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Deliración 41: Sus antojos.-

Lo despertó durante la madrugada.
Otro de sus antojos.
Ya lo tenía podrido.
Se levantó, se vistió y partió.
Bajó las escaleras, salió a la calle y estornudó.
Se sopló los mocos con los dedos, se limpió con la manga y se fijó que nadie lo haya visto.
Efectivamente, no había nadie.
Hacia frío y andaba desabrigado. Continuó estornudando por un par de cuadras hasta que optó por putear en voz baja.
Llegó a la panadería, agarró un cascote y lo tiró contra la vidriera.
Salió corriendo, se metió en un callejón y trepó por una reja.
Pateó una ventana, camiseteó al viejo que se estaba levantando de la cama y le calzó dos bollos.
Saltó el tapial, pateó un perro y se perdió por calle Chaco.
Dobló la esquina, aminoró el paso y se metió en el edificio.
Llegó transpirado, se quitó la ropa y se metió en la cama.
_ Gashiash…_ dijo ella.
Lo abrazó, le besó debajo de la oreja y se durmió.
Él trató de dormir pero no pudo. Estornudó.
Todas las noches lo mismo. Puteó bien bajito.
Ella y sus antojos.


Matsuo

Deliración 40: Juan Carlos.-

Juan Carlos era petiso, chiquito… minúsculo. Tan chiquito que cabía en los bolsillos y hasta en las cajitas de los cigarrillos. Como comer, comía poco, apenas unos granos de arroz y un par de arvejas en el almuerzo, las migas embadurnadas en mermelada o dulce que encontraba sobre la mesa eran su merienda y algún dado de queso o un pochocho o un maní le bastaba para una picadita. Eso sí, todas las noches se comía una costeleta. Era gordo, gordito, bah… redondito como una pelotita de ping pong… y además borracho. Cómo le gustaba chupar a ese Juan Carlos. Me acuerdo que se agarraba unas mamúas bárbaras y se mandaba unos destrozos en la jaula del hámster de los chicos que ni te cuento. Era agresivo. Chupado o sobrio, no importa… era agresivo igual. Un tipo muy resentido, sabés? Saltaba por cualquier cosa. No se podía hablar con él. No razonaba, gritaba. Por las noches lloraba, pero si te acercabas para ver como estaba, te puteaba. Él era así. Y el que siempre cobraba era el pobre hámster, hasta que un día se pudrió y se fue. Entonces la cosa se puso peor. Juan Carlos lo rompió todo. Los platos, las tazas, los juguetes de los chicos… hasta los adornitos esos de mierda que tenía mi mujer arriba de la repisa aquella rompió. Se subió y los tiró todos a piso. A la noche no nos dejaba dormir y al mediodía o a la tarde nos desenchufaba el televisor. Se volvió maldito. Ya no lo aguantábamos más, y mirá que yo tengo paciencia, eh, pero cuando me pudro, me pudro. Así que agarré y lo pisé. Sí, lo pisé, qué querés? Me tenía podrido. En casa nadie me dijo nada, ni siquiera los chicos. Por las dudas les compramos otro hámster, no? Les dijimos que era el mismo de antes, que había vuelto. No sé si se lo habrán creído, pero por lo menos nunca dijeron nada. Y de Juan Carlos no se habló más en casa. Viste como son los chicos que se olvidan rápido de las cosas. Lo único, sí, es que no pudimos sacar la mancha de la alfombra. Y mirá que la cepillamos, eh?

Matsuo

Deliración 39: Los N1... los N4.-

Y te acompañé tantas veces a tomar esos colectivos que tardaban tanto y no llegaban nunca y esperábamos y las esperas se hacían eternas y maravillosas porque estábamos juntos porque estábamos solos y hacía frió y hacía calor y lloviznaba y soplaba el viento y nos mirábamos y nos reíamos empapados o transpirados o tiritando o con los ojos apenas abiertos para que no se nos meta toda esa tierra arremolinada y esperábamos y te acompañaba y deseaba que no lleguen nunca o que decidas quedarte pero siempre llegaban y te subías y te ibas y no me mirabas desde las ventanillas y yo me quedaba solo entre tanta gente en esas paradas desastrosas que no guarecían a nadie de la lluvia ni del viento ni del frió ni del calor ni tampoco impedían que te subas y te vayas y me dejes.

Matsuo

Deliración 38: Que trata de un viaje que hice.-

Y trepé montes, montañas y sierras y crucé desiertos, pueblos y ciudades y aldeas y paradores, y nadé ríos, mares y océano, e hice dedo y tomé colectivos y taxis y me colgué de trenes y me colé en barcos y aviones y caminé y troté y gateé como un desgraciado pero al final llegué y golpeé a tu puerta o toqué timbre, no me acuerdo, y me atendiste y me dijiste hola y me besaste en la mejilla y no me abrazaste ni me sacudiste ni me zamarreaste ni gritaste como una loca y entonces comprendí que sólo yo había hecho el viaje y que vos apenas te moviste y que tenías razón... para qué molestarse.

Deliración 37: Lope.-

La vanidad y el orgullo de Lope perseguían una mortalidad majestuosa, un destino sublime y señero, mas su cobardía lo ataba a una eternidad sin mayor aventura ni arrojo que el de permanecer sin perpetuarse sentado sobre la arena de aquella playa cobriza y bañada por una violenta marea sanguinolenta que trataba de evitar que aquellos fieros caballeros se arrojaran mar adentro persiguiendo quién sabe qué empresa, sumergiéndose quién sabe por qué causa, muriendo quién sabe por qué ideal. Lope, por su parte, moriría años más tarde, talvez, de gripe, en su cama transpirada y demasiado grande, rodeado por siervos e hijos que ya no reconocería.

Matsuo

Deliración 36: Y sí...

Había notado su mirada en dos ocasiones, así que se armó de coraje, cruzó la calle y avanzó hacia ella. Era rubia, de ojos claros y con un cuerpo bien formado y respetablemente turgente. Se acercó con un chiste fácil que no fue muy bien recibido, pero la arregló con un remate inesperado digno de él. Ella se rió y comenzaron a caminar juntos. En la vereda de enfrente, la mujer con quien soñaría durante el resto de su vida estaba agachada atándose los cordones, bloqueando la vereda, pero nadie nunca tropezó con ella.

Matsuo

Deliración 35: Una lluvia de ruleros.-

Mediocre y ensimismado levantó la vista para ver quién le gritaba. Era una vieja del quinto piso que agitaba los brazos y desparramaba ruleros por el aire. El ruido de los autos y los colectivos le impidió escuchar qué era lo que decía. Miró a los costados y descubrió que nadie más le daba pelota, así que siguió caminando. Jamás se enteró de lo que pasó en aquel departamento. Sin embargo fue noticia nacional. Un crimen terrible. Pero él no miraba los noticieros, no leía los diarios ni escuchaba la radio. Vivía ensimismado y mediocre, evitando los colectivos y el trabajo, quejándose de vez en cuando, rascándose casi siempre, comprando un tarro de dulce de leche todas las semanas.

Matsuo

Deliración 34: EL CHANCHO.-

Folletín de terror, fantasía, ciencia ficción o de lo que salga…

4.-
Una cosa que nunca dejaba de sorprender al croto era lo bien puesto que estaba el ventilador de techo pues que no sólo soportaba el peso de la vieja sino que también seguía andando. Estaba medio ladeado, eso sí, y cada tanto, como la vieja se mantenía en un movimiento de péndulo constante, alguna que otra paleta golpeaba el techo y hacía saltar pedacitos de revoque y plástico.
_ Es un verdadero milagro_ dijo la puta, hermana melliza o gemela de la que estaba colgada_ ya va a hacer casi un año y la Ester sigue ahí todavía sin largar olor siquiera.
El croto era una de esas personas a quienes ni el bando ni los perfumes las afectan en absoluto. Sin embargo, le dedicó una olida al ambiente.
_ Sí_ respondió el croto.
Efectivamente, la vieja no tenía olor alguno sino perfume de jazmín. Sin embargo, aquel cuartito roñoso y de techo alto de prostíbulo colonial apestaba a flores podridas, humo de velas, raid, naftalina, humedad, y, por supuesto, al croto y a su transpiración fuerte y agria.
Había unas mujeres arrodilladas sobre unos granos de maíz y arroz. Le rezaban a la vieja. Lloraban y murmuraban cosas que el croto no llegaba a entender. Cada tanto le clavaban clavos en los pies. El perro se acercó a olerlas.
El croto conocía las facultades milagrosas de la vieja que la volvieron loca en vida y no la dejaban descansar en paz una vez muerta. La gente seguía pidiéndole cosas, exigiéndole cure gente, demandándole dañe otra. Incluso él mismo había requerido de sus servicios alguna que otra vez y los necesitaba ahora.
Se volvió hacia la puta.
_ El acróbata_ murmuró.
Entender al croto y a su dialéctica telegráfica era todo un arte y la puta lo dominaba. Al arte, me refiero. Al croto era imposible. Talvez por eso la puta lo deseaba tanto.
_ Hace tiempo que no lo veo._ dijo la puta mientras tiraba de unas tiritas de seda roja. El croto supuso que le estaría curando el empacho a alguno y enseguida le dio hambre_ Se lo llevaron preso hará cosa de tres meses. Destrozó un almacén porque no le quisieron regalar chupetines. Ya sabés lo infantil que puede llegar a ser esa bestia bruta. No sé qué habrá sido de él. Si lo soltaron debe de andar por la zona del río… por ahí debajo de algún puente, pero no creo… ya se habría pegado una vuelta por acá. Pero también era de perderse. No sé, la verdad.
El croto miró a la puta a los ojos y después le señaló a la vieja.
_ Sí…_ dijo la puta. Se guardó las tiritas en un bolsillo y abrió el cajón de una cómoda espantosa que estaba contra la pared cubierta de flores blancas, rosarios, estampitas y velas. Sacó una tasa de porcelana_ un capuchino.
El croto agarró la tasa con la mano izquierda, espantó a las lloronas a las patadas como si fuesen un par de batarazas quejonas y le dio un puñetazo a la vieja en el estómago. La vieja se dobló en dos y salió expulsada hacia atrás y hacia arriba. El ventilador se quejó y una paleta se quebró contra el techo. La vieja volvió con envión, pero el croto pudo atrajarla. Entonces comenzó a chorrear.
E croto le puso la tasa entre las piernas y la llenó hasta la mitad. Se la bebió de un trago y se la devolvió a la puta.
_ Qué dice?
La puta leyó la tasa y se volvió hacia el croto. Estaba horrorizada.
En el piso, la lloronas se afanaban por lamer las gotas de sangre que caían negras y pesadas. Estaban agradecidas.


Matsuo

Cafrunístico 4: Tacto.-

Originalmente publicado en la revista 5entidos nº: 4.-
Orson Cafrune creado por Matías Brasca y Mario Pozzo.-

_ Ehhh, señor...
_ ¿Si?
_ Le agradecería que no me tocase más.
_ Ay, y yo le agradecería todo lo contrario. Tóqueme, acarícieme, pellízqueme. ¡Chirlos, quiero chirlos!
_ Malvisto, si no va a cumplir las demandas del señor, le sugiero ceda su lugar a otro que esté más dispuesto. No sea angurriento, comparta.
_ Cafrune, ¿Dónde me trajo? Esto esta lleno de degenerados.
_ Este maravilloso despelote no es otra cosa sino la mitológica Pornópolis, Olimpo del Triple X, género que los griegos sabiamente habrían llamado Ji Ji Ji, según su alfabeto, trazando entonces un paralelo entre la risa y el porno como alimentos para el alma, cosa que resultaría bastante obvia si usted levantase la vista y mirara la pantalla.
_ Cafrune, estoy demasiado ocupado vigilando que nadie se me acerque como para poder mirar la pantalla.
_ Ah, el triple X… qué ecuación gloriosa. Fíjese como el porno basa su narrativa en la aplicación de leyes matemáticas; aquí la distributiva, allí la conmutativa. Mire Malvisto, ahora se están echando un teorema de Tales más o menos. ¡Qué espectáculo!
_ Cafrune, ¡esto es un asco!
_ ¿Un asco? ¡¿Un asco?! Mire esa pelirroja Malvisto, y dígame si es un asco. Qué elongación. Qué manejo de la masa muscular… de la propia y de la ajena… mire Malvisto, qué gracia… qué elegancia…
_ Dios mío…
_ Muy bien, Malvisto, ya se está aprendiendo los diálogos.
_ Cafrune, ¿para qué me trajo acá?
_ Malvisto uno no necesita excusa alguna para ver una buena porno con sus amigos. En ese sentido el porno aúna, ¿sabia usted? Compartiendo este tipo de cosas ya no queda lugar para la vergüenza, los tabúes, las represiones y la hipocresía. Uno entra mas en confianza y la amistad se fortalece. Y todo gracias al triple X y los comentarios que este suscita. Con el eso lo hice, aquello no, uno no sólo trata de mandarse la parte, sino que también se confiesa de manera encubierta. Fíjese que todo comentario de este tipo conlleva un pero, y el pero como nexo adversativo, al estar narrando una fantasía hecha realidad, implica una desilusión. Ahora, ¿toda realización de un sueño o de una fantasía implica una desilusión? Bueno, no importa, pero cuánta confianza requiere una confesión de este estilo, ¿eh? He aquí también el por qué del avance del psicoanálisis frente a la iglesia en este campo. Como toda macana tiene su origen en el sexo, resulta más divertido descubrir esa causa que arrepentirse. ¿Es entonces el porno reflejo de esa búsqueda de nuestros orígenes? ¿La razón del porno es tratar de plasmar la cruzada de aquel hombre que busca regresar por cualquier medio al vientre materno? ¿O de aquella mujer que le rinde pleitesía y sumisión al falo que la engendro y que jamás tuvo? O bueno, viceversa, usted sabe como es eso de la negación de los complejos, ¿no? Pero, ¿qué es el porno al fin y al cabo? ¿El medio de satisfacción de una fantasía vouyerista? ¿La representación audiovisual de una fantasía táctil? ¿Qué? ¿Y cuál es el sentido de sus tramas? Fíjese que el universo planteado es políticamente perfecto, si se quiere. Cualquier contingencia se resuelve mediante el dialogo y la acción. Con un a ver, ponete así, ahí ¿te gusta? se resuelve todo. Teoría y praxis orientadas hacia un mismo fin. ¿El porno es utopía?
_ Mire Cafrune, si le estaría prestando atención a usted y no a toda esta gentío con guantes de látex en penumbras le podría decir si lo que me está diciendo resulta interesante o si es una estupidez. Ahora, le dio vueltas y le dio vueltas al asunto para poder encontrarle siquiera una relación con el tacto, ¿eh?, pero no me joda, usted lo que quería era venir acá.
_ El porno es el más táctil de todos los cines, ¿de qué quiere que hablemos si no?
_ Y ¿qué se yo? De películas que provoquen escalofríos… del cine de terror, por ejemplo.
_ ¿Quiere saber qué es lo que me produce escalofríos a mí? Confundir al cine con el teatro. Ah…. es incurrir en un error terrible, fatal diría yo. Es lo que sentencio a muerte a nuestro cine nacional. ¿Por qué nadie mira películas argentinas? Pues porque el cine nacional tiene fama de ser más teatral que cinematográfico. Y lo peor de todo es que no se trata de un preconcepto del todo erróneo. En nuestra producción encontramos obras maravillosas, excelentes directores e impresionantes actores. Sin embargo seis de cada diez películas presentan un cuadro de teatralidad crónica. Y teniendo en cuenta que se estrenan, ¿qué sé yo?, 15 películas argentinas por año, debemos admitir que las estadísticas juegan en contra.
_ Sí, puede ser. Pero…
_ Para mí, al cine nacional le faltan silbidos y le sobran voces en off... ojo, no me malinterprete, no es que no me gusten las voces en off, me fascinan, pero se me pone la piel de gallina cada vez que escucho las voces en off en las películas argentinas... no me refiero al off resultante del fuera de campo de una conversación o cosas por el estilo, no, no... el off narrativo... es desastroso... No escucho a un tipo contándome una historia o describiéndome qué es lo que siente o qué es lo que piensa. No. Yo escucho un tipo leyéndome esas cosas. Y no sólo leyendo, sino que declamando. Pero claro, ¿qué culpa tiene el pobre actor? Le dan un guión para que lo aprenda, lo encierran en un cuartito con un micrófono y le dicen: “¡meta!”. Obviamente va a apelar a sus habilidades histriónicas. A ver si me entiende. Yo si voy al cine es para que me cuenten una historia. Para que me reciten algo lo tengo a Gagliardo. Al fin y al cabo somos argentinos y hay que valerse de recursos que nos son propios. Yo, director, te siento al actor en el estudio de grabación, busco a algún amigo en común, y entre mates y demás giladas, le pido que me cuente la historia una y otra vez. Al cine nacional le falta entrar en confianza con el espectador, pues que sin confianza no hay catarsis. Afortunadamente, ahora vemos directores que prefieren valerse actores que no son actores y de actores que buscan dejar de ser actores… algo así como un neorrealismo trivial argentino…
_ ¿Por qué no nos juntamos a charlar este tema en un bar, eh? Dígame la verdad, ¿no le da cosita estar acá con toda esta gente?
_ ¿Cosita? Malvisto, le voy a explicar algo y preste atención. En un cine porno, la utilización de diminutivos es una invitación al enzoquete. Esto es tierra de nadie, Malvisto... por favor no me tiente a las fieras.
_ Ay, pero si el que nos tienta acá es usted, mi gran oso erósofo frondoso… pellízqueme…
_ ¡Va de retro, Satán!
_ Ay, yo también se latín: ego te absorbo.
_ ¡A ver si hacemos un poquito de silencio, che!
_ ¡Bueno, empezá por callarte vos, salame! ¿Qué me venís a prepotear a mi?
_ ¡Uff!
_ Cafrune, clámese por favor...
_ ¡Me calmo si quiero, y vos abriboca, devolveme el botín, o te tiro el otro!
_ ¡Ay, a mí, a mí! Un chirlito aunque sea.
_ ¡Tomá!
_ Ay, sí...
_ ¡Sometan a los turros!
_ ¡Rajemos Cafrune!
_ Se armó, Malvisto. Apelemos a los toronjazos. ¡Fuego a discreción!
_ Estamos rodeados, perdidos... son demasiados, Cafrune… no importa donde vayamos, se arrastran por el piso y salen de debajo de las butacas... son como muertos vivos...
_ Sí, pero esta vez quieren enterrarnos a nosotros. Malvisto, bien dije que el porno aúna, sí, pero si se abusa de la confianza que uno brinda, el porno aúna venéreamente sin que exista siquiera previo consentimiento alguno.
_ ¡No consiento, no consiento!
_ ¡A mi la legión!
_ Malvisto mire… chirlitos, en un acto de arrojo y bizarría, se sacrificó por nosotros. Qué increíble, ¿no? No deja de sorprenderme la puntualidad del destino.
_ En mi vida vi espectáculo más desagradable…
_ Despreocúpese Malvisto, una jauría de pornoadictos en celo tiende a ser precoz. Sin embargo, estoy realmente emocionado. Este Cabral posmoderno merece pasar a la historia con alguito de gloria aunque sea… démosle sus 15 minutos de fama… incendiemos el lugar y llamemos a la tele…
_ ¿Qué hace, Cafrune?
_ Disimule, ¿quiere?
_ Esta loco. Apague eso…
_ Calma Malvisto, calma. No es la primera pira que la mitológica Pornópolis sufre, ni será la última.
_ Rajemos Cafrune…
_ Lo sigo Malvisto, lo sigo…
_ Realmente no lo entiendo Cafrune. ¿Qué busca con todo esto, eh? ¿Por qué hace las cosas que hace?
_ ¿Acaso importa? Simplemente existo, Malvisto. ¿Y qué existencia no acarrea consecuencias? Así que si vamos a existir, consecuemos a lo grande.¿No le parece? Parafraseando a Nervo, a lo menos exageremos...
_ ...quizás no sea en vano.
_ ¡Agarrámela con la mano!
_ Cafrune, realmente usted no deja de sorprenderme... le faltó un parrap tap tshhhh, o un sara sasasa... su remate fue malísimo...
_ mmm… sí... touché…

Deliración 33: Apocalíptico.-

Demacrado, de aspecto apocalíptico y con ese olor a gripe terrible entró al supermercado y dio lástima, tanta que lo echaron a patadas. Débil como estaba no podía resistirse. Ni siquiera estornudar. Sólo chorreaba. Se apoyó contra una pared y se dejó caer. Se fue en flema. Encontraron sus ropas húmedas y acartonadas al otro día. Tiraron todo a la basura. A la semana comenzó a crecer una mancha de humedad en la pared del fondo del supermercado que avanzó por piso, techo y góndolas llenándolo todo de hongos y de un olor espantoso. Probaron de todo, pero ni el lamiplast, ni el nylon, ni todos los albañiles, ni todos los arquitectos juntos pudieron detenerla. La mancha seguía creciendo. Llegó hasta una de las cajas, trepó pudriendo el fibrofácil, oxidando los caños del mostrador, arrugó los papeles, hinchó los cartones, sulfató las pilas y se ensañó sobre las aspirinas.

Matsuo