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Deliración 536 - Alternativo


_ ¿Así que vos también fuiste al acto?
_ Sí, me llevó mamá. Me parece que no quería ir sola.
_ Me hubiese llamado a mí...
_ Abuela, no empecés…
_ Pero es que de verdad me hubiera gustado ver a todos los chicos esos de nuevo. Tu mamá seguro que ni los conocía, en cambio yo los tenía en casa todos los días tomando la leche después de la escuela.
_ Sí, me dijo que no conocía a casi ninguno. Pero nos mandaron las fotos y aparecía papá… Yo nunca había visto ninguna foto de él en la primaria.
_ Debo tener alguna por ahí…
_ Vamos a buscarla y se las mandamos; hicieron un grupo de WhatsApp, me dijo mami…
_ Fijate ahí… Pero contame, dale; ¿qué tal estuvo la reunión? ¿Fue un acto? ¿Qué hicieron?
_ Sí, un acto en la escuela. Hablaron algunas maestras, pero no creo que hayan sido maestras de ellos. Después algunos de los compañeros y compañeras pasaron al frente también y hablaron... La mayoría hablaba de lo mucho que había cambiado la escuela en 25 años desde que terminaron la primaria.
_ 25 años ya… ¿Fue mucha gente?
_ Sí, bah… más o menos… Dijeron que muchos viven afuera, que a otros les perdieron el rastro y que un par no pudieron o no quisieron ir. El único que… bueno, el único... era papá…
_ ¿Y… y vos charlaste con alguno?
_ No, más que nada mamá… Pero un par se me vinieron directo a mí y me preguntaron por vos. Cordera y Tomasso, o algo así; te mandan besos…
_ Mariano y Franquito… Muy amigos de tu papá…
_ Me contaron un par de historias… que una vez se habían robado un cajón de gaseosas... no sé… se reían solos, como que estaban tentados y no paraban de reírse... pero estaban muy tristes… y medio chupados…
_ Y vos... ¿cómo te sentiste, nena?
_ No sé… bien… me gustaba escuchar esas anécdotas. Pero también me da un poco de bronca que toda esa gente que ni conozco tenga más memorias de mi papá que yo...
_ Pero vos todavía te acordás de tu papá, ¿o no?
_ Y no... no mucho… que era grande, muy grande… muy alto y gordo… que tenía feo olor a la mañana y que olía rico a la tarde… de la barba… me acuerdo de su barba, esa barba dura y esponjosa, como virulana… que me hacía cosquillas clavándome esos dedos gigantes que tenía y que me dolía, pero que yo me reía igual… me hacia reír mucho, de eso me acuerdo… Pero no me acuerdo de su risa, en las fotos está siempre serio…
_ Se reía mucho, tu papá… todo el tiempo. Era un payaso, nos hacía reír a todos…
_ ¿Y… cómo era de chico, abuela?
_ ¿De chico? ¿A tu edad?
_ No, más chico… de chiquito… en la primaria… o antes...
_ De chiquito… se la pasaba afuera... en el patio… hacía chozas…
_ ¿Chozas?
_ Sí, la vecina tenía un cañaveral y tu papá y los chicos estos, Cordera y Tomasso... y había otro más… Furrer... bueno, todos ellos y tu tío saltaban el tapial y le robaban cañas a la vecina. Después se subían al techo de nuestra casa y armaban chozas sobre la enredadera. Me hacían enojar, pero me causaba mucha ternura verles las piernas colgando entre las uvas de la parra… esos piecitos raspados y mugrientos. Tu abuelo les apretaba los dedos con broches de madera… los de colgar la ropa, ¿viste? Y ellos gritaban y se reían y levantaban los pies y los volvían a enterrar en la parra y el abuelo les gritaba “palometas, palometas come patas!” y les volvía a morder los piecitos con los broches de madera… Me... me acuerdo de su piecito… de ese piecito chiquitito. Tenía... tenía un lunar, mirá de lo que me vengo a acordar ahora... Tu papá… tu papá tenía un lunar en el pie… en la planta del pie… Un lunar horrible, hinchado, tipo verruga. Tu tío decía que era una garrapata y tu papá se largaba a llorar. A medida que fue creciendo, el lunar se le fue achicando… No... no me acuerdo cuando se le fue por completo...
_ ¿Qué pasa abuela?
_ Nada… que... pensaba que me acordaba de todo sobre tu papá… mi bebé... y ahora esto: la garrapata... Quién sabe qué más me estaré olvidando...

Su contribución es mi sueldo - Parte 2

Después de más de 2 años de gestación, finalmente vengo a parir una novela gráfica de la que me siento particularmente orgulloso:

Cosa'e gringos

Periplo de una migrante fortuita sobre esta porción de tierra fundada en la obra de rufianes, cafiolos y malacrías.

Textos e ilustraciones: Matías Brasca


Sirvase de conseguir una copia digital a través de este enlace:

https://leanpub.com/cosaegringos/ 


Deliración 535: Superman, portate bien

Hoy le tocó a Superman... no le dejaba comer:
- Puedo sentarme a comer?
- No, hoy no.
- Pero tengo hambre!
- Mirá, Superman; los superhéroes no comen hoy. Mañana, ¿sí?
- Pero tengo hambre hoy, estuve todo el día luchando contra el crimen.
- ¿Te estuviste peleando?
- Sí...
- Ay ay ay, Superman; compartí con Batman y no te pelees más
- ¿Puedo comer?
- Mañana...
- ¡Pero tengo hambre!
- ¡Qué los cumplas feliz! ¡Qué los cumplas feliz!

Deliración 534: Mapi

Las reglas no son claras ni explícitas. Me escribieron para recordarme lo que jamás me habían comunicado: los padres no pueden entrar a la escuela.
La acompaño y le explico. Ella sonríe, me abraza y abre la puerta: "chau, mapi; nos vemos más tarde!". Saluda a la preceptora voluntaria con su "goede morgen" latino y la preceptora se ríe con verdadera ternura.
La sigo desde el otro lado de la ventana. Se quita la campera a su manera, se la cuelga del hombro y empuja la otra puerta con el peso de su cuerpo. Noto su mirada concentrada, desinteresada y orgullosa; es tan hermosa, tan chiquita y tan grande. Entonces se pierde en el pasillo que la lleva a su aula.
Espío por las ventanas que están a mi alcance, pero no la encuentro. Doy vuelta a la cuadra y espero descubrirla en su aula. No llega... Supongo que se habrá quedado jugando en el camino.
Desisto, a casa. Le mando un audio a mi mujer para mantenerla al tanto... Decido volver. De nuevo, del otro lado de la calle, frente a las ventanas de su aula. Entonces la veo, juega con algo sobre una mesa, se vuelve a un costado y abre unos cajones muy altos. Revisa el interior confiando en su tacto. Saca algo, se ríe y vuelve a la mesa.
Ella está bien, yo tengo que irme.

Deliración 533: Emociones...

_ La idea es contar cómo nos sentimos. Por ejemplo: yo estoy muy contento porque hoy pude quedarme a jugar con vos, pero estoy triste porque a mami le duele mucho la cabeza... Ah, y antes me enojé porque Mali se quiso comer el pollo que estaba cocinando para mami.
_ Mi perrita?
_ Sí; Mali, tu perrita... a veces se porta mal y me hace enojar... Y vos? Cómo estás?
_ Yo estoy bien...
_ Pero cómo te sentís? Contenta, triste, enojada?
_ Contenta!
_ Por qué?
_ Porque Mali se quiso comer el pollo de mamá...

Deliración 532: Papi, no te vayas...

Llora manoteando el aire en el que se proyecta la voluptuosidad de mi culpa. No quiere quedarse sola en su nueva escuela; sola con sus nuevos maestros, maestras, compañeros y compañeras. Sola ante la novedad, indefensa ante ese gran desconocido y esa rutina monstruosa y apabullantemente aburrida (aunque esos son mis miedos, los reconozco). Sin embargo, nos asegura que le gusta... Pero mis terrores insisten: por las noches se revuelca en la cama y parece angustiada y habla y canta en su desconsuelo y nos llama y me llama... "Papi, no te vayas... Papi, estoy solita" y se duerme abrazada.

Deliración 531: De profundis...

A ver, gente, si se corren un poco del mundo que me molestan la vida... me interrumpen, interfieren; interferencia, eso: sólo son ruido... Ruido y espejitos de colores, y niebla... mucha niebla, niebla densa y espesa como un pedo podrido... Yo quiero hablar con mi hija, con mi esposa, con algunos de mi familia y con mis amigos; pero ustedes, siempre en el medio... Todos ustedes, tantos otros ustedes... Ven! Ya me distraen de nuevo! Corranse, callense; no jodan! Yo sólo quiero decir algo, decirles algo... A ellas, a mis ellas y a los míos, los que van conmigo: les amo, es eso; sólo eso... les quiero tanto... A mis ustedes particulares entre tanto resto general que no suma y sólo pesa... Lastre, eso; tanto lastre y tanta mugre... Tantos otros otros... Me desconcentran con sus pretensiones... No me contagien de sus sueños ni me entrometan en sus ambiciones... Desistan de reclamarme para sus soledades y sus vacíos, dejen de celarme y de desperdiciar nuestro tiempo y desviar la atención que prefiero hacia misotros... No me interesan ni somos afines... Sólo logran confundirme; y me confunden tanto que ya no sé con quiénes estoy hablando...

Deliración 530: Milonga del que siente lástima de sí mismo

La mía es una vida de penas triviales, ¿para qué voy a andar mintiendo? La mayoría fruto de medriocres conflictos de intereses (algunos propios, otros ajenos), pero sin muchas verdaderas tragedias, digamos; aunque no por eso menos lacerantes... Ninguna muerte temprana, ni enfermos, ni tullidos; sólo mucho inconformismo y dependencia. Cada cual duele a su modo y como puede. Yo soy de esos que se la rebuscan para afligirse, bastante gauchito pa'la queja.

Deliración 529: La peor de las noticias...

Ella se revolcaba contra la ventanilla, ovillada desesperadamente sobre el asiento del acompañante. Él trataba de consolarla, pero el cinturón de seguridad le impedía alcanzarla y sus dedos apenas rozaban sus mejillas. Ella gritaba varicosamente, estrangulando cuello, sienes y mejillas; desgarrando sus labios a latigazos mientras ensaunaba el auto con el hervor de las lágrimas. Él se atrofiaba ante tanta impotencia, asfixiándose en la vergüenza de no ser más que un hombre... sin siquiera poder ser el que ella esperaba y, mucho menos, el que ella necesitaba en ese ahora fulminante.

Estaban mal estacionados frente a la clínica del médico de familia, cruzados sobre las siluetas blancas y azules dibujadas contra el pavimento. Se ve que habían amagado a arrancar, pero la estampida del calvario arremetió contra su represión Calvinista en ese exabrupto silenciado por la aislación térmica del vehículo.

"La peor de las noticias", me dije mientras caminaba frente a ellos, despacito, hacia la bicicleta en la que había dejado una de las muñecas de mi hija. Traté, pero no pude dejar de mirarles y proyectar... y de repente presentir el vértigo ante un abismo inimaginable. Metí la cabeza dentro del cajón de madera, corrí los almohadones y las correas; y alcé la muñeca mugrienta de arena. Tanto dolor, tanta pena... y tanta suerte, la nuestra.

Deliración 528: Trompetita

Creo que se empecinó en ponerse de pie sólo para poder bailar a su manera, girando trompísticamente y quebrando la cadera en paréntesis tan extremos que parecen más bien signos de mayor y menor; cerrando los ojos y compenetrándose, asintiendo en trance y alzando los brazos: confiando en que la música la va a atajar.

Deliración 527: Gran promo, gran...

Cerré los ojos y de repente era tres, éramos tres, yo era tres; tres personas que no distinguía, que cambiaban, cambiaban constantemente; eran otros, éramos otros, yo era otros: unos otros en una transmutación constante... ¿versiones de mí? ¿de mi pasado, presente o futuro? Entonces, uno de barba, atlético y bien vestido se alzó entre el resto y mantuvo su identidad lo suficiente como para sonreirme, confiado y canchero; y, de repente, esa certidumbre aterradora: mi padre lo reconocería... a él, a ellos, a mí... si yo fuese otro (cualquiera de todos esos tantos otros, quiero decir), mi padre me reconocería...

Deliración 526: La infelicidad como estilo de vida

Algo que es cierto y comprobable, es que el 22 de agosto de 1979 nació en Rosario un tipo que eventualmente tipeó todos estos caracteres despreciando así cualquier otra posibilidad que se le hubo presentado en ese transcurso, definiendo así el destino de su vida por lo que restaba de la semana. A partir de entonces, como es costumbre, fue plausible de hacer cualquier otra cosa (o repetir lo mismo)... o quizás no. La incertidumbre ante tanto potencial es la que nos mantiene ansiosamente entusiasmados en esto de vivir con miedo a equivocarnos, desperdiciarnos y arrepentirnos.

Deliración 524: Lastimero viejo y peludo

Supongo que querrían protegerle viéndole tan indefenso e insistiendo en etiquetarlo como distinto al resto, especial y raro, tan poco capaz de mezclarse y de adaptarse, convenciéndole de que su desinterés era sumisión, que su apatía era timidez y su vocación, capricho. Supongo que no tenían malas intenciones; sino, por el contrario, las mejores. Supongo que sólo estaban proyectando su propio desamparo ante tanta distancia del tótem. La cosa es que, con tanto miedo ajeno, creció con vergüenza y culpa, y el colapso de las estructuras fundamentales boicotearon sus pulsiones. Así fue que, para justificar su incompatibilidad, buscó extranjerizarse en otros pagos; sin embargo, todavía le cuesta administrar su placer y tasar su existencia. Ergo, aún no sabe si vale la pena.

Deliración 523: Reclamos

Por un lado...

¿Por qué no me dedicaste mucho tiempo?
¿Fue algo que notaste en mí? ¿Algo que sobraba? ¿Algo que faltaba? ¿Algo que fallaba? ¿Acaso era tan aburrido?
¿Fue por culpa de alguien más? ¿Alguien que te reprimía? ¿Alguien que te alejaba? ¿Alguien que te requería? ¿Alguien que te cautivaba?
¿Fue por algun otro motivo? ¿Por trabajo? ¿Por necesidad? ¿Por instinto? ¿Por costumbre?
¿Por qué tanto de este sentir que no valgo la pena?

Por otro lado...

¿Por qué me dedicaste tanto tiempo?
¿Por qué no rehiciste tu vida? ¿Por qué no seguiste tu rumbo? ¿Por qué me tomaste como excusa? ¿Por qué hacerme responsable de tu estanque?
¿Por qué no fuiste mas egoista?
¿Por qué esa necesidad de sobreprotegerme? ¿De hacerme sentir indefenso? ?De burbujearme? ¿De asfixiarme?
¿Por qué tanto de este sentir que no puedo valerme por mi mismo?

Deliración 522: Hasta los huevos...

Inspector y compañero tomando café en vereda de bar. Gritos. Se vuelven sorprendidos. Vidriera de fiambrería contigua se esquirla. Cabeza de compañero estalla (ruido de sandía aplastada bajo rueda de auto). Inspector se escuda con mesa de plástico y desenfunda chumbo. Cuerpo de compañero cae a su lado. Se miran. No se escuchan disparos, pero gente se derrumba muerta o herida. Inspector coordina. Gente intenta acatar órdenes y busca esconderse como sea. En vereda de enfrente no hay herido alguno, sólo gente corriendo. Inspector alza vista, busca entre ventanas. Sospecha de tres. Descubre cañón de rifle asomándose entre cortinas de cuarto piso de edificio número 2124. Tirador dispara. Evita que gente escape. Pastorea. Cinco oficiales se acercan corriendo. Tirador dispara. Inspector coordina, cruza calle y entra a edificio junto con tres oficiales sobrevivientes. Oficial 1 sube por ascensor; inspector y resto, por escalera. Detienen sospechosa 1 que está bajando desde segundo piso. Oficial 2 se queda con ella, la somete y reduce. Llegan a cuarto, oficial 1 está esperando. Hay tres departamentos, uno con puerta abierta. Se meten, está vacío. Junto a ventana encuentran rifle. En piso, bomba estereotipo con reloj despertador y todo. Inmovilizados por pánico. Inspector... Inspector inconscientemente ecualiza su cognición y anula el ruido del mundo, sólo oye la respiración de los oficiales 1, 3 y 4 (a pesar de que éste permanece en el pasillo). Pero no le interesa... no oye la suya. Se concentra. Su respiración, su corazón... ¿dónde están? ¿por qué no los escucha? ¿Por qué no los siente? Escucha los otros, pero ¿dónde los suyos?  ¿Los suyos? Martita, los chicos... Los ve, los oye, los siente... Sus gritos, sus llantos, sus quejas, sus risas, sus voces... Ellos... Sus ellos y él... Su vida... Su legado... Su memoria... Ser sólo un recuerdo, nada más... Entonces oye su corazón contundente como una estampida y su respiración caliente... expirando... Inspector... Inspector reacciona. Levanta bomba y arroja por ventana. Oficiales se miran sorprendidos. Bomba estalla. Edificio se sacude y cimbronazo desparrama policías por piso. Lluvia de vidrios y escombros. Gritos, gritos desesperados. Alarmas. Inspector se levanta, mira a oficiales. Están bien, todos están bien.

Inspector coordina: "Vamos a tener que inventarnos algo rápido y ponernos de acuerdo", dice tratando de controlar temblor en rodillas, "porque estamos hasta los huevos, muchachos..."

Deliracion 520: Ofendido

_ Me gusta coleccionar cosas… souvenirs, digamos. Cosas que me recuerden lugares, personas, momentos… Bah, no; que me recuerden no… No tengo problemas con la memoria; yo no me olvido de nada ni de nadie… Los souvenirs son para, no sé… Para mantener presentes a esos lugares, a esas personas… Para mantenerlos tangibles, ¿no? Reales… Más que para revivir esos momentos son para saber que fueron ciertos, eso… Me sirven para saber que estuve ahí; que yo estuve ahí y que no lo inventé, ni lo imaginé… Muchas veces confundo las cosas, tengo una imaginación muy vívida… Como que mi fantasía es muy cotidiana; y bueno, me confundo… Yo recuerdo todo, incluso mis sueños y los sueños que tengo despierto… Todo lo que ocurre y todo lo que se me ocurre… Yo lo recuerdo todo... Y por eso estos souvenirs son tan importantes… Mi colección, mi vida…

_ ¿Y eso es algo que supuestamente diría yo?

_ Sí, más o menos… Coloquial, pero con estilo…

_ Yo jamás diría algo así…

_ Pero eso no importa…

_ ¿Ah, no?

_ No, porque vos sos la inspiración, y yo te reinvento…

_ No entiendo…

_ ¿Qué no entendés?

_ Todo… Esto… ¿Qué es esto? ¿Un cuento? ¿Qué querés contar de mí?

_ No, más que cuento es… no sé… yo lo veo como una poesía casi, pero en prosa… un ensayo poético, eso…

_ No entiendo porqué… ¿una poesía? ¿Me estás haciendo el levante?

_ No, no; nada que ver… no es sobre vos…

_ ¿Cómo que no es sobre mí? Si me dijiste que escribiste eso sobre mí...

_ No, es que vos me diste la idea… Como el otro día contaste lo de tu colección y demás…

_ ¿Mi colección? ¿Qué tiene de raro mi colección? ¿Qué tiene de raro juntar cosas? Todo el mundo colecciona cosas… Vos coleccionas revistas; historietas, me dijiste… ¿Qué te importa que yo coleccione mis cosas? ¿Qué tiene de malo? ¡Nada! ¿Por qué vas a escribir algo sobre mí? ¿Qué me querés decir? Que soy raro, ¿eso me querés decir? Yo no soy distinto; ¡yo no soy raro!

_ No, pero no quise decir eso; no pensé que te iba a molestar… Es algo que escribí, nada más…

Deliración 519: Sereno 19

Manolo Dalma, el fiscal a cargo de la investigación, deja el informe sobre su escritorio. Pasa la mano sobre las gruesas carpetas que contienen todas las fotos y los reportes periciales. Kilos de papel, litros de tinta. Hace una mueca, suspira y alza la vista hacia Sergio Galván, el inspector adjunto.

_ Mire, Galván; todo bien con el taller de escritura que está haciendo, pero no le puedo mandar un informe confesional así al juez y usted lo sabe... Ya lo hablamos a esto...

Galván baja la vista un poco avergonzado y otro poco ofendido.

_ Bueno... es... es un borrador, digamos... El tipo ya firmó, pero...

Comienza a rumiar una disculpa, pero a medio camino se arrepiente y decide arriesgarse:

_ ¿Pero por lo menos le gustó?

Dalma resopla y mira para un costado, pedaleando con su pie derecho para calmar la ansiedad; aunque en realidad se trata de un gesto adquirido por la costumbre. Galván, de repente, anticipa una puteada; comienza a transpirar sus manos y se le seca la graganta. Sin embargo, Dalma lo sorprende con una sonrisa complice:

_ Sí, Galván..._ musita Dalma_ Me gustó mucho...

Deliración 518: Sereno 18

Luciana mentía. No estaba sola ni estudiando; sino que miraba televisión mientras Andrea lavaba los platos. Los gritos llamaron la atención de Mónica que estaba jugando un solitario en el comedor del 4to B. Se asustó y fue a buscar a Sabrina que estaba aislada por su auriculares editando un video. Despertaron a Lorena, quien a pesar de su resaca mandó a Mónica a llamar al sereno de turno. Por su parte, ella y Sabrina decidieron llamar a la puerta del 4to A.

Mónica no encontró sereno alguno en la planta baja, pero se cruzó con Augusto que volvía de básquet. Juntos volvieron al 4to. La puerta del ascensor se abrió y lo descubrieron desnudo y barnizado en sangre, pelos y cuágulos. Trataron de evitar que abriese la reja corrediza, pero la desencajó con el peso de su cuerpo. Mónica se zafó del bloqueo y saltó fuera de la cabina. Trató de seguirla, pero Augusto cerró la puerta corrediza y embretó sus manos. Mónica resbaló y cayó por las escaleras, pero pudo levantarse en el entrepiso y continuar su fuga.

Augusto trató de zafarse, pero el acusado le apuñaló con los pedazos de espejos que estallaron en el frenesí del forcejeo. Parte del cristal se partió dentro de la cavidad de su ojo y, al bajar la guardia, le abrió la garganta. Augusto cayó de rodillas y se arrastró hasta su departamento. Luciana estaba desnuda en el medio de la habitación, sus piernas abiertas y el interior de su cuerpo desparramado sobre sus pechos. Lorena, aún en pijamas, estaba acurrucada contra la pared contra la que le había machacado la cabeza. Sabrina lloraba cubriéndose el torso desnudo. Sus piernas estaban dobladas de manera poco natural y no podía moverse; sólo lloraba un llanto mudo y agudo. El cuerpo de Andrea, embutido en ropas y abatido sin mucha violencia, asomaba detrás de la mesa; sus manos aún sujetaban un cuchillo con el que no había logrado defenderse.

El acusado intentó seguir a Mónica, pero desistió y volvió al depto. Pateó el cuerpo de Augusto dentro y trabó la puerta a sus espaldas volcando una de las bibliotecas encima. Clavó su mirada en Sabrina, le bajó los pantalones a Augusto y lo penetró a gritos, bombeando la sangre del cuerpo que se surtía a chorros por el garguero. Entonces comenzó a llorar y lloró desconsoladamente. Se desacopló de Augusto y dejó ver su miembro flácido, inútil y mugriento. "No sirvo para nada", se confesó y se acercó a la chica pretendiendo una sonrisa. Le apartó las manos de sus senos y le acarició los pezones. "Arrancarlos... como pétalos...", murmuró. Le secó las lágrimas y metió el pulgar bajos sus labios para sentir sus dientes, presionando sólo apenas. "Puedo partirlos... y obligarte a que los tragues". Se sumó al llanto. La abrazó y buscó consolarla y consolarse, pero pronto se cansó del tierno rechazo de Sabrina.

Comenzaron a golpear la puerta y la barrera que había improvisado no soportaría demasiado. Se levantó, tomó el cuchillo de las manos de Andrea y se arrancó un testículo. Se volvió a Sabrina y se lo ofreció. Ella trató de escaparse, pero la parte inferior de su cuerpo seguía sin responderle. Él insistió entre lágrimas y presionó su criadilla contra sus labios.

Entonces abrieron la puerta.