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Con un consistencia ligeramente antropomórfica se presentó a sí mismo con confianza, alzando la mano, esa mano mantecosa que apreté con fuerzas y que no pude derretir. Dijo llamarse Ismael, como si eso importara, y avanzó con ese caminar tan particular y tan típico de él. Llegó hasta el sofá, se sentó y cruzó las piernas. Me descubrí entonces soluble, intangible, entre líquido y gaseoso. Aceitoso. Resbalé entre mis ropas y encharqué el piso. Traté de arrastrarme, pero sólo alcancé a chapotear en mí mismo, salpicándome por todas partes. Evaporándome. Sentí cómo me aspiraban y me lamían del piso y me chupaban de la alfombra. Sus fosas, sus dientes, su lengua y su epiglotis. Hizo gárgara y me escupió en la piletita del baño. Después, simplemete, abrió la canilla y dejó correr el agua. Supongo que entonces se habrá mirado al espejo y sonreído. ¿Quién sabe?Matsuo
Cuando chico, cuando muy, muy chico, alzó la vista al cielo y descubrió un avión a chorro trazando un renglón en el cielo. Se quedó un rato esperando que alguien escribiese algo, pero nadie amagó siquiera a sacar un lápiz. Y él, que apenas si garabateaba unos roñosos mi mamá me mima y ya leía unos exitantes pim, pam, pum, las palas al piso; se quedó con las ganas.Matsuo
Cuando lo pensé, me pareció gracioso. Cuando lo dije, me resultó estúpido. Cuando lo expliqué, me noté agresivo. Cuando me excusé, me descubrí patético. Cuando me echaron, me tomé una Coca.Matsuo
Había dos descargando el camión y otros dos sentados en la vereda. Ninguno hablaba. Cada uno estaba compenetrado con lo que hacía, llevando a cabo su tarea con sumo cuidado. Si uno se llamaba Fernando, cuál de los cuatro se estaba rascando los huevos?Matsuo
Machadito y filosófico dejó el vaso sobre la mesa, se agachó, alzó a su compañero y lo llenó de besos._ Hermano, si no fueras perro, _dijo con los ojos llenos de lágrimas_ serías un petiso tan feo... tan feo, hermano...Matsuo
Estoy cansado de fingir, pero no me queda otra alternativa se dijo a sí mismo el morocho grandote de anteojos avergonzado de andar siempre escondiendo su traje azul con esa ese gigante en el pecho. Se llamaba Luís Alberto y tenia 48 años.Matsuo
Te estaba esperando, esperando que llegués y te sentés ahí o donde te sientas más cómodo, no me importa, sólo me importa que estés, quería verte, verte otra vez, una vez más, una última vez, verte y no ver nada más y que me veas, veas lo que soy, que sepás lo que fui, que seas conciente de lo que hiciste, en lo que me convertiste, vacuo, aparente, simulado, con perro y sin zapatillas… lo que quiero es que me quieras o que por lo menos te duela.Matsuo
Sé que estábamos peleando, revolcados sobre la tierra y los cascotes, mugrientos y lastimados, con cortes y raspones, cubiertos de polvo de ladrillo, arena y sangre, y transpiración en los ojos y su mano en mi garganta y yo tratando de zafarme y atajarle los puñetazos, pero nunca supe como fue que de repente apareció un cuchillo en mi mano derecha, o talvez era un pedazo de vidrio o de chapa con mucho filo, entonces lo agarré de los pelos con mi mano izquierda y sentí los puñetazos y como mi nuca rebotaba contra el piso y los cascotes, y alcance a ver como el cuchillo o el vidrio o la chapa atravesó su cuello y como se llevó las manos a mi mano y yo seguí tironeando y desgarrando hasta abrirle la garganta y así saqué el cuchillo o lo que sea y me bañó en sangre y empezó a gritar con esos gritos guturales, roncos y gargáricos y me lo saqué de encima con una patada y me alejé arrastrándome y él se quedo revolcándose, solo, entre la mugre, los yuyos y los cascotes.Matsuo
Sus manos eran ya demasiado grandes, la pieza demasiado chica y por más que quisiese ya no podía jugar más. Los juguetes ya no tenían vida, sólo eran pedazos de plástico antropomórficos o cuadrados o en comba, partecitas de un algo que quién sabe qué fue, animalitos muy duros y muy grandes, soldaditos demasiado blandos y pequeños, motitos, autos y camiones y un avión blanco de plomo, chiquito y pesado de Brigada A, pero no recordaba ningún avión en Brigada A, salvo cuando lo dopaban con leche a Mario Baracus; como tampoco se acordaba de dónde habría quedado la camionetita negra, esa que doblaba antes de llegar a los bordes. Se había olvidado y ya no podía imaginárselo siquiera.Matsuo
Que trata del pobre tipo que en medio de una película le preguntaron por qué pasaba lo que pasaba y que en vez de responder con una trompada, interrumpió su catarsis, despertó de su trance, analizó rapidamente la situación y emitió una conclusión temprana e inevitablemente errónea y estúpida como quedó demostrado pocos segundos después por la propia película lo que determinó que al tipo no sólo le rompieran los huevos, sino que también se sintiese un pelotudo.Matsuo