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Deliración 438: 3 de 3...

Tipeó su nombre, el de ella, basado en una constante de belleza estadística, resultado de una muestra total de dos sujetos anteriores. El sistema devolvió su contacto (el de ella) entre otros no tantos ni tan diversos, y la mera curiosidad locativa hizo que lo seleccionara (a ése, tan único, temporal y volatil como el resto) con un doble click y le escribiese un hola sencillo y un cómo andás apenas cordial. Esa ella, la de ese entonces, la de ese lugar, respondió minutos más tarde de manera escueta, pero retrucando con la misma pregunta y agregando unos dos puntos con parentesis. Quizás fue la sorpresa de la gestalt, pero, de alguna manera, la charla se extendió durante horas, casi toda la noche y luego por meses y consecuentemente por años. Hubo otras, es cierto, resultado de busquedas similares; pero hubo algo en ella o quizás en él, en esa ausencia de contacto, en la insistencia de ambos, en los chistes y el silencio... algo... Quién sabe? Quizás haya sido sólo su nombre, el de ella, el mismo de las otras, tan estadísticamente hermoso que resultaba imposible no enamorarse.

Deliración 437: Lo que pasa...

Lo que pasa es que yo antes no tenía obra social, o sea, tener, tenía, pero allá era distinto, lo teníamos al doctor Gómez o teníamos el hospital a unos veinte kilómetros, pero bueno, no sé si usted lo conoce al doctor Gómez, me imagino que no, no sé, pero bueno, a mí no me gusta hablar mal de la gente, pero bueno, a mí me parece que el doctor Gómez mucho no sabía porque cada vez que se le complicaba la cosa nos mandaba directo al hospital, así que al final íbamos directamente al hospital, pero bueno, la cosa es que desde que me vine a vivir acá, me cambió la vida y con el trabajo éste nuevo que conseguí me dieron está obra obra social que me cubre de todo y bueno yo aprovecho porque es gratis y de paso me hago revisar de todo no vaya a ser cosa que tenga algo que no sabía, y bueno, la verdad es que es mi primera vez en esto de la terapia, así que no sé bien qué es lo que tengo que decir, pero yo más o menos algo averigüe y me dijeron que tenía que venir y contarle mis problemas, pero la verdad le digo, yo muchos problemas no tengo, si la verdad es que estoy chocho con el trabajo éste nuevo que tengo y la obra social, porque me cubre de todo, el dentista, los médicos, todo, hasta los remedios me cubre, así que yo estoy chocho, de verdad le digo, estoy chocho, no sé, yo vine porque es gratis, porque es gratis, no? y bueno, entonces, cómo no voy a aprovechar? ocho sesiones tengo gratis, pero bueno, usted dígame si yo por ahí hablo demasiado, porque la verdad es que cuando me embalo, me embalo y no paro, medio que no me doy cuenta, pero por ahí un poco sí y veo que la gente se aburre y se pone incomoda, y como que se quiere ir, como que les molesta que hable tanto, pero yo no lo hago a propósito, yo sólo quiero charlar, conocer gente, pero nadie me dice nada y yo veo que la gente me esquiva, no sé si a usted le pasa, pero es una sensación muy fea, y bueno, me siento solo, eso es lo que pasa.

Deliración 436: Ya no sé dormir...

Puta, qué pasa? Me faltan palabras, las olvido, no las recuerdo; las pierdo, es eso: no las encuentro. Explotó algo dentro de la pared, como un cintazo. Se movió la habitación, pegó un estirón, o quizás tenga cólicos. Ahora es un mosquito que zumba, se acerca y calla todo. La casa deja de respirar, expectante. El silencio, es eso: la oscuridad y el silencio. Está chupándonos sangre, estoy seguro, pero aún no lo siento. Llueve, comienza a llover de nuevo, taquigráficamente; y comienzo a sentir picazones en todo el cuerpo. Me rasco y me enroncho, es eso: ardo y me irrito. Me escucho, oigo la fricción de mi cuerpo y la cavitación de mis pulmones, la gelatina efervescente de mis flemas. Me seco, se me agrietan las aristas y sangro por las bisagras de los codos y las rodillas. Me acaricio el bigote y juego con la barba. Puta, qué quería decir?
No sé, ya no me acuerdo.

Deliración 435: Por las noches...

Caminabamos por las noches; caminabamos mucho, quizás demasiado. Había que mantenerse en movimiento; la paredes oían y era la única forma de confundirlas. Sabían, todos sabían quiénes eramos; pero nadie qué hacíamos ni hacia donde íbamos. Creo que simplemente nos acompañabamos; cada uno sufría la adolescencia de una manera distinta. A mí me criaron para ser lo que no soy, avergonzado de lo que era; y hoy, ni uno ni lo otro. Cada uno tiene sus anclas y yo mi apellido, el nombre de la familia. Caminabamos por las noches, haciendo ruido del silencio; charlando, sobrios y arrastrando las cadenas. Recorrimos todos los rincones de esa Rafaela de los noventas. Alguno habrá estado buscando algo; yo, creo, me estaba despidiendo.

Deliración 434: Humilde...

'En mi memoria hay tantos otros, yo sólo quiero que alguien se acuerde de mí', se dijo y procuró modificar la fecha de cumpleaños en su perfil de Facebook sólo para recibir saludos semiprogramados cada dos o tres meses; y es que con eso le bastaba.

Deliración 433: Aquí estuvo, sí...

Y esa voluntad acostumbrada a autografiar los espejos y vidrios de su vida con el vapor de su aliento; los de tantos autos y tantos baños, los de tantas, pero tantas casas y departamentos, y los de la universidad y el colegio; y de repente la memoria de su mano empapada en tempera certificando su existencia primaria y primitiva sobre las paredes prefabricadas de esa casita enana y perdida en el patio de un jardín de infantes. Había sellado su apartirdentonces con un azul brillante que jamás alcanzaría. Y olió el piso embarrado de moras y orina, y vio las hamacas y los caños de desagüe pintados a lunares, y más allá una huerta seca y el alambrado cercándolo todo, separándolo del mundo, alejándolo del resto. Una burbuja, pensó, y miró sus dedos gordos y los cerró en un puño hinchado, como un globo amatambrado; apretando, apretándolo para que se reviente.

Deliración 432: En la ciclo-vía del parque, bajo los paraísos...

Sonreías con la mirada y no con los labios; eras una sorpresa constante. Eras rara, demasiado. Callabas mucho y te gustaba jugar con mis manos. Me calzabas tus auriculares y te empeñabas en musicalizar mis paseos... o es que acaso tarareabas o cantabas o es que acaso me sonreías normalmente y sólo me acariciabas, como si fuese una mascota... o es que acaso sólo me limpiabas y me bañabas y me paseabas. Era tu trabajo, sí, y duraste poco; pero se te extraña tanto. No recuerdo mucho... en general, me refiero; y sólo te reinvento para mantenerte conmigo... es una disciplina, como tratar de mover los dedos, tratar de alzar las piernas, masticar, respirar y tratar de no llorar demasiado.

Deliración 431: Al menos una vez...

Y el pulgar sobre el carozo de la tráquea, presionando con firmeza, impaciente, y su sonrisa, la sonrisa del otro, contundente y satisfecha, dejando entrever el placer de su discurso: 'importé tanto... tanto que tuviste que matarme... matarme para mantenerte con vida'; y ese saber de un tiempo más sencillo, y de eso apenas sólo unas semanas; un cuando en el que todo estaba definido, rotulado y ubicado; un tiempo de contrastes funcionales y pragmáticos; mas la culpa de entonces, ese entonces, ese hoy, ese ahora de grises indefinidos, de ruinas y muertes, y esa decisión involuntaria e instintiva, y la furia y tanto odio, y su dolor, y esa ausencia siempre tan presente; y ese ruido destapando una garganta, efervescente y desbordada, y el tacto de las vértebras, y las cosquillas de los nervios; y esa urgencia casi venerea, y esa necesidad tan sincera: 'Necesito que sufras... que al lo menos una vez sufras...'

Deliración 430: Y un día ya no estuvo más...

'Vos', dijeron y lo señalaron entre los demás, entre tantos, entre todos; con sus dedos largos, retorcidos y chorreantes de cuero; con esas uñas negras, moluscosas y enruladas; desde su altura, allí arriba donde el aire dolía y apestaba. 'Sí, vos', ratificaron ante la duda, sorpresa y falsa modestia del elegido que se volvió incrédulo hacia el resto, alzando los hombros como sin saber la causa, balbuceando excusas idiotas ante la envidia de la que comenzaba a gozar, tropezando a propósito para levantarse digno, demorando lo inevitable casi por pura formalidad y etiqueta. 'Dale, boludo', rugieron, y fue lo último que se supo de él... y a nadie le importó demasiado, la verdad.

Deliración 429: Pueyrredón al 408...

Es injusto saber que la casa donde crecí ya no me pretenece. Sé que me dejé varios recuerdos enterrados en el patio, pero no puedo asegurarlo ni mucho menos confirmarlo. La abandonamos con el pasto crecido, salvaje y enyuyalizado hasta la cintura; y a veces me descubro soñando con la cortadora eléctrica, tan amarilla y oxidada, haciendo un esfuerzo descomunal y afónico por avanzar entre esa gramilla mutante. El humo del motor quemándose, y la pausa, y una predisposición a ordenarme, y re-comenzar por los bordes, de a poco y tranquilo, como re-planteándome el sueño y el proyecto; pero nunca lo veo concluido. Recuerdo entonces un agujero en el tapial del fondo que daba a la casa de unos vecinos que jamás conocí. Sólo sé que tenían un laurel enfermo, mugre y tortugas. Supongo que la pregunta que me hago es qué recordarán de mí, ellos...