele... cargue y dispárele...

Muniagorri permanece inmóvil.

SEQUEIRA
Vení carajo!!!!


MARTINCITO

Mama!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Martincito se vuelve y desaparece entre las llamas.

SEQUEIRA
Martin!!!!!!


PERALTA

Cargue, carajo...

Peralta se apresura en quitarle la escopeta de las manos a Muniagorri y carga.
Clack.
Sequeira se vuelve sorprendido y descubre a Peralta apuntándolo con la escopeta, esforzándose por levantar el arma sin la ayuda de Muniagorri.
Peralta dispara.
Sequeira se cubre con los brazos como acto reflejo. Los perdigones hacen volar tierra a un metro de Sequeira.

PERALTA
Muniagorri!!!

Sequeira suelta el bidón y se desespera por buscar su revolver en el cinturón.

PERALTA

Ayúdeme Muniagorri!!!

Peralta dispara otra vez.
Sequeira vuelve a cubrirse con los brazos como acto reflejo.
Peralta falla.

PERALTA
Mierda...

Sequeira abre los ojos, descubre que esta ileso y mira hacia donde están Peralta y Muniagorri. Los descubre cansados, resignados y con el arma sin cargar.
Muniagorri se vuelve hacia Peralta.

MUNIAGORRI
Peralta...


PERALTA

Cagamos Muniagorri...

Sequeira sonríe y levanta su revolver. Se toma su tiempo para apuntar.

MUNIAGORRI
Peralta... soy puto, Peralta...

Peralta se vuelve hacia Muniagorri sorprendido.

MUNIAGORRI
Soy puto... me gusto...


SEQUEIRA

Putos de mierda...

Peralta y Muniagorri se vuelven hacia Sequeira.
Esta a pocos pasos de ellos, apuntándolos con su revolver. Sonríe.
Click.

SEQUEIRA
Ahora van a probar algo que les va a gustar...

Entonces el rancho estalla.
Negro absoluto.
Las ruinas del rancho, en llamas.
Cuerpos, maderas y porquerías desperdigadas por el campo

Deliración 280: Peralta & Muniagorri contra lo muerto vivo...

58.-
EN LA SALA DEL RANCHO:
Muniagorri se seca las lágrimas.

MUNIAGORRI
Malparido... Puto, yo?

Corre la trabita de la puerta del sótano, y empuja.
Patricio queda atrapado entre la puerta y la pared.

MUNIAGORRI
Puto, yo???!!!

El cuerpo de García se alza frente a Muniagorri y levanta sus brazos hacia el.
Muniagorri grita asustado, levanta su escopeta y dispara.
El cuerpo de García sale expulsado hacia atrás, saltando la escalera.
Peralta se sobresalta y se incorpora.

PERALTA

Muniagorri?!

Detrás de Peralta se alzan dos finaditos que lo abrazan.
Peralta grita histéricamente.
Muniagorri se vuelve.
En la sala, todos los finaditos comienzan a despertar, por último uno se asoma en primer plano frente a Muniagorri.

MUNIAGORRI
Mierda...

Corte a:
Pantalla en negro absoluto, silencio.
Un grito comienza a cobrar intensidad.

MUNIAGORRI
Peralta!!!

Deliración 277: Un tal Sutano - Parrafo 1.-

La culpa de todo cayó sobre un tal Sutano, un tipo entrado en años que, sin perder el tiempo, se alzó a la mierda con la guita, la droga, los diamantes, los microfilms, las minas y los novios de todos. Puto, falopero, pederasta, violador, comunista, menemista, radical, sindicalista, mujeriego, vago, atorrante, ladrón, chanta, corrupto, asesino, mentiroso y estafador. El mundo entero lo buscaba, pero el tipo no aparecía.


Continúa en: http://untalsutano.blogspot.com