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Deliración 308: Mi contribución a la causa.-

Semanas atrás recibí un mensaje de texto mientras regresabamos de aquella ciudad que no me vio nacer, pero como ne tenía muy buena señal -ni ánimos para redactar- olvidé responderlo sino hasta unos días atrás. Como resultado, una llamada inmediata: me invitaban a formar parte de un proyecto que casi se declaraba muerto. El día del amigo con derechos comenzaba a gestarse entonces, de manera no tan espontánea, pero sí improvisada, como debe ser, por cierto.

Discutimos, tiramos ideas y finalmente se me encomendó la tarea de grabar unos videos alusivos a la fecha, contando historias graciosas, concisas y con remates sensacionales. Como me considero totalmente incapaz de contar historias graciosas, concisas y con remates sensacionales; propuse grabar entrevistas peatonales para: a- evitarme la tarea de pensar historias graciosas, concisas y con remates sensacionales; y b- ir generando, al menos en los entrevistados y apelando al boca en boca, la incertidumbre y la curiosidad de lo que se haría con esos videos. El punto b fue aceptado unánimemente por el binomio gestor, mas el punto a fue rechazado -aunque, afortunadamente, ellos ya tenían ideas o al menos las improvisaron al ver que a mi no se me ocurría ninguna-.

En un lapso de 72hs grabamos y editamos 5 videos, de los cuales sólo 4 resultaron presentables y entre estos, sólo 2 eran realmente buenos -no por la calidad técnica del mismo, sino por la ocurrencia y el carisma de los entrevistados-. De tales fallas me hago cargo; aunque, avergonzado del resultado de mi trabajo, solicite se omitiera mención alguna sobre mi colaboración como realizador y se me acreditara, sencillamente, como asesor creativo.

A pesar de mi inoperancia e inutilidad, la campaña resultó un éxito y he aquí mi mejor contribución a la causa:



De más está decir que ése era sólo el ending de cada video.

Para ver más y/o alistarse, no tienen que hacer más que clickear aquí:

Deliración 305: Crónica de su apocalisis.-

Fue un miércoles, más o menos las nueve de la noche, cuando se cortó la luz. Era Noviembre y la humedad era insoportable. Creo que pertenezco a la generación que nunca conoció el mítico clima seco de Córdoba. Mi mujer estaba estudiando y yo estaba echado en la cama, mirando televisión. Como sólo estaba paseando por los canales, no me importo mucho; pero mi mujer puteó de lo lindo. Buscamos unas velas, hicimos de comer y charlamos un rato para pasar el tiempo. Nos acostamos temprano, a eso de las once. No había mucho por hacer. Ni siquiera lavamos los platos. Cogimos y nos quedamos dormidos.


Cuando nos despertamos, a las seis, ya habían cortado el agua corriente. Me cambié y salí para el trabajo. Los colectivos funcionaban normalmente con sus demoras habituales. La gente se quejaba. Llegué a la oficina y todos mis compañeros de trabajo estaban esperando en la vereda. Las cerraduras eléctricas no funcionaban y no había forma de entrar al edificio. Como no había llegado la gente de Recursos Humanos, nadie se animaba a voltear la puerta principal.


Volví a casa, pero mi mujer ya se había ido. Nuestros perros estaban enloquecidos. De alguna manera, ellos sabían lo que había sucedido. De alguna manera, yo supe también que ella había desaparecido.

Deliración 302: Y van 29...

El pis de los perros sobre las baldosas del patio había adquirido una viscosidad cocacolezca que se adhería a las suelas de sus pantuflas espolvoreadas por ese acerrín sintético que se llevaba el viento. El serrucho descansaba sobre la tabla de fibrofácil y sus brazos colgaban exhaustos y acalambrados por debajo del nivel de la silla. Se había propuesto hacer una maceta de madera forrada en papel adhesivo para protegerla de la humedad de la tierra y la lluvia. La idea era poner un poco de tierra y algo de césped para que los perros cagaran y mearan ahí y no por todo el patiecito del departamento. Sabía que era una solución temporal y que, tarde o temprano, aquella maceta se pudriría, pero no le importaba. Cada tanto se inventaba una tarea estúpida para rellenar el vacío de su vida.

Deliración 300: La morada a pedazos...

No hay luz y hay gas en exceso, los peldaños se parten, la baranda se suelta, la puerta no cierra, el calefactor no prende, la bacha no desagota, el agua fría se rebalsa por la cocina, la mierda inunda el patio, la panadería se prende fuego, el inodoro descarga en la ducha, el olor brota como vertientes cloacales por todos los desagües, y nosotros... nosotros insistimos en pagar el alquiler.